Maria Ressa tras ser condenada: "La democracia está muriendo poco a poco"

Manila, 16 jun (EFE).- Tras ser condenada este lunes por ciberdifamación, la conocida periodista filipina Maria Ressa asegura en una entrevista a EFE que "la democracia está muriendo poco a poco" no sólo en la Filipinas de Rodrigo Duterte, sino en todo el mundo con el "ascenso de líderes populistas, autoritarios y fascistas".

Ressa se ha convertido en la abanderada de la libertad de prensa en Filipinas, donde los periodistas, especialmente los de Rappler -influyente portal que ella dirige desde 2012-, están en la diana de los ataques en redes de los ejércitos de trolls que trabajan al servicio de la propaganda pro-Duterte.

El asedio a Rappler también viene del flanco judicial, donde Ressa tiene otros siete casos criminales pendientes, relacionados con evasión de impuestos y las leyes sobre propiedad de los medios; después de haber sido ayer declarada culpable por ciberdifamación, por lo se enfrenta a una pena de hasta 6 años de cárcel.

Según la periodista, elegida persona del año por la revista Time en 2018, sus cuentas pendientes con la justicia son fruto de una persecución política por el periodismo crítico de Rappler con la administración Duterte. Pero Ressa tiene claro que para defender la "democracia en peligro" deben seguir haciendo su trabajo, que no es otro más que "contar historias".

Rappler fue pionero en denunciar los abusos de la sangrienta guerra contra las drogas, destapar escándalos en el círculo cercano al presidente -como la supuesta fortuna ilícita amasada por los Duterte-, y las brutales campañas de desinformación en redes orquestadas desde el palacio presidencial.

Pregunta: ¿Cómo te sientes horas después de haber sido condenada?

Respuesta: Estaba preparada para el peor escenario. Aún así, escuchar el veredicto es duro, sientes cómo se te para el corazón. Fue un poco mejor de lo esperado porque había una pequeña posibilidad de tener que entrar directamente en prisión sin fianza y estaba mentalizada para ello. Creo que mi caso refleja perfectamente qué es el uso de la ley como arma, algo frecuente en Filipinas.

P: ¿Tienes miedo de entrar en prisión?

R: Es algo sobre lo que he tenido que reflexionar mucho y caí en la cuenta de que era una posibilidad en abril del año pasado, cuando participé en un evento en Nueva York con Mohamed Fahmy y Jason Rezaian, periodistas que estuvieron encarcelados en Egipto e Irán, respectivamente. Escuchando cómo lidiaron con eso, comencé a imaginarme en esa situación. Aprendí a pensar en ello sin miedo porque si no, no podría hacer bien mi trabajo. Lo triste de este caso no es que yo pueda acabar en una celda, se trata del precedente que sienta para el futuro de mi país.

P: En los últimos 4 años tú y Rappler habéis sido víctimas de multitud de ataques que vinculas directamente con el presidente Duterte, que ha conseguido aplacar la oposición política e incluso encarcelar a sus críticos. ¿Hasta donde crees que puede llegar?

R: No sé hasta donde es capaz de llegar, lo sorprendente es lo lejos que ya ha llegado. El gobierno ha acumulado un poder tremendo, sin precedentes en democracia. Nuestro poder como ciudadanos emana de la Constitución, que pronto será papel mojado. El país está a punto de tener una ley antiterrorista que da miedo -solo falta la firma de Duterte- que permitirá arrestos sin orden judicial de hasta 24 días, y que el gobierno pueda acusarte de terrorismo. ¿No es aterrador? En esencia, permitirá que cualquier crítico del gobierno sea declarado terrorista. Tenemos el ejemplo de la senadora Leila de Lima, que lleva encarcelada desde febrero de 2017 sin haber sido sometida aún a un juicio justo. Al menos yo he tenido un juicio.

P: ¿Eso solo está pasando en Filipinas?

R: Creo que en todas partes del mundo estamos viendo el ascenso de líderes populistas, autoritarios, incluso fascistas, que han surgido desde dentro de sistemas democráticos. La democracia está muriendo poco a poco. Van erosionando derechos poco a poco y, por efecto acumulativo, la democracia se debilita.

