Marcelo Bonelli, Darío Barassi y la celeste y blanca: pantalla al borde de un ataque de nervios futbolístico

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Marcelo Bonelli, Darío Barassi y la celeste y blanca: pantalla al borde de un ataque de nervios futbolístico
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Con Argentina en la final de la Copa América enfrentando a Brasil, la televisión se tiñó de celeste y blanco. El debate deportivo llegó a Arriba argentinos, con Marcelo Bonelli a la cabeza. Sumándose a la moda de la “TV culinaria”, Javier Calamaro debutó en El Nueve con nuevo ciclo, mezcla de reality familiar, programa de entrevistas, buena música y un estilo “fatto in casa”. En El Trece, Darío Barassi sigue acumulando méritos para ganar el Martín Fierro a Mejor Conductor, aunque a veces algunas situaciones lo superen.

Marcelo Bonelli mostró su costado más pasional, de cara al partido que enfrentará a la Argentina con Brasil
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Marcelo Bonelli mostró su costado más pasional, de cara al partido que enfrentará a la Argentina con Brasil (Archivo/)

Brasil, decime qué se siente

Y sí, la selección despierta las pasiones más grandes y en los lugares menos pensados. En el día posterior al triunfo frente a Colombia, Arriba argentinos abrió con un Marcelo Bonelli corrido de la mesura política, con fanatismo de camiseta pegado al alambrado. El periodista se encendió y cobraron todos: “¿Se sabe quién es el árbitro para el sábado? Van a poner a alguien a favor de Brasil, olvidate”, “Ayer otra vez lo enfocaron a (Alejandro) Domínguez ¡Qué ego que tiene ese muchacho! Hay que tener cuidado con Bolsonaro, con el referí y con ese señor Domínguez que te ponen siempre en el medio del partido”, “Que el ‘Chiqui’ Tapia deje de ser Figuretti”.

Y esto no fue nada: lo peor llegó cuando le dijeron que Javier Castrilli había calificado la actitud en los penales de Emiliano “Dibu” Martínez como “antideportiva”. Su revoleo de ojos lo dijo todo: “Por favor, no empecemos a buscarle el pelo al huevo: un penal bien pateado es gol por más que te hablen cinco”. Ojo Vignolo o Ruggeri, que en cualquier momento Bonelli les copa la parada.

Javier Calamaro invita a comer pero... ¿cocina?
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Javier Calamaro invita a comer pero... ¿cocina? (Archivo/)

Calamaro en su salsa

En asuntos culinarios, Javier Calamaro venía sopapeado desde hace rato. Ya el año pasado, en su paso como jurado invitado en El gran premio de la cocina, Christian Petersen lo había mandado a… “dedicarse a la música”. Por suerte le hizo caso hasta por ahí nomás y en su nuevo programa de El nueve, La cocina de los Calamaro, fusiona todos sus placeres con resultado prometedor.

Por momentos reality, de a ratos entrevista, y siempre con la música al lado, el plural en el título se debe al ir y venir de todos los integrantes de la familia Calamaro, más amigos músicos y un invitado especial. Eso sí, siempre con una impronta de entrecasa, confortable y distendida.

El primer agasajado fue el trapero L-Gante (cuyo camino mediático parece ir por el mismo carril que el de Los wachiturros hace una década), que se fue pipón después del asadito y de los exagerados elogios del conductor. También cantó y lo hizo bastante bien, aunque hay que decirlo: ¿quién puede cantar mal al lado de Javier Calamaro? Eso sí, está claro que lo del anfitrión es el arte, porque para el debut apenas aportó un chimichurri casero a la mesa dominguera.

Darío Barassi volvió a ponerse nervioso con los participantes de 100 argentinos dicen
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Darío Barassi volvió a ponerse nervioso con los participantes de 100 argentinos dicen (Archivo/)

La pregunta imposible

Actor antes que conductor, Darío Barassi le suma a 100 argentinos dicen su batería de recursos, y esto alcanza y sobra para hacer la diferencia. Al no haber variedad de desafíos, el formato del ciclo es dinámico pero repetitivo, y ahí es donde el conductor rema como un campeón. A veces en aguas calmas, y otras directamente en un mar de cascotes.

La pregunta parecía fácil. “Sin decir transportes, comidas o bebidas, nombrar algo que se pueda tomar”. Las respuestas podían ser muchas: sol, medicamentos, una ducha, una semana de vacaciones. Pero nada, las cruces rojas aumentaban a la par que la presión del conductor. Ninguna de las dos familias aportó mucho más que lo ya dicho, y el segmento terminó con cinco incógnitas. Barassi, indignado y al borde de un ataque de nervios, volvió a jugar con la idea de que nunca va a ganar un Martín Fierro, pero es justo al revés: de todo lo que se ha visto en el último año, su trabajo es el aire fresco que hacía rato se echaba en falta en la televisión abierta. Más que merecidos todos los futuros galardones y sino, aunque sea un canje con algún medicamento contra la hipertensión.

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