Marcos Pollon: “Queremos que Brasil tenga una legislación de armas similar a la de EE.UU.”

Marcos Pollon (YouTube)
Marcos Pollon (YouTube)

BRASILIA.- Dios, patria, familia, libertad.. y armas. Ése es el rosario de valores de Marcos Pollon, 41 años, uno de los exponentes del avance de la derecha en el Congreso brasileño.

Abogado y líder del movimiento “Pro-Armas”, se convirtió en la elección del 2 de octubre en el candidato a diputado federal más votado por Mato Grosso del Sur, estado del centro-oeste cuyo motor es el agronegocio, con más de 100.000 votos.

Activista desde 2005 por la agenda conservadora en Brasil, lanzó su candidatura con la bendición de la familia presidencial. Su organización, con 50.000 miembros, camina a ser un partido político una vez que alcance el tamaño de la Asociación Nacional del Rifle norteamericana, asegura.

“Hubo una victoria de los representantes de Bolsonaro, la población entendió que por falta de alineamiento con el Congreso no pudo entregar todo lo que prometió”, asegura Pollon, de gesto serio, barba tupida y anteojos.

En diálogo con LA NACION, dice que en el Congreso trabajará a partir de 2023 para que Brasil alcance una legislación en armas similar a la de los Estados Unidos. Y mirando a la Argentina, se entusiasma con la figura del diputado Javier Milei en la disputa por la presidencia.

–Pese a que el presidente Bolsonaro perdió en la primera vuelta, muchos candidatos al Congreso apoyados por él fueron electos. ¿Qué lectura hace de la primera vuelta?

–A pesar de que el presidente no venció, fue una victoria de sus representantes. Eso muestra que las personas entendieron que buena parte de lo que el presidente pretende hacer no fue hecho debido a la falta de alineamiento del Congreso, algo que ahora tendremos los próximos 4 años. Las interferencias de otros poderes generaron una insatisfacción y la respuesta en las urnas. Las personas quieren que Bolsonaro pueda entregar lo que fue prometido en campaña y no pudo. Ahora va a ser posible.

–En la política de armas, Bolsonaro avanzó con varios decretos que flexibilizaron la compra. ¿Qué más falta?

–Es necesario convertir en ley lo que está en los decretos, y poner en la Constitución como derecho fundamental la legítima defensa. Si hay derecho a la vida, debe haber derecho a la legítima defensa y asegurarle a las personas el derecho de propiedad sobre las armas que tienen, garantizar el acceso a calibres eficaces para realizar la legítima defensa, todo eso merece ser tratado por ley.

–¿No existe derecho a defenderse?

–No, estamos lejos de eso. Si hoy uno quiere comprar un arma a través de la Policía Federal, ese proceso va a llevar de 3 a 6 meses, es muy burocrático, difícil y caro, entonces inviabiliza el acceso para algunas personas. Además, con la imposición de la obligatoriedad de demostrar la efectiva necesidad, prácticamente la Corte Suprema prohibió la adquisición de armas. Y en el caso de que la compra sea a través del Ejército, el proceso puede llevar más de 2 años, son varias cuestiones administrativas bien complejas, y hay que probar en todos los casos una residencia fija, ocupación lícita, inexistencia de antecedentes penales, demostrar capacidad técnica y psicológica y eso encarece todo. Creo que ese proceso debería ser más rápido, resuelto en 24 o 48 horas.

–Los expertos señalan que esa liberación mayor y más rápida sería un riesgo en un país violento como Brasil, inclusive con armas que, en realidad, acabarían fortaleciendo el crimen.

–Podemos mirar los números oficiales de criminalidad y ver que nunca desde que se tenga registro vimos una caída tan abrupta de los índices. Hoy, por primera vez desde 1992, tenemos un número inferior a 20 homicidios cada 100.000 personas. Enfrentamos fake news hace varios años. La narrativa de que más armas equivalen a más homicidios es mentirosa, en términos porcentuales tuvimos una reducción de 11,9% de homicidios en relación a 2020. La política de control de armas sólo penaliza al ciudadano que cumple la ley. Los criminales siempre estuvieron armados con armas que hoy están prohibidas.

–¿El modelo de legislación es Estados Unidos?

–La idea es esa. Una legislación racional, que endurezca las penas y la percepción penal a los criminales que tengan armas y permita que un ciudadano cumplidor de la ley tenga medios eficaces para la legítima defensa.

–Lula prometió que si es electo cerrará clubes de tiro y pondrá, en su lugar, bibliotecas. ¿Cómo imagina el futuro del movimiento pro-armas en un eventual triunfo del expresidente?

–Si Lula es electo va a cerrar todos los clubes, todas las tiendas, y probablemente va a determinar la restitución de todas las armas compradas, va a desarmar completamente a todas las personas. Y la respuesta que el Congreso va a dar será mantener por ley esos derechos, pero Lula va a tener de su lado a la Corte. Va a ser difícil. Nuestras fuerzas serían concentradas en generar conciencia, mostrando que una población armada genera un país más seguro. Pero soy optimista con relación a la reelección del presidente.

–¿Qué opina del episodio en el que se vio envuelto el exdiputado Roberto Jefferson, que recibió a tiros a la policía?

–A mi criterio quien le dispara a la policía es un delincuente, si tenía un arma ilegal tiene que ser castigado, y la situación muestra que la policía está preparada para frenar a cualquier delincuente. Es un caso completamente aislado, porque más de un millón de personas tienen armas en Brasil.

–Argentina es habitualmente señalada por el presidente como el ejemplo que Brasil no debe seguir. ¿Cómo ve al país vecino?

–Creo que con el ejemplo que Bolsonaro ha dado en su gestión, principalmente en la economía, en un futuro próximo Javier Milei podrá ser el presidente de la Argentina y restablecer la pujanza económica de un país que fue la economía más próspera de América Latina años atrás. La Argentina tiene todo para restablecerse en ese escenario y va a ser un gran socio en la generación de riqueza en todo el Mercosur. Tuve la oportunidad de conocer a Milei en la Conferencia de Acción Política Conservadora en San Pablo. No estoy de acuerdo con todas sus ideas, pero sí con buena parte de su pensamiento.