Las mariposas de algodoncillo son más mortales de lo que parecen

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Una fotografía sin fecha de Cheong-Weei Gan muestra a una mariposa Parantica cleona rascando la oruga de una mariposa Idea blanchardii o fantasma de Blanchard. (Cheong-Weei Gan vía The New York Times).
Una fotografía sin fecha de Cheong-Weei Gan muestra a una mariposa Parantica cleona rascando la oruga de una mariposa Idea blanchardii o fantasma de Blanchard. (Cheong-Weei Gan vía The New York Times).

Las mariposas parecen amables cuando revolotean de una planta a otra, pero algunas pueden ser más mortales de lo que te imaginas. En fechas recientes, los naturalistas han observado cómo varias especies de mariposas de algodoncillo acosan, someten y luego se comen a orugas de algodoncillo, posiblemente para saciarse de los alcaloides tóxicos que tienen las larvas.

Este comportamiento se describe en un artículo publicado el miércoles en la revista Ecology. Los autores afirman que no tienen constancia de que se haya documentado un comportamiento similar en otras mariposas o en cualquier otro insecto que esté relacionado de manera tan cercana. Aunque ya se habían observado mariposas alimentándose de saltamontes que tienen alcaloides tóxicos, nadie había documentado que las mariposas adultas les robaran esos compuestos a sus propias congéneres.

Los científicos no tenían una palabra para describir este comportamiento tóxico, así que los autores del estudio inventaron una: cleptofarmacofagia.

El descubrimiento se produjo en diciembre de 2019 cuando dos amigos viajaron a la Reserva Natural de Tangkoko Batuangus, en el norte de la isla de Célebes, en Indonesia. Yi-Kai Tea, estudiante de posgrado especializado en la ictiología en la Universidad de Sídney y el Instituto de Investigación del Museo Australiano, y Jonathan Wei Soong, naturalista de Singapur, comparten su pasión por la macrofotografía y las mariposas, y habían decidido pasar sus vacaciones fotografiando la impresionante variedad de insectos que revolotean en la reserva.

Muchas de las mariposas que esperaban ver eran mariposas de algodoncillo. Hay unas 300 especies en el grupo, incluida la emblemática monarca, y todas ellas son tóxicas para los posibles depredadores. Obtienen la mayor parte de su toxicidad al alimentarse de plantas ricas en alcaloides y presentan una variedad de colores llamativos y brillantes que sirven de advertencia para los posibles depredadores.

El primer día de su viaje, los dos hombres visitaron una zona boscosa junto a la playa y se toparon con una abundancia de mariposas. Cientos de mariposas de algodoncillo de varias especies se arremolinaban en torno a una parcela de vegetación cerca del suelo forestal, un espectáculo poco frecuente incluso en esta reserva exuberante.

Encantados, Tea y Soong pasaron horas fotografiando a los insectos. No fue sino hasta el final del día, cuando veían sus fotos, que los dos hombres se dieron cuenta de que habían documentado un comportamiento extraño y siniestro.

Fotografías sin fecha proporcionadas por Tea et. al muestran a mariposas de algodoncillo bebiendo los jugos de orugas muertas y vivas. (Tea et. al vía The New York Times).
Fotografías sin fecha proporcionadas por Tea et. al muestran a mariposas de algodoncillo bebiendo los jugos de orugas muertas y vivas. (Tea et. al vía The New York Times).

Después de hacer la observación inicial, Tea y Soong pasaron los dos días siguientes en el sitio haciendo todo lo posible por documentar con más detalle la horripilante alimentación.

“Nos pareció bastante genial”, señaló Soong, y añadió que las mariposas de algodoncillo le parecen “un poco rudas”.

Soong y Tea pasaron horas observando cómo siete especies diferentes de mariposas de algodoncillo (entre ellas la mariposa fantasma de Blanchard y la mariposa tigre Danaus ismare) arañaban a las orugas, tanto vivas como muertas, con las poderosas garras de sus patas y con tanta violencia que rezumaban los jugos internos de las orugas. Ambos investigadores dijeron que el comportamiento no puede describirse como depredador porque muchas orugas sobreviven a los encuentros.

También observaron que las mariposas hacen lo mismo con las hojas de plantas que se sabe contienen alcaloides tóxicos. Cuando son orugas, las mariposas de algodoncillo comen hojas cargadas de alcaloides de pirrolizidina para tener un sabor desagradable si sus depredadores las muerden.

Tener un suministro constante de alcaloides de pirrolizidina también es importante para las mariposas de algodoncillo macho. Estos alcaloides son un ingrediente de las feromonas de apareamiento y también de los obsequios nupciales, que son globos de esperma y nutrientes que los machos adhieren al abdomen de sus compañeras durante el sexo. De las decenas de mariposas que Tea y Soong vieron arañando hojas y orugas, solo una era hembra. Este desequilibrio apoya la hipótesis de los investigadores de que las mariposas del algodoncillo atacaban a las orugas para extraer los alcaloides tóxicos dentro del cuerpo de las presas; sin embargo, es necesario hacer investigaciones adicionales para confirmarlo.

“Uno de los experimentos de seguimiento más deseables sería ver si los compuestos se transfieren de verdad”, afirmó David Lohman, coautor del estudio, entomólogo y profesor adjunto del City College de Nueva York.

Tea cree que esta violencia entre mariposas y orugas no es inusual. “Las mariposas tienen todo un repertorio de comportamientos realmente asquerosos y desagradables”, comentó Tea. Aseveró que un ejemplo es la violación de pupas, un fenómeno en el que las mariposas macho entran por la fuerza en las crisálidas de las mariposas hembra que no han terminado su metamorfosis y las obligan a aparearse.

Clint Penick, profesor adjunto de la Universidad Estatal de Kennesaw, en Georgia, quien estudia la vida social de los insectos y no participó en el estudio, estuvo de acuerdo.

“Cuanto más nos acercamos, encontramos más insectos que pelean entre sí y beben la sangre del rival”, dijo Penick. “Esa es una de las cosas divertidas del estudio de los insectos: puedes salir por la puerta de tu casa y ser testigo de interacciones biológicas bastante alocadas, solo que a una escala pequeña”.

Soong y Tea están deseosos de que sus compañeros lepidopterofílicos estén atentos a más ejemplos de cleptofarmacofagia entre mariposas y compartan fotografías del comportamiento escribiendo a Hungrymilkweed@gmail.com.

© 2021 The New York Times Company

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