Marcelo Toledo: "Leer que confirmaron nuevos casos y uno sos vos, es fuerte"

Laura Reina

Todos los días las noticias hablan de la cantidad de infectados por coronavirus. Y cuando puntualmente se detienen en un caso se escribe "el paciente número" y la cifra que le asignan desde el Ministerio de Salud. Marcelo Toledo, escultor argentino reconocido en todo el mundo por sus trabajos con metal, es uno de ellos. No sabe cuál exactamente, nunca le interesó saberlo, solo que estuvo entre los primeros 33. Hoy también forma parte de otra estadística, tal vez la más luminosa en medio de tanta oscuridad: la de los pacientes recuperados, esa a la que muchos especialistas se aferran para transmitir esperanza en medio de la pandemia.

Marcelo viajó a fines de febrero a Nueva York -ciudad en la que vive una parte del año y donde incluso tiene un taller-, para asistir a una de las ferias arte más grandes del mundo. Lo hizo a fines de febrero, después de que su cancelara un trabajo en Montevideo, con vuelta programada para el 9 de marzo. "Fue un viaje de rutina. Vivo la mitad del tiempo allá, en el Soho, porque incluso estoy armando un taller en Jersey City. Además de la feria tenía programada una exposición privada para coleccionistas y galeristas. También aproveché a ir a museos, a recorrer galerías de arte. El ritmo de la ciudad era totalmente normal, el coronavirus no era un tema. Recién el último fin de semana antes de volver leí en el New York Times que se habían detectado los primeros ocho casos. Al otro día me tomé un avión a Buenos Aires y en Ezeiza no había controles. Ni siquiera me dieron la declaración jurada para firmar. Estados Unidos no era en ese momento un país de riesgo", cuenta desde su casa, ya recuperado, después de que le dieran el alta de la Clínica del Sol, en Palermo.

-¿Llegaste el lunes 9 e hiciste tu vida normal?

-Sí, llegué y me fui a trabajar. Tenía por delante una semana de muchísimo trabajo. Fui al taller ese mismo lunes y estaba bien. Al otro día me levanté, trabajé y después me fui a entrenar. Ya para esa hora estaba medio cansado y recuerdo que le dije a mi personal 'no me mates'. Venía de 3 grados de temperatura en Nueva York a los 35 de acá y lo atribuí a eso. Entrené tranquilo y me fui a casa. Ya estaba un poco decaído, como cuando estás por engriparte. Pero no era algo alarmante. Al otro día, miércoles, tenía una visita programada hacía meses de gente en mi galería. Fui y ahí ya no quise seguir. Me tome un taxi y me fui al centro médico de mi prepaga. Me atendieron, tenía unas líneas de fiebre: 37.4. No era alta pero sentí que me tenía que guardar. Llamé a mi mamá, con la que estuve ese día, y le dije que cerrara la galería, que ella también se guardara en su casa de Escobar con papá. Por suerte me hizo caso y no salió nunca más.

-¿Cuándo empezaste a sentirte peor?

-Con el correr de las horas empecé a tener más fiebre: 38.2. Ahí llamé al SAME, dije lo que me pasaba y que había estado en Nueva York y me respondieron que me quedara tranquilo en casa y que esté atento, que me diera un baño térmico. También estaba con un poco de tos, bastante decaído y como no me recuperaba me empecé a preocupar. Entonces llamé a la prepaga y pedí una videoconsulta y que activaran el protocolo. Al rato vino el SAME a buscarme con una ambulancia. Yo pensé que venían a hacerme el hisopado y listo, pero me tocaron el timbre y me hicieron bajar para irme con ellos. Me fui con lo puesto, agarré el celular, el cargador, un cepillo de dientes y bajé. Afuera había dos personas vestidas de astronautas esperándome, me dieron un barbijo y guantes para que me los pusiera y de los nervios no me los podía poner. Me llevaron a la Clínica del Sol donde me hicieron varios estudios. Vieron que mis plaquetas bajaban. pensaban que podía tener dengue. Pero no parecía lógico porque venía del invierno de Nueva York. Al cuarto día de estar internado me dijeron que el test por coronavirus había dado positivo.

