Manu Ntaka: "El asesinato de George Floyd y las historias que mi padre me contó del Apartheid me llevan a pensar que no cambió nada"

Mauro Apicella

"Soy músico, soy arte y cultura. Soy negro, soy África. Soy afro, soy argentino. Abrazo mi identidad las 24 horas del día para encontrarnos unidos, para vencer al racismo estructural y al de todos los días". Esto que escribió Emanuel Ntaka en sus redes sociales no es de estos días, por el asesinato del afroamericano George Floyd en los Estados Unidos. Lo publicó seis meses atrás, como parte de una causa que, para él, es de todos los días.

"Sí, y no recuerdo cuál fue la situación puntual que me llevó a escribir eso [a fines del año pasado] pero lo siento como algo de todos los días desde que tengo uso de razón", dice a LA NACION Ntaka, ex integrante del famosísimo grupo Mambrú que, con el paso de los años, emprendió una carrera solista y, en paralelo, una militancia social en torno a la vindicación de las comunidades africanas en América.

"Todo eso que escribí es real. Fijate esas imágenes de George Floyd, brutalmente asesinado por la policía. Eso me generó una angustia que después se transformó en bronca e impotencia. Creo que estoy bastante sensible por lo que pasa con el Covid-19 y sus consecuencias. Y como impactan en las comunidades más vulnerables. Pero también esa imagen del policía blanco, con su cara impune, sometiendo al afroamericano me recordó las historias que mi padre [sudafricano] me contaba sobre los exceso y el Apartheid. La brutalidad policial contra los negros, la segregación. No era la esclavitud pero sí una legislación que los despojaba de derechos humanos. Esas historias contadas en primera persona me llevan a pensar que no cambió nada. Eso me recordó mi vida. Porque en la Argentina también hay un racismo institucional que se inicia con la trata esclavista, más adelante sigue con políticas que apuntaban al blanqueamiento de la sociedad y la negación histórica del aporte de lo afro en la construcción de lo que somos como nación. Hablo de afrodescendientes que lucharon en las gesta revolucionaria y en batallas de la Independencia; que aportaron al desarrollo social, económico y cultural. Todo eso está invisibilizado. Eso genera en la sociedad un ambiente para el racismo. Y por eso lo sufrimos. La palabra negro -señala Emanuel-, tiene una connotación negativa la mayoría de las veces. 'Tuve un día negro'. 'Laburé como negro'. 'Listas negras'".

El rostro moreno de Manu lo llevó a la fama pero también a la discriminación. Recuerda que la sufrió en 2001, antes de convertirse en un personaje televisivo y famoso del reality que dio vida al grupo Mambrú. Fue cuando trabajaba en un boliche salsero y una madrugada, cuando casi ya estaba amaneciendo, en el barrio de Belgrano, lo interceptó un grupo skinhead que lo agredió física y verbalmente."Fue antes de ingresar al grupo. Estaba estudiando en el conservatorio y por la noche trabajaba en el boliche. Y un día, yendo a tomarme el colectivo, apareció una pandilla".

Después llegó la pantalla, el éxito y la sobre exposición. Se hizo famoso junto a Germán Tripel, Gerónimo Rauch. Pablo Silberberg, y Milton Amadeo en el reality Popstars, de donde salió Mambrú, la boy band más famosa de la Argentina. Una vez que se disolvió, en 2005, Emanuel continuó haciendo música en solitario, con otro perfil, obviamente, menos mediático que el del reality televisivo en el que había participado. Formó una familia (hoy tiene dos hijos que disfruta especialmente porque pasa más tiempo con ellos, en cuarentena) y alterna su actividad entre la producción musical y el activismo social.

El año pasado fue parte del elenco del musical Hair, de Gerome Ragni, James Rado y Galt MacDermot. Su personaje fue un líder dentro de aquella tribu hippie que reivindicaba los derechos de los afroamericanos: "Me sentí muy cómodo con ese papel, aunque no soy del teatro musical", dice. Además, encabeza Boehmi, un grupo de música tradicional sudafricana, fusionada con flamenco y música latinoamericana.

-¿La herencia cultural fue muy inculcada por Blues Ntaka, tu papá?

-Él era activista en Sudáfrica. A raíz de eso tuvo que exiliarse. Estaba perseguido; su familia también. En Roma conoció a mi madre, santiagueña, que estaba estudiando. Allá se casaron y vinieron para Buenos Aires, en 1975 más o menos. Él hablaba de lo que pasaba en Sudáfrica todo el tiempo, y escuchaba la BBC de Londres por onda corta, que se escuchaba muy mal, para enterarse de cómo estaban las cosas allá. Obviamente que en la Argentina no se hablaba de eso. Pensá que Nelson Mandela asumió como Presidente recién en los noventa. Y cuando había alguna información nueva, mi papá la linkeaba con algo de historia. Siempre fue un tipo que preservó la cultura africana, desde las comidas a las canciones. Muchas me las enseñó él. Fue un maestro en muchos aspectos.

-¿Eso te despertó una vocación por el activismo?

-En realidad, cuando tuve aquel problema con los skinheads conocí a las organizaciones. Soy parte de organizaciones como 8 de Noviembre, Todos con Mandela y del comité organizador de la Semana de África en la Argentina.

-Mencionaste que estabas sensibilizado por el coronavirus y sus consecuencias. ¿Cómo te trata la cuarentena y cómo proyectas la vuelta a lo laboral que va a tardar más en el mundo del espectáculo?

-Estoy muy de padre y lo disfruto muchísimo. Aunque hay que estar en todo, en la tarea, la comida. Con mi mujer hacemos todo. Es una bendición estar con ellos y tener las necesidades cubiertas, sabiendo que hay gente que no las tiene. En cuanto al sector de la cultura, hoy es uno de los más castigados por estas medidas de aislamiento social y preventivo que fueron una decisión muy acertada porque lograron evitar contagios y está claro que contuvo un poco el avance de la pandemia. Igualmente, este sector que nos involucra está afectado por varios motivos, como el cierre de espacios y la interrupción de la producción. Tengo un estudio de grabación y producción y frené todo lo que estaba haciendo. Todavía no pude volver. Parte de mi trabajo quedó allá. Y no sabemos cuándo se va a volver. Allá doy clases de música. Pude reciclar una parte a la versión online. Pero me quedó pendiente un viaje a Nueva York invitado por una organización que trabaja con la ONU y otro a Europa, donde en otros años fui a hacer temporada. Las pérdidas económicas precarizan condiciones que ya venían complicadas y luego, se pone en riesgo la diversidad de las expresiones culturales que no pueden subsistir sin ingresos. Se corre el riesgo que no puedan reabrir. Lo importante es que en un país se valoricen las distintas identidades y se puedan potenciar. Los más vulnerables son los primeros que caen y eso me llena de preocupación porque una sociedad es más rica cuando está intervenida por todas las culturas que la componen.

-Lo sabrás bien porque con Mambrú, hace casi dos décadas, estuviste en los más alto del mainstream local y luego hiciste un camino en el indie.

-Sí, pero la escena independiente la conozco desde chiquito porque mi papá era cantante de jazz. De eso vivió siempre. Hubo épocas donde económicamente estábamos mejor; en otras había que ajustar el cinturón. Conozco esos vaivenes. Antes de Mambrú yo trabajaba en pubs y bares. Cuando ingresé al grupo pasamos a otro nivel. Tocar en estadios ante muchísima gente, pero después decidí, consciente o inconscientemente, conectarme con lo mío y relacionarme con la gente más directamente.