Malestar por las demoras y la desorganización en La Matanza

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Largas colas para votar en varias escuelas de La Matanza
Ignacio Sánchez

El día electoral en el partido de La Matanza arrancó con dificultades y retrasos. Las instituciones educativas habilitadas para votar en este distrito, el más populoso de la provincia de Buenos Aires, dispusieron de los protocolos requeridos por la pandemia Covid-19, aunque en muchos de los establecimientos la gente comenzó paulatinamente a copar la calles con colas interminables, al no permitirse el ingreso de más de cinco personas a la vez.

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“Se atrasó el Correo en la entrega de boletas, entonces hubo algunos colegios que no pudieron arrancar a las 8”, dice a LA NACION una fiscal de mesa que llega a la Escuela N°1 Mariano Moreno de San Justo, ubicada frente a la plaza San Martín de esa localidad.

Raúl, un jubilado de avanzada edad que se moviliza en silla de ruedas, llega pasadas las 9:30 con su hijo Adolfo a bordo de una camioneta. Estacionan a 90 grados y no tardan más de 5 minutos en realizar todo el trámite. “Mi señora votó a las 8:15, ahora yo lo traje a él. Nos bajaron la urna para que pudiera votar sin problema”, indica Adolfo, mientras otras 50 personas están esperando su turno para ingresar a votar, en seis filas distintas que avanzan con lentitud.

Largas colas para votar en varias escuelas de La Matanza
Ignacio Sánchez


Largas colas para votar en varias escuelas de La Matanza; aquí, en el establecimiento Marino Moreno (Ignacio Sánchez/)

Más complicado es el panorama que se vive en la Escuela Bartolomé Mitre, entre las calles Salta y Entre Ríos, donde cerca de las 10, más de 150 personas se encuentran desperdigadas para poder sufragar en las únicas cuatro mesas habilitadas. La cuadra -como todas- se encuentra cortada al tránsito vehicular, y algunos automovilistas manifestaron su malestar con improperios contra los agentes municipales que desvían la circulación.

Otro colegio privado de la zona, el “Santa María” ubicado en Madrid al 2700, sólo tiene tres mesas habilitadas, y por cómo está marcada la señalización la gente debe hacer fila en la vereda. La cola se extiende por casi una cuadra, y la gente protesta. “Hace más de 20 minutos que esto no se movió ni un metro, tengo a mi nena en la casa esperándome. Me parece que me voy y no voto nada”, dice con convicción una mujer de unos 30 años, visiblemente ofuscada por la situación.

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Con 91 años, Miguel Ángel Costilla llega a bordo de un vehículo acompañado de su hijo Leandro. Muestra con orgullo su DNI que conserva desde hace más de medio siglo, de color marrón, y con signos ineludibles del paso del tiempo. “Este lo trae siempre, igual vota con el DNI tarjeta. Me parece bien que se vote, Covid o no Covid es un deber y hay que hacerlo”, manifiesta el hijo del nonagenario, mientras lo acompaña a la puerta del colegio caminando, y lo hacen ingresar sin esperar hacia el cuarto oscuro.

“Se demoró porque vinieron a desinfectar y no entran más de cinco personas juntas, de todos modos yo veo bien que se vote hoy”, expresa Leandro, un joven de 30 años de Villa Luzuriaga mientras desata su bicicleta de un poste para dirigirse a la Escuela N°12, donde debe cumplir de fiscal.

Miguel Ángel Costilla, de 91 años, votó en la escuela 142, en La Matanza
Ignacio Sánchez


Miguel Ángel Costilla, de 91 años, votó en la escuela 142, en La Matanza (Ignacio Sánchez/)

En la Escuela N°15 “José Hernández” de Isidro Casanova, cerca de las 11:30, se replica el mismo escenario: más de un centenar de personas amontonadas haciendo cola en la calle, con la particularidad que los números de mesa habilitadas en esta institución fueron escritos con tiza en el asfalto. “Hay gente grande que no puede estar mirando el piso, no hay distanciamiento. Yo sufro de hipertensión, y vine a esta hora porque supuestamente de 10:30 a 14:30 decían que iba a haber prioridad”, cuestiona Héctor, de 63 años.

Es la primera vez desde Raúl Alfonsín que me pasa el no saber a quién votar, nadie propone nada. Todos se tiran con todo, de un lado del otro, pero no hay propuestas”, enfatiza vehementemente María Eva, un mujer de 60 años de Villa Luzuriaga, cuando le restan dos lugares para poder entrar al cuarto oscuro en esa escuela. Por delante suyo está Damián, de 38 años, de San Justo. “Tuve 55 minutos de espera para entrar”, se queja.

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