Maduro aprovecha el diálogo para intentar lavar su imagen internacional

Daniel Lozano

CARACAS.- La "exploración" del Grupo de Contacto no encontró ningún tesoro en Venezuela, y eso que sus "facilitadores" son los que más habían avanzado en el territorio de lo casi imposible. Europeos y latinoamericanos se reunieron en Caracas durante 48 horas con "todos los actores" en busca de una "solución pacífica, democrática y entre venezolanos". La "única salida", insisten desde Bruselas para dejar claro que están en contra de una intervención extranjera y que apuestan por la celebración de unas elecciones libres y democráticas.

Pero lo único que hallaron los "exploradores" del Grupo de Contacto fue la "predisposición" de ambas partes a seguir en los diálogos, que incluso es más de lo avanzado en la "fase exploratoria" de Oslo con los mediadores noruegos, pese al revuelo armado con la filtración interesada de esos encuentros.

Un ritmo de "morrocoy" (tortuga) que contrasta con el galope desbocado del derrumbe nacional. Los viceministros y enviados de la Unión Europea (España, Francia, Italia, Alemania, Gran Bretaña, Suecia, Países Bajos y Portugal) más Uruguay, Costa Rica, Ecuador y Bolivia recibieron además una masterclass revolucionaria, impartida por Nicolás Maduro en su primer encuentro. En ese momento, el "hijo de Chávez" ya tenía un objetivo principal: lavar su imagen ante el mundo, una operación apoyada por sus aliados.

Rusia, China e incluso Cuba han aplaudido los "espacios abiertos para el diálogo". El juego es el mismo en todos los casos: ayudar a que su socio supere la fase crítica actual. En embajadas y cancillerías se insiste en la necesidad de convocar unas elecciones, algo que las dos partes en conflicto no desechan en principio. El gran problema está en que esas elecciones no se parecen en nada dependiendo de quién las plantee: para el gobierno es una forma de ganar tiempo, y para la oposición solo son posibles si vienen precedidas del cese de la usurpación y de un gobierno de transición, como repite Juan Guaidó siempre que puede.

"La [elección] que viene es de la Asamblea Nacional [Parlamento]", aclaró Maduro a los más incautos este fin de semana, tras asegurar que él ha llamado al diálogo 600 veces (hoy cumple 2190 días al frente del país) y que el chavismo ganaría hoy "con votos". Algo muy alejado de la realidad, según la última encuesta de Delphos: Guaidó cuenta con un apoyo del 59%, frente al 15% de Maduro.

Las cifras, por sí solas, explican por qué los comicios presidenciales en igualdad de condiciones que exigen oposición y sus 55 aliados del mundo no figuran en la hoja de ruta bolivariana. La realidad es de tal envergadura que Maduro solo negociará si es a la fuerza y en contra de su voluntad inicial.

Mientras ese momento llega (o no), el "hijo de Chávez" no dudó en usar ambos encuentros para lavar su maltrecha imagen internacional, el primer objetivo que se impuso la semana transcurrida. De paso también agitó el avispero opositor, otra especialidad revolucionaria.

La sospechosa filtración del encuentro en Oslo, procedente de las filas opositoras más cercanas al gobierno (las que participaron en las elecciones presidenciales de mayo de 2018), obligaron a Guaidó a activar su plan para reducir daños. Negociación es una palabra tabú entre las filas opositoras, tras seis años de engaños y desconfianza. Todos los diálogos planteados por el gobierno acabaron con incumplimientos (en 2016, con el propio Vaticano) y las consiguientes convulsiones dentro de la oposición.

"El objetivo del gobierno es suavizar las sanciones para encontrar una vía de escape a la asfixia financiera, una estrategia con beneficios colaterales, como aparecer ante el mundo como un gobierno dialogante. La realidad es que dialogan y al mismo tiempo dan caña, apresando diputados y violando la Constitución", aclara el politólogo Luis Salamanca.

"Maduro no tiene margen para ofrecer más allá que liberar unos cuantos presos políticos. ¿Y la oposición? Tampoco. La onda revolucionaria es luchar hasta el final. Solo negociarían con el agua al cuello, pero su idea es resistir como en Bahía de Cochinos, hasta el final, hasta la inmolación", insiste Salamanca.

Los militares controlan las colas por nafta

Oficiales de las fuerzas militares de Venezuela supervisaban la venta de nafta en varios estados del país para mantener el orden, amenazado por conductores molestos que deben aguardar horas para llenar los tanques de sus vehículos, dijeron testigos en cinco ciudades. Las filas de automóviles reaparecieron esta semana en el país, que sufre una severa crisis económica, debido a una profunda caída de las importaciones agudizada por sanciones internacionales y a la paralización de la segunda refinería más grande del país.

En algunas estaciones de la fronteriza San Cristóbal, grupos de guardias nacionales con equipos antimotines vigilaban el expendio, pero en ciudades más grandes los oficiales recorrían en moto las estaciones de servicio.