El marcado descenso de la vacunación infantil amenaza la vida de millones de niños

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Millones de niños de todo el mundo, la mayoría de ellos en los países más pobres, no completaron su esquema de vacunación infantil o no recibieron ninguna vacuna en los últimos dos años debido a una combinación de conflictos, emergencias climáticas, campañas de desinformación, cierres por pandemia y acciones de vacunación contra el COVID-19 que desviaron los recursos, según un análisis nuevo de UNICEF, la agencia de las Naciones Unidas que vacuna a la mitad de los niños del mundo, y la Organización Mundial de la Salud.

De acuerdo con el informe, se trata del mayor retroceso en la inmunización habitual en 30 años. Combinado con el rápido aumento de los índices de desnutrición, esto ha creado condiciones que podrían amenazar la vida de millones de niños pequeños.

“Se trata de una emergencia que afecta la salud de los niños: tenemos que pensar en lo que está en riesgo de manera inmediata, en la cantidad de niños que van a morir a causa de esto”, aseveró Lily Caprani, directora de defensa de UNICEF. “No ocurrirá dentro de unos años; sino muy pronto”.

El porcentaje de niños en todo el mundo con tres dosis de la vacuna contra la difteria, el tétanos y la tos ferina, conocida como DTP3 (que UNICEF utiliza como referencia para la cobertura de la vacunación) cayó 5 puntos entre 2019 y 2021, hasta el 81 por ciento. Los índices de vacunación contra el sarampión también se redujeron al 81 por ciento y, de la misma manera, la cobertura contra la poliomielitis disminuyó significativamente. Es necesario alcanzar un índice de cobertura de vacunación del 94 por ciento para lograr la inmunidad colectiva e interrumpir la cadena de transmisión de una enfermedad.

Esto se traduce en 25 millones de niños que no recibieron una intervención básica de protección contra enfermedades mortales.

La cifra de lo que UNICEF denomina niños con dosis cero (aquellos que no han recibido ni una sola dosis de las vacunas más básicas) aumentó de manera considerable durante la pandemia, pasando de 13 a 18 millones en 2019. Este grupo incluye la mitad de los niños que mueren antes de los 5 años.

La agencia había esperado que, tras un descenso pronunciado en 2020 impulsado por la suspensión de actividades, los cierres de las escuelas y otras medidas de respuesta al COVID-19, la cobertura de vacunación infantil repuntara en 2021, comentó Niklas Danielsson, especialista en inmunización de UNICEF con sede en Nairobi.

En lugar de eso, el problema empeoró. La cobertura de la DTP3 y el sarampión están en el nivel más bajo desde 2008, según el informe.

Danielsson señaló que el índice de cobertura de vacunación en 2021 era igual al de 2008. “Pero desde entonces, las poblaciones base de nacimientos han aumentado, lo que significa que el número de niños que no completan su esquema de vacunación, o ni siquiera lo inician, es el mayor de los últimos 30 años”, dijo.

Él y muchos otros en el campo de la inmunización infantil habían previsto una recuperación el año pasado, a medida que los sistemas de salud aprendían a adaptarse a las exigencias de la pandemia. En cambio, las campañas de desinformación sobre la vacunación contra el COVID-19, y la desconfianza generalizada en los gobiernos sobre las medidas de salud pública, se extendieron para disuadir la inmunización habitual, señaló Danielsson.

Al mismo tiempo, los sistemas de salud de los países más pobres se apresuraron a llevar a cabo una vacunación limitada contra el COVID-19, lo que desvió el acceso fundamental a los congeladores y los trabajadores de la salud para aplicar las vacunas.

En los últimos dos años, la India, Nigeria, Indonesia, Etiopía y Filipinas registraron las cifras más altas de niños que no habían sido vacunados.

Brasil también figuraba en la lista de los 10 países más afectados, lo que supone un cambio drástico para un país que antes era famoso por sus índices elevados de cobertura de vacunación. Alrededor del 26 por ciento de los bebés brasileños no habían recibido vacunas en 2021, en comparación con el 13 por ciento en 2018.

“El trabajo de 30 años se perdió de la noche a la mañana”, afirmó Carla Domingues, investigadora de salud pública y excoordinadora del programa nacional de inmunización de Brasil.

Domingues señaló que la vacunación se convirtió en un tema politizado en Brasil durante la pandemia de COVID-19. El gobierno federal, encabezado por el presidente Jair Bolsonaro, minimizó la importancia del coronavirus incluso cuando Brasil tenía uno de los índices de mortalidad más altos del mundo y dijo que no vacunaría a su propio hijo de 11 años contra el virus.

“Por primera vez, el gobierno federal no recomendaba una vacuna, y eso creó todo un ambiente de duda que nunca había existido en Brasil, donde la vacunación era aceptada por completo”, dijo Domingues.

También afirmó que, al mismo tiempo, los grupos antivacunas que no habían tenido mucha aceptación en Brasil se trasladaron al país durante la pandemia y comenzaron a difundir información errónea en portugués en las redes sociales.

Todo esto ocurría, dijo Domingues, en un momento en que los brasileños estaban a una generación de distancia de las graves enfermedades contra las que se les instaba a vacunar a sus hijos, lo que los llevaba a cuestionar su necesidad.

“Los padres no conocen el impacto del sarampión, o de la poliomielitis, así que empiezan a elegir las vacunas”, explicó. Los datos que muestran que la aceptación de la vacuna contra la neumonía es mayor que la de la poliomielitis lo dejan claro. “Los padres están eligiendo no aplicarles la de la polio. Dicen: ‘Ya pasaron 30 años sin casos de polio, ¿es necesario que lo haga?”.

No obstante, comentó Domingues, tienen una clara señal del riesgo: a principios de este año se detectó un puñado de casos de sarampión en Sao Paulo, seis años después de que Brasil informó de que habían erradicado la enfermedad en el país. “Ahora está circulando el sarampión; eso nos da un ejemplo concreto de lo que podría ocurrir con la difteria, la meningitis y muchas otras enfermedades”, dijo.

Fabien Diomande, experto en la erradicación de la poliomielitis del Grupo de Trabajo para la Salud Mundial, que trabajó durante años en las campañas contra la poliomielitis en África Occidental y Central, dijo que para invertir el declive de la inmunización infantil se necesitaría una adaptación renovada, innovación y recursos.

Caprani afirmó que, aunque existe un alentador interés en la cooperación médica mundial debido al COVID-19, la inversión en nuevas medidas de vigilancia y otras novedades corre el riesgo de distraer la atención de la sencilla intervención necesaria para abordar la crisis de la inmunización infantil: el despliegue de miles de trabajadores médicos comunitarios.

“No vamos a resolver esto con campañas de carteles o mensajes en las redes sociales”, explicó. “Es necesario que los trabajadores médicos de la comunidad sean confiables, estén bien capacitados, reciban una remuneración adecuada y estén en las calles día tras día, generando confianza, el tipo de confianza que significa que escuchas lo que tienen que decir respecto a las vacunas. Pero sencillamente no hay suficientes de ellos”.

© 2022 The New York Times Company

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