El magnate, la villa y la enemistad que llevaron a un caso de violación

Kim Barker, Catherine Porter and Grace Ashford
Una escultura de cobras vistas desde la puerta de la propiedad de Peter Nygard en Lyford Cay en Nassau, Bahamas, Oct. 6, 2019. (Elizabeth D. Herman/The New York Times)

Este palacio en las Bahamas tenía un templo maya falso, esculturas de serpientes que expulsaban humo y una discoteca con un tubo para striptease. El propietario, Peter Nygard, ejecutivo canadiense del mundo de la moda, no dudaba en lucir su propiedad en programas de televisión como “Lifestyles of the Rich and Famous” y organizar ruidosas fiestas en la playa, siempre en compañía de mujeres jóvenes, incluso adolescentes.

En contraste, el vecino de al lado, Louis Bacon, un multimillonario estadounidense dedicado a los fondos de cobertura, tenía un espacioso lugar de descanso con un área de césped para jugar cróquet. Bacon prefería cazar solo, con flecha y arco, en vez de asistir a fiestas alocadas. La rara vez que su nombre se mencionaba en la prensa, por lo regular lo describían como una persona reservada.

Estos vecinos casi no tenían nada en común, con excepción de su inmensa riqueza y el área de acceso a sus mansiones. Entonces, el palacio de Nygard sufrió un incendio y, cuando las autoridades le negaron el permiso para reconstruir, culpó a Bacon. A partir de ese momento, comenzó una batalla épica en la que han gastado hasta ahora decenas de millones de dólares y que los ha motivado a presentar por lo menos veinticinco demandas en cinco jurisdicciones. Nygard, de 78 años, ha hecho correr distintos rumores sobre Bacon, desde que utiliza información privilegiada, hasta que es un asesino y miembro del Ku Klux Klan. Por su parte, Bacon, de 63, acusó a Nygard de planear su asesinato.

En especial, la acusación más reciente ha generado un escándalo: algunos abogados e investigadores pagados en parte por Bacon afirman que Nygard violó a chicas adolescentes en las Bahamas.

Este mes, abogados de Nueva York promovieron demandas independientes en el fuero federal en representación de diez mujeres que acusan a Nygard de abuso sexual. Según se argumenta en la demanda, Nygard utilizó su empresa, Nygard International, así como a sus empleados, para atraer a víctimas jóvenes y hacerlas consumir una gran cantidad de alcohol y drogas. También efectuó pagos a oficiales de policía de las Bahamas para que hicieran desaparecer reportes, compartió mujeres con políticos locales e hizo que algunas víctimas le consiguieran “carne fresca”, según la demanda. Un vocero de Nygard negó las acusaciones.

The New York Times realizó entrevistas durante varios meses con decenas de mujeres y exempleados, quienes describieron las estrategias utilizadas para atraer a supuestas víctimas al hogar de Nygard en las Bahamas con promesas de oportunidades de modelaje o experiencias de lujo.

“Se aprovecha de las hijas de los pobres”, comentó Natasha Taylor, quien trabajó ahí durante cinco años.

Sin embargo, esta historia no para con las acusaciones de abuso. También ha demostrado cuán poderosos pueden ser dos hombres ricos en una pequeña nación en desarrollo en la que el salario mínimo es de solo 210 dólares por semana. En conjunto, los activos de Nygard y Bacon equivalen casi a la misma cantidad que el presupuesto anual del gobierno de las Bahamas, un archipiélago que se encuentra frente a las costas de Florida y tiene centros vacacionales de lujo que contrastan con los barrios pobres del país.

Su enfrentamiento se convirtió en una industria de lo más redituable para los oportunistas.

Investigadores y abogados relacionados con Bacon les ofrecieron a colaboradores de Nygard incentivos generosos para reunir pruebas de los abusos del canadiense (joyería Cartier, un salario regular o la renta de todo un año en una comunidad con vigilancia, según documentos y entrevistas). También se entregaron pagos más reducidos a algunas de las personas que presentaron las acusaciones, lo que podría afectar su credibilidad en cualquier investigación o caso llevado a juicio.

