El mandato de Bolsonaro: cuatro años de crisis y tensiones en Brasil

·4  min de lectura

Durante su mandato, el presidente ultraderechista de Brasil Jair Bolsonaro se mantuvo fiel a su promesa de "deconstruir" el legado de gobiernos anteriores, a la vez que desafió a las instituciones de un país que se ha visto sometido a cuatro años de tensiones constantes.

Este excapitán del ejército mantiene un apoyo popular entre el electorado más conservador, que antepone valores en torno a la familia y Dios y repudia a la izquierda brasileña, a la que asocia a la corrupción y al comunismo.

A menos de un mes de las elecciones, Bolsonaro tiene 32% de las intenciones de voto, detrás del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva (45%), según la última encuesta del Instituto Datafolha.

- Deshacer legados -

Primero "tenemos que deconstruir, deshacer muchas cosas", advirtió Bolsonaro tras llegar al poder en enero de 2019 con un discurso contra la corrupción que había sacudido los anteriores gobierno de izquierda.

El Ministerio de Cultura fue abolido y la educación fue una de las áreas con mayores sobresaltos, con recortes presupuestarios y cuatro ministros.

Este nostálgico de la dictadura militar (1964-1985) dijo que durante los gobiernos anteriores de izquierda la educación se había convertido en una "fábrica de militantes".

Junto a las iglesias evangélicas, cuyo peso se ha reforzado en las esferas de poder bajo su mandato, Bolsonaro llevó a cabo una cruzada contra la enseñanza de la diversidad sexual y de género en las escuelas.

En uno de los países más violentos del mundo, flexibilizó además el porte de armas de fuego y los permisos de posesión se dispararon 474% entre 2018 y 2022.

- Críticas internacionales -

Las tierras indígenas sufrieron 305 invasiones en 2021 - 180% más que en 2018 - y la deforestación de la Amazonía se disparó, en promedio anual, un 75% en comparación con la década anterior, alentada por el debilitamiento de los organismos de vigilancia medioambiental.

Sin embargo, Bolsonaro ha repudiado las críticas de la comunidad internacional, defendiendo la soberanía de Brasil sobre la Amazonía.

La deforestación y su desentendimiento de los esfuerzos globales contra el cambio climático lo fueron apartando de la escena internacional. Su aislamiento se agudizó cuando Donald Trump, un aliado ideológico, perdió la reelección en 2020 en Estados Unidos.

El de Bolsonaro fue "un mandato de destrucción respecto a lo que había sido construido desde el regreso de la democracia", estima Gaspard Estrada, especialista de América Latina en la universidad de Sciences Po de París.

- La "gripecita" del covid -

La segunda mitad de la gestión acentuó la polarización de la sociedad brasileña.

La respuesta a la pandemia del covid-19 hizo caer la popularidad de Bolsonaro, un feroz antivacunas y defensor de remedios sin eficacia científica para tratar el virus.

El negacionismo frente a lo que llamó "una gripecita", responsable de casi 685.000 muertes en Brasil, desató decenas de pedidos de destitución y una comisión parlamentaria recomendó su inculpación por "crímenes contra la humanidad".

Sus partidarios, en cambio, dicen que salvó la economía de lo peor al oponerse a los cierres.

Bolsonaro atacó violentamente a la Corte Suprema y pone en duda la fiabilidad del sistema electoral, estrategia que algunos analistas señalan que podría servirle para desafiar una eventual derrota frente a Lula.

Organizaciones como Human Rights Watch (HRW) deploraron sus ataques a los "pilares de la democracia".

El ultraderechista dio protagonismo a las Fuerzas Armadas al "militarizar el aparato estatal, nombrando a más de 6.000 militares activos o retirados en la administración federal", según Anthony Pereria, especialista en América Latina de la Universidad Internacional de Florida (Estados Unidos).

- Noticias falsas -

Plataformas como YouTube y Facebook retiraron videos del presidente de Brasil por divulgación de noticias falsas en las redes sociales, desde donde se comunica directamente con sus 47,5 millones de seguidores.

Recientemente, aseguró que "el hambre realmente no existe en Brasil", pese a que 33,1 millones de brasileños sufren de falta de comida, según datos de la red PENSSAN.

La mayor economía de América Latina empieza por otro lado a recuperarse tras la pandemia, con cuatro trimestres consecutivos de crecimiento del PIB - 1,2% entre abril y junio -, pero todavía con una inflación de dos dígitos y casi 10 millones de desempleados.

El ministro de Economía, el liberal Paulo Guedes, llevó a cabo una reforma de las pensiones y una serie de privatizaciones, principalmente de puertos y aeropuertos.

Finalmente, el ultraderechista se ha jactado de que su administración está "libre de corrupción".

Sin embargo, su exministro de Medio Ambiente Ricardo Salles es investigado por involucramiento en el tráfico internacional de madera. Milton Ribeiro, ex titular de Educación, estuvo preso brevemente por corrupción y tráfico de influencias.

Para Estrada, la "situación brasileña es distópica". "Estamos fuera de la realidad", concluye.

pt/lg/msi/app/dg