Mario Fendrich: el empleado bancario que robó millones y se llevó su secreto a la tumba

No se sabe cómo y cuándo Mario César Fendrich ideó el plan del robo que cambiaría su vida para siempre. Tampoco si en algún momento pensó en dar marcha atrás. No hay testimonios sobre esos días -o meses- previos al golpe. Lo que está claro la mañana del viernes 23 de septiembre de 1994 ya tenía decidido ir hasta el final.

"Después del banco me voy a pescar con los muchachos", le dijo a su esposa el subtesorero de la sucursal del Banco Nación en la capital de Santa Fe. En realidad, tenía programado otro viaje: escapar con 3 millones de pesos convertibles y u$s187.000 robados del tesoro de su trabajo.

Sin armas ni violencia física, Fendrich llegó al Libro Guinness como el autor del robo individual más grande de la historia. Su foto copó la tapa de los diarios. Ese hombre común, empleado de una gris oficina pública de la capital santafesina, sorprendía por su inesperada audacia.

Más de tres meses después, cuando ya no quedaban teorías por elucubrar sobre su paradero, Fendrich se entregó. Se presentó ante la Policía el 9 de enero de 1995, mientras más de 60.000 santafesinos despedían al boxeador Carlos Monzón, fallecido en un accidente automovilístico.

No logró pasar desapercibido: llamó la atención su envidiable tostado, el pelo anaranjado y una camisa estampada que contrastaba con su formalismo habitual. El ex subtesorero dio distintas versiones: primero dijo que había actuado bajo amenaza y luego que fue parte de un plan ideado por un grupo de personas que lo convencieron de delinquir. La Justicia no le creyó y lo condenó a ocho años de cárcel.

La plata nunca apareció. El destino del botín pasó a formar parte de la fábula que acompañó el resto de su vida: algunos dijeron que lo había enterrado, otros que lo usó para comprar campos en Paraguay. "Yo vivo de mi jubilación", aseguró en una de sus últimas entrevistas. Murió en 2018, a los 77 años, tras sufrir un ACV en Cuba, donde vacacionaba con un amigo. Nunca reveló qué hizo con la plata.

En noviembre de 1996, Fendrich fue condenado a 8 años, 2 meses y 15 días de prisión

El día del robo: "Gallego, me llevé 3 millones de pesos del tesoro"

A Juan Sagardía, tesorero de la sucursal santafesina del Banco Nación, le llamó la atención la impuntualidad de su compañero. Era lunes 26 de septiembre de 1994 y el horario indicaba que Fendrich ya debía estar en su puesto de trabajo.

El tesorero se reincorporaba tras una semana de licencia. Había pedido los días para asistir a un encuentro organizado por la Asociación de Personal Jerárquico de la entidad. Sagardía esperó un rato y, en épocas donde no existían los celulares, hizo lo lógico: llamar a la casa. Del otro lado del teléfono escuchó la angustia de la esposa de su compañero. La mujer le contó que Fendrich había desaparecido. El viernes anterior le había dicho que tras su jornada laboral se iba a pescar. Eso era lo último que sabía de él.

La preocupación se replicó en la sucursal de San Martín y Tucumán, donde no podían abrir la puerta de la bóveda. Sagardía pensó que su compañero había cometido un error al programar la apertura y que lo solucionarían cuando llegara.

Las dudas sobre su paradero dispararon un interrogante que recién se despejó al día siguiente, cuando finalmente pudieron ingresar al tesoro. "Se abrió con la presencia de la Policía Federal, porque para ese momento ya habíamos denunciado la situación ante las autoridades", explica Sagardía a iProfesional

Los empleados descubrieron que el subtesorero había desconectado la alarma y programado el reloj de la bóveda para que se mantuviera cerrada hasta ese martes. Una notita confirmaba las sospechas: "Gallego, me llevé tres millones de pesos del tesoro y 187 mil dólares de la caja", decía el mensaje. El "Gallego" era Sagardía. La pluma, de Fendrich.

Después de escribirla, el subtesorero puso la plata en una caja de madera, cerró la bóveda, cargó el botín en su Fiat rojo y se retiró como si fuera un viernes cualquiera. No se llevó todo: en la bóveda quedaron al menos otros u$s2 millones.