Nygard aprovechó su riqueza para intimidar a sus críticos y comprar aliados. Hizo que sus empleados firmaran convenios de confidencialidad y demandó a aquellos que creía que habían hablado. Varias mujeres afirmaron que les había dado dinero después de tener relaciones sexuales para comprar su silencio. Además, pagó decenas de miles de dólares a varias personas para que hicieran declaraciones que pudiera utilizar contra Bacon en juicios, según consta en documentos judiciales, entrevistas y estados de cuenta bancarios.

Algunas mujeres dijeron que se sentían explotadas por ambos hombres: Nygard por sexo y Bacon para obtener algo en contra de su enemigo.

“Están arruinando la vida de las personas por su pleito”, opinó Tamika Ferguson, quien dice que Nygard la violó cuando tenía 16 años. Añadió que planeaba unirse a la demanda.

El Times entrevistó a todas las mujeres que decidieron participar en la demanda, cuyos nombres no se especifican para proteger su privacidad. Algunos periodistas dialogaron también con otras cinco mujeres que acusaron a Nygard de haber abusado sexualmente de ellas en las Bahamas cuando eran adolescentes. Tres dijeron que cuando sucedió eran menores de 16 años, la edad legal de consentimiento en ese país, pero dos se retractaron más tarde y confesaron que les habían ofrecido dinero y las habían ayudado a inventar sus historias.

No es la primera vez que Nygard, cuya empresa vende ropa para dama en sus propios establecimientos y en las tiendas departamentales Dillard’s, ha sido acusado de delitos sexuales. En cuatro décadas, nueve mujeres en Canadá y California lo han demandado o lo han denunciado ante las autoridades. Nunca se le ha declarado culpable.

Nygard rechazó varias solicitudes de una entrevista. Uno de sus abogados señaló que “nunca ha tratado indebidamente a una mujer” y que las acusaciones son “mentiras pagadas”.

Ken Frydman, su vocero, negó todas las acusaciones.

Tamika Ferguson, cuyo rostro no ha sido fotografiado porque ella no quiere ser reconocida, delante de una ventana en Nassau, Bahamas, Feb. 6, 2020. (Elizabeth D. Herman/The New York Times)

Bacon, fundador de Moore Capital Management, empresa con oficinas en Nueva York, aseveró que se sintió obligado a hacer algo después de enterarse de sospechas de que su vecino había cometido abusos sexuales. Sus colaboradores se han dedicado dos años a buscar mujeres interesadas en presentar cargos en contra de Nygard.

“Más que cualquiera, yo sé muy bien qué se siente que este tipo te ataque”, afirmó Bacon en una entrevista. “Así que me siento muy mal por esas mujeres”.

La ‘Octava Maravilla’

El palacio de Nygard, Nygard Cay, era diferente a todas las demás construcciones de Lyford Cay, una de las comunidades más exclusivas en las Bahamas. Su mansión parecía salida de Las Vegas.

Se refería a ella como la “Octava Maravilla del mundo”: un lujoso lugar de esparcimiento con esculturas de leones rugientes y un acuario humano en el que mujeres con el pecho descubierto nadaban con cola de sirena.

Nygard, quien nunca ha negado ser un mujeriego y en alguna ocasión comentó que el tiempo que intentó ser célibe “fueron los peores veinte minutos” de su vida, prefería llevar su cabello cano largo y sus camisas abiertas. Viajaba con todo un séquito de modelos y mujeres que decían ser “novias pagadas”, salía con mujeres que aparecían con frecuencia en los tabloides, como Anna Nicole Smith, y concibió al menos diez hijos con ocho mujeres. Nygard decidió ser una especie de conejillo de Indias humano, pues quería probar un método para retrasar el envejecimiento con inyecciones de células madre y habló también de clonarse, según una amistad cercana.

Muchas tardes de domingo en su propiedad de las Bahamas, Nygard organizaba fiestas en las que agasajaba a sus invitadas con masajes, manicures y paseos a caballo gratis, además de todo el alcohol que quisieran. El magnate exigía que no le faltaran posibles parejas sexuales, según seis exempleados que relataron cómo buscaban mujeres jóvenes en tiendas, clubs y restaurantes.

