Dejad en paz a Marc Márquez, el campeón del mundo se llama Joan Mir

Guillermo Ortiz
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TOPSHOT - Suzuki Ecstar's Spanish rider Joan Mir celebrates after winning the MotoGP world championship after the Valencia Grand Prix at the Ricardo Tormo circuit in Valencia on November 15, 2020. (Photo by LLUIS GENE / AFP) (Photo by LLUIS GENE/AFP via Getty Images)
Photo by LLUIS GENE/AFP via Getty Images

Joan Mir tiene 23 años y dos campeonatos del mundo. El primero, en 2017, conseguido en Moto 3. El segundo, confirmado ayer mismo, en la máxima categoría del motociclismo. Solo tres españoles (Álex Crivillé, Jorge Lorenzo y Marc Márquez) lo habían conseguido antes. Solo cinco pilotos en toda la historia de la competición lo habían conseguido subidos a una Suzuki, el último de ellos Kenny Roberts Jr hace la friolera de veinte años. Obviamente, Mir tiene todo el derecho del mundo a sentirse eufórico, ha conseguido lo que todo niño sueña cuando empieza a competir en circuitos juveniles y lo ha conseguido con una regularidad aplastante, coronada, por fin, con la victoria en el Ricardo Tormo la semana pasada.

Así, cuando el campeón llega a la rueda de prensa, recibe las felicitaciones correspondientes... pero más temprano que tarde llega la pregunta inevitable: “¿Qué habría pasado si hubiera tenido que luchar con Marc Márquez?”. Hace unos días hablábamos del poco eco que la hazaña de Mir estaba teniendo en los medios de comunicación y esta pregunta, esta sombra del campeonísimo, no hace sino aumentar el agravio. Marc Márquez no ha corrido este mundial. Corrió la primera carrera, se cayó, intentó volver en la segunda, pero el daño producido no solo ha hecho imposible que corriera ni un solo gran premio más sino que le va a tener unos cuantos meses más apartado de las motos, lo cual puede poner en peligro su reaparición el año que viene.

¿Habría ganado Marc Márquez a Joan Mir, a Aleix Espargaró, a Fabio Quartararo, a Alex Rins...? Bueno, les ganó el año pasado, desde luego. Marc Márquez es una de esas raras estrellas que aparecen cada quince-veinte años en cualquier deporte. Un fuera de serie. Ahora bien, los fuera de serie lo son porque arriesgan, porque no se guardan nada, porque tientan a la suerte continuamente. Lo normal es que les salga bien, pero, a veces, no es así. A veces, se caen y se lesionan. En todos los deportes hay lesiones y en todos los deportes los campeones se pierden grandes citas. Hay algo feo en preguntarle a alguien que se acaba de proclamar campeón por el campeón del año pasado. Márquez no ha podido defender campeonato, es cierto, pero nadie puso en duda sus títulos cuando era Jorge Lorenzo el que tenía problemas físicos. Hubiera sido absurdo. Forma parte del deporte y punto. Se organiza un campeonato cada año en la esperanza de que cada año pasen cosas distintas y, sí, eso incluye la mala suerte de lesionarse.

Que Joan Mir no vaya a tener nunca el palmarés de Marc Márquez no le debe privar de la gloria concreta de este año concreto. ¿No sirve el Tour de Pogacar porque el campeón, Egan Bernal, tenía problemas físicos? ¿No sirve ninguno de los “majors” que se disputaron después de la grave lesión de rodilla de Tiger Woods en 2008? ¿Debería devolver Federer el Roland Garros de 2009 o Djokovic el de 2016 porque Nadal arrastraba lesiones? Por supuesto que no. Basta de asteriscos. No le podemos pedir a los ganadores que venzan a todos sus rivales, que lo hagan con contundencia y que a la vez compitan contra fantasmas. Olvidémonos ya de Marc Márquez porque Marc Márquez no estaba, igual que llegará un año en el que no esté Lewis Hamilton y será otro el campeón del mundo y la historia seguirá.

Los nombres dan brillo a las competiciones, eso está claro... pero las competiciones, las grandes competiciones, tienen siempre esa narrativa interna que las hace especiales. Uno puede ver a Tao Geoghean-Hart y a Jai Hindley jugarse el Giro en el Stelvio y pensar “bueno, no son Nibali y Froome” pero aun así pegarse a la pantalla y observar cada movimiento, tomar partido, emocionarse con los desconocidos porque son los desconocidos -y no Nibali ni Froome- los que se están dejando la piel, los que están demostrando ser los mejores, no ya, insisto, en la batalla contra la historia sino en la batalla por el Giro de Italia 2020, que es de lo que se trata.

Lo mismo nos pasa con Joan Mir. ¿Qué más le podemos pedir? De las últimas diez carreras, ha acabado en el podio en siete. De acuerdo, ninguno de sus competidores había luchado antes en serio por un título de Moto GP, pero, ¿les hacía eso menos hambrientos o lo contrario? Todos sabían que esta era la oportunidad de su vida, todos tenían motos parecidas y todos han cometido errores groseros. El que menos, Joan Mir. Eso no es ser un “campeón por defecto”, eso es ser un excelente competidor porque “competir” consiste en ganar cuando eres mejor y empatar cuando no tienes el día. Mir consiguió suficientes empates como para ir consolidando una pequeña ventaja en el campeonato que se fue haciendo más grande conforme sus rivales sucumbían a la presión.

Puede que todos viéramos demasiado pronto al muy publicitado Fabio Quartararo como sucesor de Márquez y puede que, con los años, el francés se acabe encajando en ese puesto. Pero lo que nos estábamos jugando este año no era la sucesión histórica del campeón sino el campeonato del mundo. Y Quartararo ha hecho un mundial desastroso. ¿Tiene la culpa Mir de eso también? Ser un campeón o no ser un campéon no puede ser una cuestión de estética ni de expectativas. Ser un campeón consiste en “campeonar”, en ganar, en ser el primero. Joan Mir, desde este mismo fin de semana, es un campeón con todas las letras. Un campeón empírico, de los que cuentan. Veremos el palmarés y pondrá su nombre. Lo que venga antes o después tendrá que importarles a otros.

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