Opinión: Maxine Waters tiene razón: Incrementemos la banca corresponsal y con ello la inclusión financiera

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La congresista estadounidense Maxine Waters habla con los asistentes a la Convención Estatal del Partido Demócrata de California de 2019 en el Centro de Convenciones George R. Moscone en San Francisco, California. (Gage Skidmore)
La congresista estadounidense Maxine Waters habla con los asistentes a la Convención Estatal del Partido Demócrata de California de 2019 en el Centro de Convenciones George R. Moscone en San Francisco, California. (Gage Skidmore)

El 26 de mayo, la representante Maxine Waters (D-CA), presidenta del Comité de Servicios Financieros de la Casa de Representantes, le mandó una carta pública al presidente de Estados Unidos, Joe Biden, en la que le insta a aprovechar las conversaciones en la Cumbre de las Américas para agregar una prioridad importante: la de acceso financiero e inclusión, en particular para promover soluciones al fenómeno de reducción de riesgo de la banca (de-risking).

A la mayoría de los estadounidenses se les puede disculpar que no sepan el significado de “de-risking” puesto que transcurre en un rincón oscuro y poco discutido de la banca internacional y el sistema financiero. Y en realidad hasta puede sonar positivo: ¿quién quiere que su banco se llene de riesgo?

Parte integrante del tema de de-risking es lo que se conoce como “banca corresponsal,” que le permite a un banco en un país que recibe moneda extranjera intercambiarla por moneda local a través de un banco socio en otro país (por lo general el país con el que se está intercambiando el dinero).

Esta relación de correspondencia entre bancos de diferentes países no es automática ni está integrada al sistema financiero; se debe construir, y esto solo se puede hacer si ambos bancos consideran que el riesgo vale la pena. Después de todo, si tú manejas un banco ¿cuál es la probabilidad de que permitas el ingreso de una cantidad enorme de moneda extranjera sin saber nada de su origen? Aquí entra la noción del “de-risking.”

Con el propósito de apoyar la actividad comercial legítima de los bancos extranjeros y sus bancos corresponsales en EE.UU., hace 20 años, a raíz del 9/11, los reguladores estadounidenses impusieron estándares rigurosos en el mercado de la banca corresponsal para asegurar que las transferencias a través de fronteras fueran seguras, efectivas y que no tuvieran conexión al lavado de dinero, financiamiento del terrorismo o ninguna otra empresa criminal.

Lo bueno es que esas regulaciones funcionaron muy bien. El problema actual es que esas regulaciones no han cambiado desde su implementación. Por ejemplo, no toman en cuenta las mejoras, cambios y actualizaciones en la banca extranjera y en sus regulaciones, que al menos en México, están a la par de las que hay en Estados Unidos. Esta situación ha dado origen a un desequilibrio entre la intensa regulación y el riesgo actual que esas normas pretenden mitigar.

En la relación EE.UU.-México, el desequilibrio está resultando insoportable. Solo en los últimos seis años se ha reducido en un 90 por ciento la participación de instituciones financieras de Estados Unidos en la banca corresponsal con México.

Esta consolidación ha tenido un impacto económico devastador. En el caso de México, por ejemplo, individuos a ambos lados de la frontera están sufriendo un gran daño económico, desde aquellos que mandan remesas, aquellos que trabajan en complejos turísticos favorecidos por los estadounidenses, e incluso hasta quienes cruzan la frontera por sus empleos. La falta de bancos participantes resulta en reducidas opciones para los consumidores. La falta de opciones da por resultado costos mayores y acceso limitado al mercado. A largo plazo daña la capacidad de las personas a ambos lados de la frontera de mejorar su situación económica.

Por eso la carta de la representante Waters plantea una cuestión oportuna e importante en vísperas de la Cumbre de las Américas aquí en Los Ángeles y tras su reciente viaje del 20 de abril a Barbados para copatrocinar una mesa redonda sobre el acceso financiero en el Caribe: el de-risking agresivo, y la enorme reducción de los servicios de corresponsalía bancaria que ha provocado, perjudica en última instancia a los que menos pueden soportar la carga económica.

Pero no solamente le creas a ella. Un reciente informe económico preparado por el Dr. Robert J. Shapiro, quien fue subsecretario de Comercio y asesor de los presidentes Bill Clinton y Barack Obama, reveló los efectos negativos a largo plazo del de-risking en el PIB, la inversión extranjera directa y el empleo. Aunque su informe solo analiza la relación de corresponsalía bancaria entre Estados Unidos y México, las innovadoras conclusiones del documento son muy oportunas y deberían ser tomadas en serio por los reguladores estadounidenses como advertencia para otros mercados.

No nos sorprende que, en la carta al presidente, la representante Waters conecta el de-risking a una escasez de igualdad financiera e inclusión y también “dificulta enormemente el comercio y la adquisición de servicios financieros”. Igual piensa el doctor Shapiro.

En conclusión, este tema demanda una colaboración bipartidista, aunque nada se esté logrando en la actualidad en Washington. Como funcionara en la administración de George W. Bush me complace encontrar puntos de acuerdo con la representante Waters y con un economista de la administración de Obama cuyos comentarios son retuiteados con frecuencia por la Casa Blanca de Biden. Sin embargo, el tema de la banca corresponsal demanda un enfoque oportuno, importante y necesario para los reguladores de EE.UU.

El Departamento del Tesoro de la administración Biden necesita informar a los bancos de Estados Unidos que se les permite tener relaciones de banca corresponsal. Sin esta relación, la inclusión financiera y la equidad y movilidad financiera quedarán fuera del alcance de muchos, mientras el costo de la situación actual se les impone a aquellos que menos lo pueden soportar.

*La autora de este artículo prestó sus servicios como tesorera en la administración de George W. Bush, del 2001 al 2003.

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