Sus empleados lograron reunir una lista de invitadas con más de setecientos nombres, la cual se dio a conocer al Times. Algunos exempleados dijeron que tomaban fotografías de las invitadas al llegar y subían las imágenes al sistema para que su jefe las viera. Se suponía que solo debían dejar pasar a las invitadas jóvenes, delgadas y con traseros voluptuosos (que Nygard llamaba “toilet”), según lo que dicen los exempleados, entre ellos Taylor (pidió que se usara su nombre de soltera para evitar que se conozca su relación con Nygard Cay).

Cuando la fiesta estaba en su apogeo, relataron los exempleados y novias, persuadían a las adolescentes y jóvenes de ir a la recámara de Nygard, para lo cual algunas veces usaban alcohol y drogas.

Nygard, valuado en alrededor de 750 millones de dólares en 2014 por la revista Canadian Business, combinaba su vida profesional con la personal. Literalmente, vivía en el trabajo. Un artículo noticioso publicado en 1980 describía un área de su oficina en Winnipeg, la ciudad de Manitoba donde creó su empresa, como un “rincón del amor” con espejos en el techo y un sofá que se transformaba en cama con solo “presionar un botón”.

Durante años, se le acusó en varias ocasiones de exigirles a sus empleadas satisfacer sus deseos sexuales. No solo están los casos de las nueve mujeres de Winnipeg y Los Ángeles que acusaron a Nygard de acoso o abuso sexual, sino que el Times habló con otras diez que afirmaron que les propuso tener relaciones sexuales, las tocó de manera indecente o las violó. Solo una de ellas se incorporó a la demanda.

Duelo de titanes

En 2009, Nygard Cay quedó envuelto en llamas, que causaron daños a varias cabañas, el salón principal y la discoteca. El departamento de bomberos determinó que el incendio había sido accidental, quizá causado por una falla eléctrica. Pero algunos empleados de Nygard Cay dijeron que su jefe culpaba a Bacon, un ardiente ecologista que había acusado a Nygard de extraer arena ilícitamente para crear una playa nueva.

El gobierno se rehusó a otorgarle a Nygard permiso para reconstruir. En unos cuantos días, había estallado la guerra.

Nygard demandó a su vecino por cambios que había hecho varios años antes a la vía de acceso. Después demandó al gobierno, pues argumentó que se encontraba coludido con Bacon para obligarlo a abandonar la isla.

The Mall at Marathon en Nassau, Bahamas, Oct. 5, 2019. Aquí hubo alguna vez una tienda de Nygard donde supuestamente eran reclutadas jóvenes para las fiestas del empresario. (Elizabeth D. Herman/The New York Times)

Nygard resultó un contrincante formidable. Invitó a comer a oficiales de policía y periodistas locales, uno de los cuales admitió más tarde ante el tribunal que Nygard le había pagado para que esparciera rumores negativos sobre Bacon. Nygard también tenía aliados en el Partido Liberal Progresista, y esperaba que le ayudaran a legalizar las inyecciones de células madre. Alardeaba de haber hecho un donativo de cinco millones de dólares al partido durante la campaña electoral de 2012, una acción legal, puesto que Bahamas no tiene ningún tipo de legislación aplicable al financiamiento de las campañas. Después del triunfo del partido en las elecciones, un canal de Nygard en YouTube publicó un video que mostraba que seis ministros habían visitado su mansión.

Bacon, por su parte, resultó un adversario excepcional. Sus propiedades estaban valuadas en más del doble que las de Nygard.

Ayudó a crear una organización sin fines de lucro llamada Save the Bays, cuyo objetivo es identificar abusos ambientales, empezando por el de Nygard Cay. Fred Smith, un destacado abogado defensor de los derechos humanos, se unió a la causa.

Bacon y su hermano mayor, Zack, contrataron a un pequeño ejército de abogados e investigadores privados, incluidos veteranos del FBI y Scotland Yard. Convencieron a algunos de los aliados de Nygard de que les consiguieran pruebas para presentar una demanda por difamación, lo que hicieron en 2015. Promovieron sus propios juicios y pagaban bien.

La cacería

Los hermanos Bacon dijeron haberse sentido inquietos después de escuchar relatos sobre la costumbre de Nygard de tener relaciones sexuales con adolescentes. A finales de 2015, contrataron a TekStratex, una nueva empresa de seguridad de Texas, con el propósito de ejercer presión sobre las autoridades estadounidenses para lograr que lo investigaran por tráfico sexual.

