María Migliore: “El peronismo ha sido uno de los grandes proyectos transformadores del país”

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María Migliore, ministra de Desarrollo Humano y Hábitat porteño, en Conversaciones Sub35.
María Migliore, ministra de Desarrollo Humano y Hábitat porteño, en Conversaciones Sub35.

La ministra de Desarrollo Humano y Hábitat porteño, María Migliore, es una rara avis en el ecosistema de Pro. Oriunda de Bella Vista, militó en el peronismo y dio sus primeros pasos en política de la mano de los curas villeros. Antes de ser funcionaria de la Ciudad, hizo trabajo social en la villa Zavaleta, donde conoció al entonces arzobispo de Buenos Aires Jorge Bergoglio.

Con estrechos lazos con los líderes de las organizaciones sociales y un discurso con guiños progresistas, Migliore busca fortalecer la estructura territorial del larretismo en las villas y los asentamientos de la Capital, en donde el Pro no logra hacer pie después de catorce años de gestión. Habituada a diferenciarse del ala más conservadora del macrismo, la ministra porteña considera que Juntos por el Cambio necesita “incorporar voces de los sectores populares” para pelear por la representación en las capas más postergadas de la sociedad. En sintonía con el estilo moderado que le imprime Larreta a su construcción política, Migliore aboga por cerrar la “grieta” y trabaja para tender puentes con el oficialismo y referentes sociales. De hecho, reivindica aspectos del peronismo y del kirchnerismo. Una contracara de los “halcones”.

Con el objetivo de darle una mayor musculatura al proyecto presidencial de Larreta, la referente de La Popular, una corriente interna de Pro que tiene bases en las villas de la Capital, planea desembarcar con su agrupación en las zonas más postergadas del conurbano bonaerense para penetrar en la base electoral del PJ.

- ¿Crees que Juntos por el Cambio perdió la “batalla cultural” con el kirchnerismo durante el mandato de Macri?

- A mí no me gusta hablar de batallas. Quiero pensar la política desde lo aspiracional, hasta dónde queremos llegar y qué queremos transformar. Somos un proyecto político que está en formación y que debe seguir consolidándose. Somos cada vez más los que creemos y los que sentimos que en este espacio político es posible transformar y generar un camino de desarrollo posible para los sectores populares. Tenemos que probar un camino nuevo. Y, en términos de integración urbana, lo que se construyó en la Ciudad en los últimos años es muy innovador.

- ¿Te identificabas con el peronismo cuando empezaste a hacer política?

- El peronismo ha sido uno de los grandes proyectos transformadores de este país. En sus orígenes, logró darle oportunidades a todo un sector que no estaba representado y no tenía posibilidades de estar mejor. Y eso lo reivindico. Eso ha tenido una penetración muy grande y en los barrios está muy presente. A esa agenda y capacidad de interpelar y de empatizar con lo que le pasa a quienes viven en esos lugares hay que captarlo y traducirlo en una opción política real que transforme.

El Estado es un agente de desarrollo. Para mí, la presencia del Estado genera oportunidades. Hoy estamos en un momento donde no tenemos que discutir la presencia del Estado, sino la calidad de esa presencia. Por ejemplo, cómo la asociamos a lo productivo. Es decir, cómo generamos una política pública social que esté más vinculada a lo económico, para realmente dar oportunidades de trabajo.

- ¿Por qué Juntos por el Cambio pierde votos en las comunas del sur, donde están los barrios más postergados de la Capital?

- Hay muchas explicaciones, pero, sobre todo, debemos hacernos una pregunta profunda de cómo generar más confianza en quienes viven en estos lugares. Nuestra prioridad es transformar, más allá de lo electoral, y esto para mí también es importante y es una un distintivo de Juntos por el Cambio. Tenemos un desafío grande: incorporar voces de los sectores populares a nuestro espacio político. Yo trabajo todos los días para eso.

- ¿Admiras al papa Francisco? Es una figura cuestionada por un sector de tu partido.

- Sí, lo admiro profundamente, por su mirada y por cómo encaró el trabajo social. Ha hecho un gran aporte.

