Maestros en barca o por radio para llegar a todos en la Argentina rural

Buenos Aires, 16 jun (EFE).- Varios maestros de zonas rurales de Argentina se las han ingeniado para, ya sea llevando la tarea a pie o en barca, e incluso a través de la radio, que sus alumnos más incomunicados sigan recibiendo clases en medio de la cuarentena por el coronavirus, y mantener un contacto personal que en ocasiones se torna clave para el bienestar de los escolares más vulnerables.

Porque si algo está sacando a la luz el famoso virus es la desigualdad entre las grandes ciudades y los núcleos rurales de países donde la pobreza asola a gran parte de su sociedad: en el caso de Argentina y su vasto territorio, a más de un tercio de su población, con mayor incidencia en las regiones del norte.

"Me hubiese lamentado mucho si sabía que podía haber dado algo más y no lo hice", cuenta a Efe Daniel Bruno, profesor de lenguaje artístico y comunicacional en la escuela de Colonia Pando, en la provincia de Corrientes, a la que antes de la pandemia llegaba para dar clase haciendo en su camioneta los 33 kilómetros de camino de ripio que la separan de San Roque, la ciudad donde vive.

TRES MESES DE PUPITRES VACÍOS

La suspensión de las clases a finales de marzo, cuando comenzó una cuarentena que todavía sigue, partió por la mitad la rutina de este inquieto docente y periodista de 53 años. Y aunque podía haber esperado a que todo volviera a la normalidad, no se amedrentó y decidió crear un grupo de Whatsapp para distribuir tareas a sus 44 alumnos, provenientes de diversos pueblos.

Pero solo 27 se conectaban. El resto, o no tenían señal, o no podían acceder a un celular: "La conectividad es un tema muy complicado, porque si bien hay un servicio que está comenzando a nacer de internet, no todo el mundo tiene en Colonia Pando. Y en otros puntos, directamente la gente no lo tiene", lamenta.

Por tanto, algo más había que hacer. "¿Qué les parece si comenzamos a dar clases por radio?", propuso. Y así, casi sin planearlo, adelantó un proyecto que hacía tiempo rondaba en su cabeza: Usar las ondas de la emisora en la que trabaja, que llegan donde internet no puede, para ayudar a adultos que no pudieron acabar sus estudios primarios.

Y de momento, la experiencia con sus alumnos, la mayoría hijos de productores que ayudan a los padres con las labores del campo cuando no están en la escuela, está siendo positiva.

"A un alumno con problemas serios en su casa hoy lo vemos muy integrado y es una de las personas que más participa. Motivado a tal punto que tiene aspiraciones de seguir estudiando", dice el maestro, que de vez en cuando lleva a los escolares cuadernillos casa por casa, para preparar los contenidos del programa semanal, entre cuyos oyentes también están familiares y otros vecinos de la zona.

A PIE, MANEJANDO Y EN CANOA

Miriam Dure maneja su auto, camina y navega en barca para llevar a los alumnos del colegio que dirige en la inhóspita isla La Invernada, en la provincia de Entre Ríos, frente a la ciudad de Rosario, los cuadernos educativos para usar durante el confinamiento que editó el Gobierno argentino -que también impulsa contenidos a través de internet y la radio y la televisión públicas-, además de bolsones de alimentos del comedor escolar.

"Lo que más extraño es tener el contacto con los chicos. Somos una familia", reconoce a Efe la docente, que cada dos semanas realiza un insólito viaje que ha tenido un gran eco en la prensa de su provincia.

"Debo salir de la isla en una piragua, después caminar y del otro lado tengo que coordinar porque esta el río Paraná, que cruzan los barcos de ultramar y no se puede dejar una embarcación porque es peligroso. Me busca alguien de Rosario, y ahí voy hasta el arroyo Ludueña. Lo hacemos a remo y de ahí camino a una cochera donde guardo mi camioneta y puedo viajar a la ciudad de Victoria", donde está el material para repartir, explicó Dure en una televisión local.

Un trayecto que le lleva aproximadamente dos horas, en las que siempre va cargada, pero que hace con amor y convencida de que la educación es fundamental para los 28 alumnos del colegio, hijos de pescadores y cuidadores de casas de fin de semana que con la cuarentena no están trabajando.

Así y todo, Miriam afirma que este no es el peor momento con el que se ha encontrado desde que recaló en ese colegio, hace casi dos décadas: en 2009, un tornado voló el techo de la escuela.

LA DESIGUALDAD EN AUMENTO

Si bien hace tiempo que introduce en sus clases las nuevas tecnologías, ha sido ahora cuando Víctor Daniel Vallejo, profesor de economía de menores y adultos en cinco centros educativos de la provincia de Salta -dos de ellos en pequeños núcleos rurales-, ha visto más de frente los efectos de la desigualdad.

"Después de filmar unos videos (formativos), le digo a mi esposa: 'está bueno esto, porque ayuda a que muchos lo entiendan, pero sigo quedando insatisfecho porque sé que hay chicos que no lo van a poder ver'. Entonces, como una expresión de deseo, le digo: 'tenemos que buscar otra forma, sería bueno algún medio como la radio'", evoca.

Y ahí se volvió crucial a figura de Marissa Rosas, su mujer, después de que esta contara en las redes sociales la preocupación de su esposo por llegar a todos sus alumnos. Un mensaje que se hizo viral y llegó al encargado de una radio, que decidió ceder un espacio semanal en su emisora de manera gratuita.

"Por experiencia sé que a los chicos de las zonas rurales les gusta escuchar programación de radio", cuenta Vallejo, quien con la ayuda de su pareja, que en su adolescencia fue locutora radiofónica, se puso delante del micrófono para enseñar economía y administración de empresas, mezclándolo con píldoras musicales y saludos de los oyentes.

Es ahora, en momentos de incertidumbre, cuando la educación ejerce un poder clave, más aún si, como revela el docente, se suma la falta de trabajo y casos de violencia familiar.

"Tristemente nuestro departamento, General Güemes, tiene un alto índice de suicidio juvenil. Algo que siempre nos llamó la atención como docentes es que ocurre generalmente cuando los chicos no están en la escuela, o en vacaciones", lamenta.

Víctor, Daniel y Miriam son solo tres de los muchos profesores que, de norte a sur de Argentina, han ideado iniciativas similares y demostrado no estar dispuestos a que el virus acabe con las ilusiones de los jóvenes.

"Esperamos que esto de verdad contagie, que otros docentes tomen también la misma iniciativa y no bajen los brazos", concluye Marissa sin dejar de lado su esperanzadora sonrisa.

(c) Agencia EFE