Un magnate ruso criticó la guerra y este fue el castigo que le llegó al día siguiente

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Oleg Tinkov en Moscú, el 17 de febrero de 2004, cuando era conocido como el
Oleg Tinkov en Moscú, el 17 de febrero de 2004, cuando era conocido como el "Oligarca de la Cerveza" de Rusia. (Sergei Kivrin/The New York Times).

Oleg Y. Tinkov tenía una fortuna de más de 9000 millones de dólares en noviembre y era conocido como uno de los pocos magnates rusos artífices de su propio éxito, tras haber amasado su fortuna gracias a las industrias de la energía y los minerales, que eran el campo de acción de la cleptocracia rusa.

El mes pasado, Tinkov, fundador de uno de los bancos rusos más importantes, criticó la guerra en Ucrania en una publicación de Instagram. Comentó que, al día siguiente, el gobierno del presidente Vladimir Putin se puso en contacto con sus ejecutivos y amenazó con nacionalizar su banco si este no terminaba su relación con él. La semana pasada, vendió su participación del 35 por ciento a un multimillonario minero ruso en lo que describe como una “venta desesperada, una venta de liquidación” que el Kremlin lo obligó a realizar.

“No pude negociar el precio”, señaló Tinkov. “Era como un rehén: aceptas lo que te ofrezcan. No podía negociar”.

El domingo, Tinkov, de 54 años, habló vía telefónica con The New York Times desde un lugar que no quiso revelar; fue su primera entrevista desde que Putin invadió Ucrania. Afirmó que había contratado guardaespaldas después de que unos amigos con contactos en los servicios de seguridad rusos le dijeron que debía temer por su vida y bromeó diciendo que, aunque había sobrevivido a la leucemia, quizá “el Kremlin me mate”.

Caída

Se trató de un cambio rápido y sorpresivo para un multimillonario que durante años había evitado enfrentarse a Putin y se presentaba como independiente del Kremlin. Su caída pone de manifiesto las consecuencias a las que se enfrentan los miembros de la élite rusa que se atreven a desafiar a su presidente y ayuda a explicar por qué no ha habido más que silencio por parte de los líderes empresariales que, según Tinkov, están preocupados por el impacto que la guerra podría tener en sus estilos de vida y sus carteras.

De hecho, Tinkov aseveró que muchos de sus conocidos de la élite empresarial y gubernamental le dijeron en privado que estaban de acuerdo con él, “pero todos tienen miedo”.

En la entrevista, Tinkov se pronunció más enérgicamente contra la guerra de lo que lo ha hecho cualquier otro gran líder empresarial ruso.

“Me he dado cuenta de que Rusia, como país, ya no existe”, dijo Tinkov y predijo que Putin se mantendría en el poder durante mucho tiempo. “Yo creía que el régimen de Putin era malo, pero, por supuesto, no tenía ni idea de que iba a crecer a una escala tan catastrófica”.

El Kremlin no respondió a una solicitud de comentarios.

Tinkoff, el banco que Tinkov fundó en 2006, negó su descripción de los hechos y declaró que no había habido “ningún tipo de amenaza contra los líderes del banco”. La institución bancaria, que anunció el jueves pasado que Tinkov había vendido toda su participación en el banco a una empresa dirigida por Vladimir Potanin, un magnate minero cercano a Putin, pareció distanciarse de su fundador.

“Oleg no ha estado en Moscú desde hace muchos años, no ha participado en la vida de la empresa y no ha estado involucrado en ningún asunto”, declaró Tinkoff en un comunicado.

Su defensa

Tinkov también ha tenido problemas en Occidente. El año pasado, aceptó pagar 507 millones de dólares para resolver un caso de fraude fiscal en Estados Unidos. En marzo, el Reino Unido lo incluyó en una lista de sanciones contra la élite empresarial rusa.

“Estos oligarcas, empresas y matones a sueldo son cómplices del asesinato de civiles inocentes y es justo que paguen el precio”, declaró en aquel entonces la ministra de Asuntos Exteriores, Liz Truss.

No obstante, Tinkov está considerado como un pionero de los negocios rusos, que ha formado su capitalismo disidente siguiendo el ejemplo de Richard Branson y que ha pasado de ser un cervecero irreverente a fundador de uno de los bancos en línea más sofisticados del mundo. Dice que nunca ha puesto un pie en el Kremlin y en ocasiones ha criticado a Putin.

Pero, a diferencia de los magnates rusos que hace años rompieron relaciones con Putin y ahora viven en el exilio, como el exmagnate del petróleo Mijaíl B. Jodorkovsky o el empresario del sector tecnológico Pavel Durov, Tinkov encontró una manera de coexistir con el Kremlin y ganar miles de millones de dólares, al menos hasta el 19 de abril.

Fue entonces cuando Tinkov escribió una emotiva publicación antibélica en Instagram, en la que calificaba la invasión de “locura” y se burlaba del Ejército ruso: “¿Por qué tendríamos un buen ejército [...]”, cuestionó, si todo lo demás en el país es disfuncional “[...] y está sumido en el nepotismo, el servilismo y la sumisión?”.

Los rusos partidarios de la guerra publicaron en redes sociales fotografías de sus tarjetas de débito Tinkoff cortadas. Vladimir Solovyov, un destacado presentador de la televisión estatal, lanzó una diatriba contra él y declaró: “Tu conciencia está podrida”.

En ese momento, Tinkov ya estaba fuera de Rusia, pues se marchó en 2019 para recibir tratamiento contra la leucemia. Más tarde, renunció y cedió el control de Tinkoff, pero mantuvo una participación del 35 por ciento en la compañía, que fue valorada en más de 20.000 millones de dólares en la bolsa de Londres el año pasado.

Oleg Tinkov en 2019. REUTERS/Maxim Shemetov
Oleg Tinkov en 2019. REUTERS/Maxim Shemetov

Tinkov comentó que estaba agradecido con Potanin, el magnate de la minería, por permitirle salvar al menos algo de dinero de su empresa; dijo que no podía revelar el precio, pero que había vendido al tres por ciento de lo que consideraba el valor real de su participación.

“Me obligaron a venderla por mis declaraciones”, comentó Tinkov. “La vendí por kopeks [centavos]”.

Había estado considerando vender su participación de cualquier manera, dijo Tinkov, porque “mientras Putin esté vivo, dudo que vaya a cambiar algo”.

“No creo en el futuro de Rusia”, concluyó. “Y lo más importante es que no estoy dispuesto a asociar mi marca y mi nombre con un país que ataca a sus vecinos sin ninguna razón”.

© 2022 The New York Times Company

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