Frendich era subtesorero de la sucursal del Banco Nación en la capital de Santa Fe

Robo, fuga, misterio y condena

Para cuando se supo lo que había pasado, el subtesorero ya estaba lejos. O no tanto: la principal sospecha es que se refugió en Funes, una localidad de los alrededores de Rosario. Su cara estaba en todos los diarios y no tenía mucho margen para moverse. Se entregó 109 días después, por consejo de sus abogados. "Le estaba resultando muy gravoso vivir como prófugo", analizó en 2018 la ex fiscal Griselda Tessi, a cargo de la investigación del caso.

Las explicaciones que dio ante la Justicia no convencieron. Dijo que había sido secuestrado por personas que lo habían obligado a cometer robo. "Fue un relato delirante que no pudo sostener luego", afirmó Tessi. En noviembre de 1996, Fendrich fue condenado a 8 años, 2 meses y 15 días de prisión. Además lo inhabilitaron de por vida a ocupar un cargo en la administración pública.

Tres años más tarde fue beneficiado con la libertad condicional. Muchos especularon con que aprovecharía para reencontrarse con su dinero. Su imagen pública distó del mito popular del ladrón que disfruta de su fortuna: probó suerte con negocios fallidos y pasó sus últimos años evitando los lugares donde pudieran reconocerlo. Incluso dejó de ir a ver a su querido Colón de Santa Fe.

"Soy una persona que ha hecho algo que la sociedad considera que está mal, que la Justicia considera que está mal y lo he pagado. Lo que la gente pueda opinar, como bueno o como malo, es un problema de ella", repetía durante las entrevistas que brindó.

Dueño de un tono monocorde, sin histrionismo, renegaba de quienes lo consideraban un "héroe" que le había ganado al sistema. "Puede haber sido la bronca que la gente estaba viviendo, la situación política del país, la impunidad que había en ese momento", aseguraba cuando le recordaban que algunos lo aplaudieron el día que se entregó.

Con el tiempo prefirió cada vez hablar menos del "hecho", como lo mencionaba. Fue esquivando las entrevistas, buscando regresar al anonimato que disfrutaba antes de vaciar la bóveda de un banco. Difícil tarea.

Frendich murió en 2018, a los 77 años, tras sufrir un ACV en Cuba, donde vacacionaba con un amigo

"Ves pasar mucha plata y quizá vos no tenés ni para el colectivo"

Fendrich sabía que su robo había afectado de forma directa a compañeros de banco. "Es un dolor que tengo por esa gente", reconocía años después del golpe millonario.

Uno de los perjudicados fue Sagardía, echado por el Banco Nación junto a otros cuatro compañeros. Fue el final de una carrera de más de 30 años en la entidad. "Argumentaron que habíamos tenido responsabilidad en lo que pasó. No tuvimos derecho a defensa", lamenta el ex tesorero, de 78 años, hoy presidente de la Asociación Mutual Jerárquicos.

Sólo se lo cruzó dos veces a Fendrich. "Lo vi una vez en el juzgado y otra en un sanatorio. Cruzamos un saludo y nada más. Pensaba que me había cagado la vida, pero paralelamente me abrió otro camino en la mutual", analiza.

Sagardía condena el robo, asegura que las explicaciones que dio su ex compañero para justificar su accionar "fueron un verso" y dice que nunca sospechó que podría hacer algo así.

"Era un muchacho normal, tipo tranquilo. Sabía cumplir su función y no era conflictivo. Uno más", asegura. También reconoce lo difícil que puede resultar para algunas personas trabajar con tanto dinero alrededor. "Uno vive diciendo: ‘mirá si tuviera todo esto yo’. Ves pasar mucha plata y quizá a vos no te alcanza ni para el colectivo".

Una sensación similar tenía Fendrich: "Era un trabajo poco grato. La rutina a uno lo absorbe, lo atrapa y lo lleva. Nunca debí haber trabajado en un banco. Ahora soy más libre", afirmó durante una de sus últimas apariciones públicas.