Lo bueno, malo y feo de la goleada 4-0 de Argentina sobre México

Mauricio Gasca Bobadilla

​ Este martes se llevó a cabo el segundo compromiso de la selección mexicana en la Fecha FIFA y muchos no pudieron creer lo que sucedió, ya que Argentina, con un cuadro sin varios de sus pilares, se llevó el duelo, aplastando al conjunto titular azteca.


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Sin más preámbulos, esto fue lo bueno, malo y feo del compromiso:

Lo bueno

Lautaro Martínez. El delantero del Inter de Milán le demostró al técnico Lionel Scaloni que pueda contar con él en la punta del ataque, pues se hizo sentir con un triplete en el primer tiempo, dejando en evidencia la carencia defensiva del rival, y pudo haber hecho otro si hubiera cobrado la pena máxima, pero esa oportunidad se la dejó a Leandro Paredes.




Adiós a la ​Messi-dependencia. Esta noche La Albiceleste demostró que también puede jugar bien al fútbol sin la necesidad de su máxima estrella, pues el timonel dio la oportunidad a varios jugadores para mostrarse y sin despeinarse para nada, lograron golear a un contrincante que venía haciendo bien las cosas.




Lo malo

Se acabó el invicto de Gerardo Martino. El estratega sudamericano se quedó en once partidos sin conocer la derrota, quedándose cerca de tener la mejor efectividad en un inicio de gestión con el Tricolor, pero ahora tendrá que analizar muchas cosas, sobre los jugadores y su parado táctico rumbo al 1 de octubre cuando se midan a Trinidad y Tobago.



Arbitraje disparejo. Antes de arrancar con la goleada del conjunto de CONMEBOL el silbante hondureño Héctor Martínez se negó a marcar una pena máxima a favor del equipo de CONCACAF pues cuando Raúl Jiménez mandó un centro dentro del área el mediocampista argentino Leandro Paredes metió claramente la mano, pero le tembló al colegiado pitar. Asimismo, en el complemento, ya con el 4-0 en la pizarra, Hirving Lozano fue derribado dentro del área por dos defensores, primero Nicolás Tagliafico le metió la espalda mientras Marcos Rojo lo recibió con los dos brazos arriba, pero nuevamente al árbitro no le dieron ganas de marcar la pena máxima.



La paternidad argentina. Esta era una de las ocasiones más claras para que la Furia Azteca pudiera quitarse la paternidad del combinado sudamericano pero todo quedó en mera ilusión, ya que sólo necesitaron de cuatro llegadas para acabar con todo el ánimo tricolor y de su afición, que era el 90 por ciento de los presentes en el Soldier Field.




Lo feo

La defensa mexicana. Si hay a quien señalar durante el enfrentamiento es a los zagueros centrales Néstor Araujo y Carlos Salcedo, quienes se vieron muy fríos a la hora de marcar a Lautaro. En el primer tanto, el hombre del ​Celta de Vigo se equivocó en la salida y posteriormente entre él, Edson Álvarez y El Titán no pudieron detenerlo y evitar su disparo que tampoco pudo atajar Guillermo Ochoa. De nueva cuenta en el segundo la pelota pasó entre los dos centrales y el formado en ​Cruz Azul en vez de concentrarse en ello alzó la mano pidiendo fuera de lugar. En el tercero el zaguero de ​Tigres metió la mano que provocó el penal y por último, otra vez Araujo, se confió al querer controlar el balón en vez de reventarlo y el argentino acabó por finiquitar el 4-0.



México en sí. Una tristeza el partido que brindó el cuadro del Tata pues los once elegidos no se veían tan mal pero los zagueros traían su fiesta aparte, Jesús Gallardo y Miguel Layún desaparecieron todo el tiempo sin verlos subir a la ofensiva; Héctor Herrera estuvo muy lento y desatinado, lo mismo que El Machín, mientras Jonathan Dos Santos pasó desapercibido; Jesús “Tecatito” Corona quiso hacerlo todo él y no le salió, a Jiménez no le llegaron los balones, El Chucky tampoco fue alimentado de pelotas en la primera parte pero en la segunda intentó hacer algo ante la desesperación; Paco Memo no pudo hacer nada en tres de los tantos y el penal estuvo cerca de atajarlo; finalmente, Marco Fabián y Carlos Rodríguez entraron de cambio pero no hicieron gran diferencia. Lo peor de todo, no crearon peligro alguno en el arco de Esteban Andrada, quien ni siquiera se despeinó.