P: Sobre tu sentencia, un portavoz presidencial aseguró que Duterte no está detrás de ningún intento de restringir la libertad de prensa. ¿Qué le responderías?

R: Creo que las acciones dicen más que las palabras y sus acciones son claras. También lo son sus palabras, ha llegado a amenazar con asesinar a periodistas y nos insulta con frecuencia. Personalmente no tengo nada en contra de Duterte. Es el presidente de una nación y lo trato con el respeto que el puesto demanda. Lo único que le exijo es que nos deje a los periodistas hacer nuestro trabajo. Su historial y su comportamiento hablan por sí solos.

P: ¿Cómo se siente todo el apoyo recibido dentro y fuera de Filipinas?

R: Todo ese apoyo es lo que nos ha permitido seguir adelante durante cuatro años de continuos ataques del gobierno. En Filipinas están pasando cosas que jamás pensé que vería, una grave erosión de nuestros derechos. Estamos en un momento crucial, hay que actuar.

P: ¿Cómo ha lidiado el equipo de Rappler con todo esto?

R: Desde 2016, durante la campaña presidencial en la que ganó Duterte, nuestro equipo ha sido atacado constantemente. Tenemos un equipo muy joven, de 23 años de media. El 63 % son mujeres que son atacadas en redes mucho más que los hombres. Para ellos ha sido muy duro tener que lidiar con tanta animadversión tan jóvenes. Yo he vivido mucho, tengo la piel dura y entiendo perfectamente por qué me atacan. Contratamos psicólogos para ayudar a nuestro equipo pero no sabían cómo hacerlo porque el acoso online es un arma nueva en el arsenal contra la prensa. Hubo varias veces que simpatizantes de Duterte vinieron a nuestras oficinas a gritar "matadlos", "disparadles", "quemad la oficina". Tuvimos que incrementar la seguridad hasta en seis ocasiones. Lamentablemente, eso es lo que los periodistas tenemos que soportar hoy en Filipinas. Supongo que nuestros periodistas tienen miedo, hay razones para ello, pero seguimos contando historias que sirvan para rendir cuentas al poder.

P: Como blanco principal de los ataques a la prensa, te has visto en el centro de la noticia más de una vez.

R: Sí, y lo odio. Porque no necesito hacer preguntas e indagar en ese caso sobre las razones, por ejemplo, por las que fui arrestada dos veces. Yo sabía que era inocente y que no tenían evidencias para detenerme. Sabía perfectamente que no había hecho nada diferente a lo que he estado haciendo en las más de tres décadas que llevo trabajando como periodista. Ahí me di cuenta de que es una señal de los nuevos tiempos, que demandan y demandarán más sacrificios. La pregunta que debemos hacernos es cuánto estamos dispuestos a sacrificar por la verdad, porque eso es por lo que estamos luchando.

P: ¿Cómo ha cambiado el trabajo del periodismo en los últimos años con la eclosión de las redes sociales, los ejércitos de trolls y las campañas de desinformación? ¿Somos ahora más vulnerables?

R: Absolutamente, somos mucho más vulnerables. Son tiempos peligrosos para el periodismo porque los ataques vienen desde todos los rincones de las redes sociales y no sabes quién está detrás. Buscan desacreditar a los periodistas por hacer nuestro trabajo y amedrentarnos. Se crea un efecto de arrastre para que más gente piense que eres mala persona, un criminal o un mentiroso. Esa retórica contra la prensa también la emplea nuestro presidente en sus discursos, por lo que es fácil deducir de dónde viene.

Estamos siendo manipulados en la redes sociales, es un sistema que pretende modificar nuestro comportamiento y las dinámicas de interacción social. Por eso tenemos que exigir más a las plataformas de redes sociales. Facebook en este sentido es la peor de todas, Twitter está más comprometida en la protección de los periodistas. Si no actuamos ya, nuestra democracia morirá porque cuando una mentira se repite mil millones de veces, es más fácil de creer y al final se convierte en realidad.

Sara Gómez Armas

(c) Agencia EFE