El dirigente de la empresa, Jeff Davis, le dijo a Zack Bacon que había trabajado diez años para la CIA, entre otras cosas, en un programa designado “fantasma”, según recuerda Bacon.

Por desgracia, Davis resultó ser un fraude. Su profesión anterior no había sido de espía, sino de vendedor de automóviles, y tenía todo un historial de deudas y negocios fracasados. Los hermanos Bacon le habían entregado unos seis millones de dólares. “Lo despedí”, dijo Zack Bacon.

Al poco tiempo se concentró en una demanda, con la esperanza de aprovechar el movimiento #MeToo, y contrató a “los abogados más agresivos del mundo”, aseveró Zack Bacon en una grabación que obtuvo el Times.

Para el verano pasado, Smith y los investigadores privados habían presentado a unas quince mujeres de Bahamas con abogados estadounidenses del despacho DiCello Levitt Gutzler. Planeaban promover una acción en Nueva York, donde se encuentran las oficinas centrales del corporativo de Nygard. Su retrato se puede ver fuera de una tienda insignia cerca de Times Square, con todo y sus musculosos brazos cruzados.

‘Un regalo de nuestro jefe’

Desde hace años, Nygard ha insistido en que Louis Bacon le pagaba a la gente para decir mentiras sobre él. El gestor de fondos de cobertura afirma que no es cierto.

El problema es que su equipo creó vulnerabilidades, pues entregó dinero y obsequios a testigos y mujeres que lo acusaron en Bahamas, según descubrió el Times. Bacon y su hermano dijeron desconocer que se hubieran efectuado pagos o entregado obsequios, y afirmaron tener confianza en el profesionalismo de Smith.

Los abogados e investigadores de las Bahamas no recibieron pagos directamente de los Bacon. Los pagos provinieron de una organización sin fines de lucro creada por Smith, llamada Sanctuary, cuyo objetivo es apoyar a víctimas de abuso sexual; tanto él como Bacon hicieron donativos considerables a la organización.

Louis Bacon, fundador y director ejecutivo de Moore Capital Management, en sus oficinas de Nueva York, el 26 de septiembre de 2019. (Elizabeth D. Herman/The New York Times)

“Le están dando material a la defensa”, indicó Jeanne Christensen, abogada de Nueva York que se especializa en acoso sexual.

Los investigadores privados y Smith recompensaron a dos testigos que encontraron a supuestas víctimas: Litira Fox, antigua novia de Nygard que dice haber conseguido mujeres para él, y Richette Ross, ex terapeuta masajista en Nygard Cay, quien afirma haber hecho lo mismo. A través de un vocero, Nygard declaró que no recuerda a Fox y que ninguna de ellas le consiguió mujeres.

Las acusadoras recibieron pagos más pequeños. Fox, que ganaba 2000 dólares al mes, dijo haberles dado parte de ese dinero a las mujeres que llevó a las reuniones con abogados e investigadores, por lo regular doscientos dólares por visita. Smith reconoció haberles dado unos mil dólares en conjunto a cuatro o cinco supuestas víctimas, y aclaró que había sido para cubrir sus gastos y el tiempo dedicado.

“¡Qué absurdo, claro que no les voy a dar cien dólares para que mientan!”, exclamó.

Algunos obsequios fueron más significativos. Deidre Miller mencionó que Fox la invitó al centro vacacional de lujo Baha Mar en agosto de 2018 para reunirse con los investigadores. Fue una testigo valiosa; más adelante le dijo al Times que había salido varios años con Nygard y que había visto a dos adolescentes en su cama, una con uniforme escolar.

Después, según relató Miller, los investigadores la llevaron junto con Fox a la tienda Cartier del lugar. Dijo que ahí le compraron a cada una un juego de pulsera y collar de oro de 18 quilates con un valor de 9350 dólares. Miller mostró una fotografía del recibo, aunque el hombre cuyo nombre aparecía en él negó haber hecho la compra.

“Dijo algo así como: ‘Es un regalo de nuestro jefe’”, recordó Miller. “Dijeron que trabajaban para Louis Bacon”.