Manejo del agua en zonas semiáridas

Cristian Álvarez

Soy ingeniero agrónomo, formado en la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional La Pampa y trabajando en investigación y extensión en el INTA desde General Pico. Desde mis orígenes profesionales me dediqué a estudiar relaciones entre suelos y cultivos, con foco en cómo mejorar el manejo del agua en condiciones semiáridas y subhúmedas.

Estas regiones se extienden por casi toda el área agrícola de la Argentina y lo percibimos por la frecuencia de ciclos de cultivos con lluvias que no cubren los requerimientos mínimos de consumo. En gran parte del país el principal factor de pérdida de agua es la evaporación. Tanto es así que algunas mediciones actuales muestran que entre el 50 y el 75% de las precipitaciones retornan a la atmósfera sin contribuciones directas a la producción.

La biodisponibilidad de agua, medida como agua útil, depende no solo de las lluvias sino de características naturales de los suelos que determinan su capacidad de retener el agua, del cultivo según su ciclo, del índice de cosecha y de la profundidad explorada por las raíces y del manejo dado por sistemas de labranza, secuencias de cultivos, tipo de barbecho, cobertura de rastrojos y aportes de nutrientes por fertilización.

En algunas regiones también influye la presencia de napa, su ascenso capilar, tipo y cantidad de sales y profundidad. Además, reconocemos que otras características de los suelos modifican cuánta agua de lluvia ingresa (infiltración y conductividad). De los varios elementos que alteran la captación y el uso del agua algunos tienen un peso relativo mayor dependiendo de la combinación de características de los suelos y del clima.

Identificar y cuantificar estos factores son la base para planteos eficientes de agricultura y de ganadería. Recientemente se han intensificado estos estudios. El propósito es mejorar la eficiencia del uso del agua, considerando no solo los factores que afectan la productividad física sino también aquellos que inciden sobre la productividad económica.

En términos prácticos abundan los estudios para mejorar el conocimiento sobre factores que gobiernan la relación entre transpiración (paso productivo del agua) y evaporación (pérdida del agua a la atmósfera), entre la eficiencia de almacenaje del agua de lluvia en los suelos y la eficiencia de su uso, reconociendo la presencia de napas y atendiendo no solo su profundidad sino la calidad de sus agua.

Al plantear el uso eficiente del agua es clave la elección de los genotipos y su manejo acorde a diferentes regiones o tipos de ambientes. El agua ingresa, se almacena en los poros de los suelos, por donde también crecen las raíces de los cultivos. Al recorrer y estudiar lotes de producción de diferentes regiones he visto crecientes procesos de deterioro en las propiedades físicas de los suelos que reducen el ingreso y el movimiento del agua de los suelos, limitando la eficiencia de aprovechamiento por las plantas y, a la vez, generando excesos que también reducen la producción.

En los mejores lotes entre el 60 y el 70% del agua de lluvia ingresa en el suelo y al perder calidad física esta eficiencia puede reducirse a no más del 40%. Son muchas las decisiones de manejo que llevan a estos problemas, pero también disponemos de alternativas para evitarlos o revertirlos. Algunos requieren atención en el manejo de la maquinaria para evitar excesos de tránsito que genera compactaciones, en particular cuando hay altos contenidos de agua en los suelos.

Al elegir los cultivos manejamos diferentes formas para explorar los suelos y no solo capturar agua y nutrientes sino también, una vez degradados (luego de su ciclo productivo), consolidar los poros por donde circulará el agua y crecerán las raíces de cultivos futuros. En esta línea participo en múltiples grupos de estudio y de extensión para la incorporación de cultivos de cobertura en planteos agrícolas, mayormente en condiciones subhúmedas y semiáridas.

Al aumentar el tiempo con cultivos en activo crecimiento se mejora la cantidad de agua que se captura y es mayor su contribución a la producción. Por un lado, se logran consolidar más poros y por el otro, se reducen las pérdidas por evaporación.

Su contribución se extiende y permiten mejora el manejo de malezas, prevenir perdidas de suelo por viento o por agua, reducir la acumulación de sales y facilitar el ciclado de nutrientes. La integración de diversas herramientas de producción (cultivos, pasturas y sus secuencias) y su manejo contemplando la búsqueda de alta producción es una combinación necesaria para diseñar modelos productivos que logren mejorar la eficiencia de producción del agua.