-¿Qué se te pasó en ese momento por la cabeza?

-La gente con la que había estado en contacto. Al llegar de viaje había estado con muchas personas y cuando me dieron el resultado llamé a mi mamá y le conté. Estaba decaída, no tenía el olfato, le dolía el cuerpo y la cabeza pero no me había querido decir nada para no preocuparme. Y después empezó una locura colectiva porque la gente está muy sensible. Le mandé mensajes a todos con los que había tenido contacto: un carpintero, el entrenador, gente de la familia. También le pasé la lista al Ministerio de Salud, que se pusieron enseguida en contacto con todos ellos para monitorearlos. Tanto ellos como en la clínica me trataron muy bien.

-¿En algún momento llegaste a tener miedo?

-No sé si sentí miedo de morir pero si tuve una sensación rara cuando me estaban investigando. Nunca tuve miedo, si una sensación de '¿che, qué está pasando?' En realidad nunca me sentí muy mal. nunca me faltó el aire o se me disparó la fiebre. Calculo que eso ayudó a no sentir miedo. Pero estando ahí todo se potencia. Recuerdo la primera noche que escuché en la habitación de la clínica los aplausos a los médicos, todos aplaudiendo en los balcones, fue una emoción muy fuerte porque yo era parte de eso. Leer que se confirmaron 33 casos y uno de esos sos vos es fuerte también.

-O sea que estabas informado de lo que pasaba.

-Sí, mientras estaba internado leía todos los diarios. Hasta que me enteré de la quinta víctima y decidí resguardarme y dejar de leer para protegerme. Cuando prendía la tele y veía que la gente que se iba a la Costa sentía pena e impotencia. esta gente no sabe que puede ser un foco de contagio para cientos de personas.

-Ahora estás en tu casa recuperándote. ¿Cómo fue esa vuelta?

-Llegué y valorás un montón de cosas, tu almohada, tus plantas. Me agarraron muchas ganas de diseñar, de dibujar, de proyectar. Y cocino, algo que me encanta hacer. Obviamente no puedo salir de casa ni siquiera a hacer las compras porque me dijeron que aunque esté recuperado puedo seguir contagiando. Hasta el 1ro de abril no puedo tener contacto con nadie, ni con el del delivery. Mi pareja se encarga de todo eso.

-¿Pensás que esto que pasaste puede ser inspirador de algo?

Sí, totalmente. Un artista es alguien que desarrolla herramientas para catalizar las cosas que pasan en el mundo. Y cuando te pasan a vos, ni hablar. Estoy convencido que esto es una bisagra global. Nos tiene que hacer pensar, recalcular. Yo trabajo mucho con arte ambiental, el proyecto que iba a hacer a Montevideo era ir a limpiar una playa y utilizar esa basura en una obra. A partir de esto vi en Instagram animales en las calles ahora que nosotros no estamos transitándolas, a Venecia, ciudad a la que amo y voy siempre por la Bienal con el agua tan transparente que se llegan a ver los peces y nadan los patos. Leí que el cielo está más limpio porque los aviones no pasan. Es de no creer. Sin dudas la peor peste que tiene el planeta es el hombre.

-Crees que esto va a cambiar la manera de vincularnos?

-Tenemos un montón de conductas sociales: el beso, el abrazo, el mate. Yo soy un gran tomador de mate, lo tomo todo el tiempo, lo comparto con todos. El martes cuando empecé a sentirme mal le dije a mi mamá, que me haga un mate y en un momento vi que se estaba cebando uno para ella y me quedé pensando. Al otro día le dije ¿'sabés qué? Mejor no lo compartamos'. No creo que pueda volver a compartir un mate. Tengo un montón de amigos que van a pasar sus cumpleaños solos. Si esto me lo contaban hacia 10 días no lo creía. Este es un llamado a la humanidad. Tengo una frase que me encanta porque es esperanzadora y me parece que describe estos tiempos: 'No hay momento más oscuro que antes del amanecer'.

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