Mamuts, tigres diente de sable y humanos: así era Santa Lucía (y el Edomex) hace miles de años

Ana Estrada

Imagínate que estás parado frente a un paraíso donde cinco lagos se hacían uno, estaba rodeado de montañas enormes y la vegetación era tupida. De pronto pasa por ahí una manada de mamuts, acercándose al agua para refrescarse.

Ahora regresa al presente, ¿qué ves? Máquinas enormes excavando y decenas de personas atentas a lo que hay entre la tierra que están removiendo.

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Esas tierras, a diferencia de hace miles de años, ahora son frías en invierno, secas en verano y se planea que se conviertan en un nuevo aeropuerto.

Pues bien, hace miles de años —unos 10,000 a.C., durante el pleistoceno— en la cuenca de lo que hoy conocemos como el Valle de México pastaban mamuts, venados, una especie de camello, tigres dientes de sable (los científicos le llaman Smilodon) y todos estos animales convivían con humanos.

“Cuando arribaban esos animales, que iban bajando de norte a sur desde la parte más norteña del país, aquí encontraban un nicho ecológico, un ambiente muy propicio para quedarse y recrearse”, explica Pedro Francisco Sánchez Nava, coordinador nacional del INAH.

Después del hallazgo de 60 restos de mamuts en la base aérea de Santa Lucía, donde se construye el Aeropuerto Internacional “General Felipe Ángeles”, entrevistamos al arqueólogo, quien nos contó cómo era la Ciudad de México y el Estado de México durante el pleistoceno.

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Foto: INAH | Cuartoscuro

Foto: INAH | Cuartoscuro

El Valle de México pues… no es un valle

Pues así como se lee: aunque conocemos como Valle de México a la CDMX y alrededores, no es un valle porque no hay una salida natural, en algúúún momento geológico la tuvo hacia el sur, por la salida hacia Morelos, pero ya no.

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Saber esta información no es un detalle menor. Te explicamos:

Como sabes, la CDMX y la Zona Metropolitana están construidas sobre lagos. Durante el pleistoceno había en el sur los lagos de Chalco y Xochimilco, formados por los manantiales del Popocatépetl; al centro el enorme, bello y casi extinto lago de Texcoco; y más hacia el norte los lagos de Xaltocan y Zumpango, en el Edomex.

“Eso es importante porque por esta razón crean un ambiente muy particular esos cinco lagos. En época de lluvias llegaban a ser un solo cuerpo de agua“, explica el doctor Francisco, “por esa razón es un nicho ecológico, un ambiente muy particular y no es raro encontrar fauna pleistocénica, en este caso mamuts”.

¿Y por qué nos importa saber cómo era el no Valle de México en el pleistoceno?

Según explica el arqueólogo, el encontrar los 60 restos de mamuts en la zona de Santa Lucía nos habla de las dinámicas humanas mucho antes de que se formaran civilizaciones complejas.

“Seguramente (los mamuts) formaron parte de la dieta humana, no de una manera excepcional, sino que sí formaron parte de la dieta cotidiana de las comunidades”, dice Pedro Francisco y explica que la prueba de esto son las trampas para mamuts que se hallaron en Tultepec a finales del año pasado.

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“Nos habla también de grupos de cazadores/recolectores —y no recolectores/cazadores— porque seguramente cazaban muchísimo de esta fauna, se proveían de recursos y se organizaban de manera increíble, importantísima, incluso hasta el grado de ritualizar a estos animales”.

Increíble, ¿no?

Y bueno ¿no los están apurando por sacar a todos los mamuts para continuar con la obra de Santa Lucía?

No, en realidad es un poco al revés: los arqueólogos se “adueñaron” momentáneamente de la zona para poder resguardar el hallazgo correctamente, explica Pedro Francisco.

“Estas obras nosotros las vemos como una oportunidad para investigar. A los arqueólogos nos gusta escarbar, entonces esas obras son una oportunidad para investigar y avanzar en el conocimiento, en este caso de restos de fauna pleistocénica en la cuenca de México”, dice.

Actualmente trabajan en la zona 30 arqueólogxs, tres restauradorxs y el líder del proyecto es el arqueólogo Rubén Manzanilla.

Todes buscan recuperar los restos para preservarlos, pero no sólo es “sacar y vámonos”, se les debe dar un tratamiento especial de preservación para poder identificar desde su dieta y enfermedades que pudieron padecer, hasta su tamaño y peso.

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