Marchan armados para exigir seguridad en Guerrero

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CHILPANCINGO, Gro., enero 7 (EL UNIVERSAL).- Mujeres, niños, niñas y policías de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC) de localidades del municipio de José Joaquín Herrera marcharon para exigir seguridad a los gobiernos federal y estatal, y que cumplan con demandas en salud, educación y desarrollo social.

De no cumplir con las exigencias, advirtieron, armarán a niños, niñas y mujeres para defenderse.

Los comunitarios acusaron a la Policía Municipal de José Joaquín Herrera de estar al servicio de la organización criminal de Los Ardillos, por lo que la mañana de este jueves, más de 300 pobladores de las comunidades de Ayahualtempa, Amatitlán, Caracol y la colonia Los Pinos, protestaron para demandar seguridad.

Exigieron al gobierno federal que agentes de la Guardia Nacional (GN) y el Ejército tomen la seguridad en la zona y denunciaron que desde hace años mantienen una disputa constante contra las organizaciones criminales.

Detallaron que durante todo este tiempo han sido asesinados 10 policías comunitarios y a la fecha hay uno desaparecido.

Pidieron que la Guardia Nacional y el Ejército instalen retenes permanentes, donde los tiene colocados en la actualidad la Policía Municipal, la cual sólo los utiliza para vigilarlos, acusaron.

Zona de miedo

Ayahualtempa forma parte de ese corredor que comienza en la comunidad de Atzacualoya, en Chilapa, que desde hace años se encuentra en disputa.

En ese corredor están 16 pueblos que integran el territorio comunitario y se encuentran atrincherados, listos para defenderse de un ataque y, al mismo tiempo, con la vida rota.

Los niños dejan de ir a las escuelas, porque hacerlo representa un peligro y porque los profesores ya no se arriesgaron a asistir a los pueblos a dar clases. También están al límite en comida, pues a muchos pueblos apenas llegan los alimentos, la ropa y otros insumos básicos.

Desde 2016, la organización de Los Ardillos los acosa y la resistencia ha costado sangre.

En la carretera sobre la que están las 16 comunidades, el terror se pasea libre y ha dejado huellas imborrables. Por ejemplo, en 2015 asesinaron de 13 disparos al candidato del PRI a la alcaldía de Chilapa, Ulises Fabián Quiroz.

En 2018 hallaron en una casa abandonada a una precandidata del PRI a una diputación local muerta junto con dos tíos y un primo. El año pasado, hombres armados entraron al pueblo de Paraíso de Tepila, balearon y quemaron las casas y se llevaron a 12 personas, seis eran niños. Ahora es un pueblo fantasma.

Este jueves tenían previsto que niños y niñas marcharan armados, pero ésta no sería la primera vez. Desde hace dos años, los menores de Ayahualtempa se han armado para protegerse.

La última vez fue en abril de 2020. Unos 37 infantes se armaron. Esa vez dieron muestras del adiestramiento que reciben para defenderse. Lo hicieron porque siete pobladores de Ayahualtempa fueron asesinados cuando iban a la cabecera municipal.

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