Meade y Anaya, los grandes perdedores del Tercer Debate Presidencial

Foto: AP

Se realizó el tercer debate presidencial en el Gran Museo del Mundo Maya, en Mérida, Yucatán. El tema general fue Economía y Desarrollo. El formato y las reglas cambiaron, las preguntas, dirigidas a Andrés Manuel López Obrador, Ricardo Anaya, José Antonio Meade y Jaime Rodríguez Calderón, fueron solicitadas por el INE a los ciudadanos a través de las redes sociales.

Por este medio se captaron 11 mil 388 preguntas, de ellas seleccionaron 12, referidas a los subtemas Crecimiento económico, Pobreza y desigualdad, Educación, Ciencia y Tecnología, Salud, Desarrollo Sustentable y cambio Climático, mismas que presentaron los periodistas que moderaron Carlos Puig,
Gabriela Warkentin y Leonardo Curzio.

El debate estuvo precedido por la radicalización del discurso de los candidatos y las estrategias de propaganda negra, gestadas desde algún “cuarto de guerra” desesperado, como fue la filtración de un video contra Anaya en redes sociales; llamadas telefónicas disuasivas contra López Obrador y filtraciones contra la campaña de Meade en medios impresos.

El tercer y último debate fue opcional y por ello se especuló que no asistiría López Obrador, pero no estuvo dispuesto a dejar vacío su lugar, como hace doce años.

MEMES del Tercer Debate, el rubro en el que todos los candidatos perdieron por igual 

Asistió y recibió los ataques de sus adversarios, que no parecen afectarlo. En días recientes había dicho que su presencia sería para iniciar la “operación cicatriz”, llamar a la tranquilidad a sus adversarios, ofrecerles su mano y decirles que, cuando sea presidente, no habrá resentimientos. Y lo que había anunciado lo llevó a cabo en el debate. Actúa como si fuera el ganador. Ideas sobre el desarrollo del país, nada que no pase por insistir en que la corrupción es el problema central del
país y que todo se resolverá al terminar con la “Mafia del Poder”.

El debate en Mérida fue la oportunidad para cambiar las posiciones en las preferencias electorales, esta disputa es entre Ricardo Anaya y José Antonio Meade que luchan, uno por mantenerse en el segundo lugar y el otro por desplazarlo, ambos buscan alcanzar y rebasar al primer lugar que, según las encuestas, mantiene López Obrador.

Economía y educación son los temas que más preocupan y sobre los que más preguntaron los ciudadanos, pero las respuestas a estos cuestionamientos fueron insuficientes, lo que significa que los candidatos le fallaron a los ciudadanos y en las urnas pagaran las consecuencias. Dejaron ir la oportunidad para presentar a los votantes definiciones novedosas y propuestas atractivas, para profundizar los contenidos de su discurso conocido, pero superficial.

Debido a los cargos que ha ocupado en la administración pública federal, José Antonio Meade es quien más sabe de los temas, por ello fue su oportunidad para demostrar que “es el mejor”, “el mero mero”, “el más chingón”, pero no superó la prueba.

Sus respuestas fueron generales y continuó con los ataques a los otros candidatos. En esta ocasión Meade no hizo la diferencia. Se esperaba que como experto expusiera con mayor profundidad sus ideas sobre el desarrollo nacional, ofreciera datos y propusiera soluciones. Dejó escapar la oportunidad de hacer un debate diferente, queda una pregunta ¿Porqué no lo hizo desde el principio de su campaña? La obsesión de sus asesores lo estancó en el tercer lugar. Insistir en lo mismo no le será útil para alcanzar y rebasar a AMLO.  Da la impresión de que la temática del tercer debate hubiera estado dedicada para su lucimiento. Lástima.

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Si Ricardo Anaya quiere alcanzar a López Obrador convenciendo a los indecisos, fracasó al concentrar parte importante de su tiempo de debate en atacar a sus adversarios, a Meade y a Peña Nieto los amenazó en dos ocasiones con meterlos a la cárcel, si llega a la presidencia; a López Obrador lo acusó de mentiroso y sus respuestas sobre los temas del debate fueron referidas al discurso que ha mantenido durante su campaña por lo que argumentó poco sobre los retos que presenta el desarrollo nacional. En definitiva, el segundo lugar no gana el poder.

El debate en Mérida fue la oportunidad para ofrecer información detallada sobre la idea de los candidatos acerca del desarrollo nacional y el crecimiento económico y así ganar el voto de los indecisos que buscan respuestas sustantivas y no planteamientos superficiales para ejercer su derecho a elegir a partir de información veraz. La mayoría de las encuestas registran un 25 por ciento de indecisos y casi 40 por ciento de “no respuesta”, ese es el estrato que desean conquistar los candidatos, particularmente Ricardo Anaya y José Antonio Meade.

De ninguna manera se puede pensar que el tercer debate fue concluyente. Faltan 15 días para que termine la disputa por el poder y no todo está escrito, existe una masa importante de votantes de los que no se sabe nada, que se definirán el día de las elecciones, configuran el “voto oculto” por lo que ninguno de los candidatos tiene seguro el triunfo. Difícilmente el tercer debate será factor para que cambien las preferencias que registran las encuestas. Debemos esperar. Los votos en las urnas mandan.

Faltan 15 días de campaña y 18 para que se realice la elección, lo que indica que, si no se mueven las preferencias electorales, por efecto de este evento, en las urnas se refrendaran los resultados conocidos de las encuestas.

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