Mar del Plata: las fiestas clandestinas, el gran dolor de cabeza de la temporada

Darío Palavecino
·5  min de lectura

MAR DEL PLATA.- La entrada a las discotecas, ahora en modo bares con burbuja social, no bajaban de los $2000 por persona y con capacidad muy reducida. La opción entonces se abrió sobre la arena, donde un grupo de jóvenes de La Plata y Ensenada puso música para bailar hasta el amanecer en Playa Bristol.

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Más multitudinario aún fue lo que se vio en la zona norte, cerca de la intersección de la calle Daprotis y la costa. Allí, donde durante la madrugada de Navidad ya se había organizado una fiesta con cientos de personas, hoy otra vez reunieron tantos o más para vivir una noche que combinó música desde torres de sonido portátiles y bebidas a granel.

Eso fue solo lo que se hizo a la vista. Porque a la par, durante las primeras horas de 2021, volvieron a abundar las fiestas clandestinas. Más grandes o más pequeñas; unas solo para conocidos, otras más abiertas; algunas también con cobro de entrada, pero que se canjea por bebidas. En todos los casos celebrar al margen de la ley fue cosa de miles. Y ya se perfilan como un verdadero dolor de cabeza para las autoridades cuando todavía no llegó a la ciudad el grueso de turistas.

Aquí los casos de coronavirus están en alza. Si bien la situación inquieta, no se refleja esa magnitud en la cantidad de camas ocupadas en clínicas y hospitales. Los especialistas entienden que ese bajo impacto en el servicio de terapia intensiva se debe a que la mayoría de los contagiados en esta segunda ola son jóvenes, de bajo riesgo y, en su mayoría, asintomáticos.

Desde el municipio confirmaron que durante la madrugada de hoy, siempre a partir de denuncias que los propios vecinos del distrito realizan a una línea de WhatsApp habilitada al respecto, se desarticularon 20 fiestas clandestinas que, en total, habían movilizado a más de 1200 chicos.

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"Pagamos $2000 los varones y $1000 las chicas, con barra libre y variedad de tragos", contaron tres jóvenes -dos de Buenos Aires y un tercero, marplatense- sobre una fiesta a la que asistieron en una pequeña casa quinta de la zona de Acantilados, en el extremo sur del distrito, cerca de la costa.

Otro grupo importante se reunió en un galpón, ya más cerca del casco urbano. Los videos difundidos en redes demuestran que no había la distancia social. Y hasta se animaron a las bengalas de colores en un lugar cerrado.

Lo hemos pasado de maravilla, todo estuvo muy divertido y muy tranquilo", contaron a la nacion Arnaldo, Vicsul, Carlos, Úrsulo, Sebastián y Paula, un grupo de venezolanos y colombianos radicados en la Capital que vinieron a veranear a Mar del Plata. Tras la cena se fueron hasta la rambla Casino, donde cruzaron la plazoleta Almirante Brown y se pusieron a beber y bailar con otros cientos de personas entre los lobos de piedra de Fioravanti. "No tuvimos ningún problema con la gente y la policía ni nos molestó", explicaron.

Desde la municipalidad habían anticipado que no iban a permitir excesos. Y que frente a alguna circunstancia delicada iba a intervenir de manera directa. Así fue en 20 domicilios particulares, a los que durante la madrugada de ayer llegaron las patrullas de Seguridad de la comuna y -frente a casos complicados- también patrulleros con personal de refuerzo.

Los escenarios más complejos, por el volumen de protagonistas, se dieron en una playa pública de la zona norte y en una casa particular de las inmediaciones. La primera se desarrollaba en Daprotis y la costa. "Hay movida en 'Consti' [por la zona de Avenida Constitución]" se corrió el dato en las redes para llegar a casi 600 participantes al momento de la intervención. Actuaron inspectores municipales y oficiales de policía de distintas fuerzas, incluidos los equipos motorizados. Lo propio hicieron luego en una propiedad privada de Libres del Sur al 1100, donde se dio una particularidad: todos los asistentes eran menores de edad.

A la fecha, según fuentes del gobierno que conduce Guillermo Montenegro, durante los últimos 30 días se lograron desactivar más de 200 fiestas clandestinas. Algunas de ellas con una logística que complica a las autoridades a la hora de identificar el lugar. Eligen casas alejadas, en lo posible quintas o con perfil rural. "Cobran entrada, dan tragos sin límite y recurren a algunos stickers para tapar las cámaras de los celulares de los asistentes para que no tomen imágenes que se suban a redes", confió uno de los informantes.

La logística

La convocatoria se suele hacer también por redes. El interesado debe mandar mensaje y sumarse a una lista. El domicilio de la reunión lo pasa el organizador por la misma vía, a veces después de medianoche, ya sobre la hora de inicio, para que no se difunda y así evitar o complicar la intervención policial.

La ordenanza 24927 aprobada hace poco más de un mes por el Concejo Deliberante dispone multas de hasta un millón de pesos para los propietarios de los inmuebles donde se desarrollen estas fiestas. "Son lugares donde no se cumple ningún protocolo, se junta gente de distintas edades y no controla ni la cuestión sanitaria ni la seguridad", advirtió el jefe de Gabinete municipal, Alejandro Rabinovich.

Las autoridades locales han acompañado desde un primer momento la posibilidad de un funcionamiento más amplio de los bares y discotecas, siempre con atención estricta de las pautas de cuidado. Entienden que vedar estos espacios es favorecer la clandestinidad, donde es más difícil intentar algún tipo de control más o menos efectivo. La idea se chocó con una postura inflexible del gobierno provincial: luego de dar una primera luz verde, la semana pasada dio marcha atrás a la habilitación de eventos al aire libre para hasta 200 personas.

Queda ahora por ver cómo seguirá la historia, porque habrá más de lo mismo. Lo que se vivió en Navidad y más aún en Año Nuevo fue producto de marplatenses y los primeros pocos turistas que ya andan por aquí. Habrá que ver cuál es la capacidad de respuesta frente a un volumen mayor de visitantes jóvenes.