- En su libro Primer Tiempo, Mauricio Macri dice que la Iglesia y el Papa “jugaron en contra” del Gobierno de Cambiemos. ¿Coincidís?

- Francisco es un líder espiritual y hay que entenderlo como eso. Es un líder mundial que le está haciendo muy bien a la Iglesia, en un proceso de apertura que es muy necesario, donde lo importante es la vinculación entre las personas. Tiene una perspectiva trascendente y de compromiso. No tengo una relación personal con él, pero sí el recuerdo de cuando trabajaba en los barrios. Francisco era una figura cotidiana.

- Cuando entraste a Pro y a la Ciudad, ¿te atraía Macri como líder político?

- Siempre me entusiasmó este proceso político de poder transformar. Cambiemos ha hecho un gran aporte a la política argentina en levantar la calidad de la gestión pública. Y Eso se da por hecho, pero es muy significativo y es algo que queda.

También es un espacio que ha incorporado mucha gente a la política, que no encontraba un lugar de representación y eso ha sido muy valioso. Tenemos muchos desafíos por delante, pero reivindico muchas de las cosas que Cambiemos ha traído al proceso político de la Argentina.

- ¿El gobierno de Macri fracasó?

- Miro más el proceso. Nunca las cosas son blanco o negro. Hay que analizar lo que hemos podido construir, hacernos cargo de los errores que se cometieron y seguir evolucionando en general. Esta mirada de “todos los anteriores son malos y yo soy lo bueno” es nociva, porque no es real. De cada época histórica hay que valorar lo que se ha podido construir, ser críticos con lo que falta y seguir avanzando.

- ¿Siempre fuiste opositora al kirchnerismo o hubo políticas de Néstor y Cristina Kirchner que te entusiasmaban?

- Yo nunca milité en el kirchnerismo. Trato de que reconocer los aciertos de cada momento histórico. El kirchernismo, como proceso político, tuvo un rol muy importante después del 2001, que fue un momento muy difícil de la Argentina, para ir generando una reconstrucción. Incorporó muchos jóvenes a la política y eso también es sano.

En 2001, a partir de la crisis, había un sujeto social que no estaba organizado, que eran los más pobres. Y hay un valor en el hecho de haber podido representarlos y darles voz. No comparto las maneras o las propuestas, pero sí reconozco el valor que eso tiene. Era muy necesario en la Argentina.

- ¿Hay que negociar con los referentes sociales para gobernar?

- No lo pondría en esos términos. Son parte de la solución de los problemas estructurales que tenemos. A mí no se me ocurriría pensar la política social sin convocar a todas las personas que tienen algún tipo de injerencia en eso. Tenemos puntos de contacto, pero hay también diferencias.

- Hay dirigentes de JxC, como Patricia Bullrich o Miguel Pichetto, que plantean que Macri cometió un error al seguir la línea de la política asistencial de Cristina Kirchner. ¿Qué pensás?

- Somos una coalición grande en las que hay distintas expresiones. El contexto económico que hubo durante los últimos años fue muy complejo. Y necesitamos llevar adelante una política social que transforme de manera estructural. Ese es el desafío más grande que tenemos, no solo de Juntos por el Cambio, sino de toda la dirigencia política.

- ¿Juan Grabois es un dirigente valioso o es “un problema para la Argentina”, como dicen algunos referentes de JxC?

- Juan me parece un dirigente de valioso. Tenemos puntos de acuerdo y de desacuerdo, pero, sin duda, aporta a la discusión política.

- ¿Los movimientos sociales se van a convertir en los nuevos sindicatos?

- Esa es una pregunta abierta. Depende mucho de la capacidad que tengan de generar esos acuerdos. Y, sobre todo, es necesario armar un proyecto de país que integre.

- Para terminar con “la grieta”, ¿se tienen que correr Macri y Cristina Kirchner?

- Para mí, la grieta verdadera está entre los que tenemos oportunidades y los que no. Yo trabajo todos los días para saldar esa grieta. Eso me preocupa y me interpela. Es lo que nos tiene que unir como argentinos.

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