Las madres vacunadas tratan de proporcionar anticuerpos a sus bebés a través de la leche materna

Heather Murphy
·8  min de lectura
Muestras de leche materna de mujeres que ya se vacunaron contra la COVID-19, utilizadas por Rebecca Powell, inmunóloga de la leche humana en la Escuela de Medicina Icahn del Monte Sinaí en Manhattan, en su investigación, en Nueva York, el 25 de marzo de 2021. (James Estrin/The New York Times)
Muestras de leche materna de mujeres que ya se vacunaron contra la COVID-19, utilizadas por Rebecca Powell, inmunóloga de la leche humana en la Escuela de Medicina Icahn del Monte Sinaí en Manhattan, en su investigación, en Nueva York, el 25 de marzo de 2021. (James Estrin/The New York Times)

En cuanto Courtney Lynn Koltes regresó a casa después de su primera cita para recibir la vacuna contra la COVID-19, tomó un sacaleche. Había dejado de amamantar a su hija unos dos meses antes debido a que estaba tomando un medicamento. Sin embargo, ya había dejado de tomar esas pastillas y acababa de leer una investigación que sugería que los anticuerpos de una madre vacunada podían transmitirse a su bebé a través de la leche.

Conseguir que la leche volviera a fluir, un proceso conocido como relactación, no sería fácil. Tenía previsto extraerse leche cada hora impar de las 7 a. m. a las 11 p. m. Tanto Koltes como su marido estaban ansiosos porque sus familiares conocieran por fin a su hija de 4 meses y como aún no es posible vacunar a los niños, estaba dispuesta a intentarlo.

“Estoy empezando a ver avances muy lentos, así que todo vale la pena si significa que puedo proteger a mi bebita”, afirmó Koltes la semana pasada, nueve días después de recibir su primera dosis de la vacuna de Pfizer-BioNTech. Ella reside en el condado de Orange, en California.

La relactación es poco frecuente debido, en parte, a que es muy agotadora físicamente (suele ser necesario tomar medicamentos). Sin embargo, en las últimas semanas, los foros en línea dedicados a la relactación se han llenado de madres recién vacunadas como Koltes. Algunas habían dejado de amamantar a sus hijos hacía más de un año.

“¡Me alegro de no ser la única que intenta relactar por este motivo!”, escribió una mujer en un animado hilo de un grupo privado de Facebook.

“¡Arriba el equipo de la vacuna!”, escribió otra.

En un marcado contraste, en otros foros de crianza y lactancia materna abundan los temores de que la leche materna de una madre recién vacunada pueda ser peligrosa. No solo los escépticos de las vacunas han alentado esos temores, que según los investigadores son infundados; algunos pediatras y personas a cargo de las vacunas han instado a las madres lactantes a desechar la leche materna después de recibir la vacuna.

Rebecca Powell, a la izquierda, inmunóloga de la leche humana en la Escuela de Medicina Icahn del Monte Sinaí en Manhattan, con miembros de su equipo de investigación en su laboratorio, el 25 de marzo de 2021. (James Estrin/The New York Times)
Rebecca Powell, a la izquierda, inmunóloga de la leche humana en la Escuela de Medicina Icahn del Monte Sinaí en Manhattan, con miembros de su equipo de investigación en su laboratorio, el 25 de marzo de 2021. (James Estrin/The New York Times)

Entonces, ¿qué debemos creer? ¿La leche materna de una mujer vacunada es una especie de elixir capaz de prevenir la COVID-19? Y de ser así, ¿qué se proponen las madres recién vacunadas que, a escondidas, incluyen leche materna en los cereales de los niños mayores o comparten su leche sobrante con los bebés de sus amigos? ¿O deberían las madres lactantes aplazar la vacunación?

La respuesta, según seis investigadores, es que las madres recién vacunadas tienen razón al sentirse como si tuvieran un nuevo superpoder. Múltiples estudios demuestran que los anticuerpos generados tras la vacunación pueden transmitirse a través de la leche materna. Como ocurre con tantas cosas relacionadas con el coronavirus, sería beneficioso realizar más investigaciones. No obstante, los expertos afirmaron que no hay ninguna razón concreta para que las nuevas madres se abstengan de vacunarse o desechen la leche materna.

¿La ‘leche materna vacunada’ tiene anticuerpos?

Sí, un estudio tras otro demuestra que contiene anticuerpos. Aún no se sabe con claridad cómo protegen exactamente estos anticuerpos al bebé contra la COVID-19.

Según cálculos de la Unicef, en los primeros nueve meses de la pandemia, nacieron cerca de 116 millones de bebés en todo el mundo. Esto hizo que los investigadores se esforzaran por responder a una pregunta fundamental: ¿se puede transmitir el virus a través de la leche materna? Algunos suponían que sí. No obstante, cuando varios grupos de investigadores analizaron la leche, no encontraron rastros del virus, solo anticuerpos, lo que sugiere que beber la leche podría proteger a los bebés de la infección.

La siguiente gran interrogante para los investigadores de la leche materna era si los beneficios protectores de la vacuna contra la COVID-19 podrían transmitirse de forma similar a los bebés. Ninguno de los ensayos de la vacuna incluía a mujeres embarazadas o en periodo de lactancia, por lo que los investigadores tuvieron que encontrar mujeres lactantes que cumplieran los requisitos para la primera aplicación de la vacuna.

A través de un grupo de Facebook, Rebecca Powell, inmunóloga especializada en leche humana de la Escuela de Medicina Icahn del Monte Sinaí en Manhattan, encontró cientos de doctoras y enfermeras dispuestas a compartir de manera periódica su leche materna. En su estudio más reciente, que no se ha publicado de manera oficial, analizó la leche de seis mujeres que habían recibido la vacuna de Pfizer-BioNTech y de cuatro que habían recibido la de Moderna, catorce días después de que las mujeres recibieran la segunda dosis. Los resultados mostraron una cantidad significativa de un anticuerpo específico, denominado IgG, en todas las muestras. Otros investigadores han obtenido resultados similares.

“Hay motivos que justifican nuestro gran entusiasmo”, afirmó Kathryn Gray, especialista en medicina materno-fetal del Hospital Brigham and Women's de Boston, que ha realizado estudios similares. “Suponemos que podría otorgar cierto nivel de protección”.

¿Cuánto podría durar la protección?

El tiempo que el bebé consuma la leche maternal que contiene anticuerpos.

Los gemelos de Destiny Burgess fueron prematuros. Burgess y su esposo regresaron al trabajo en Asheville, Carolina del Norte. Uno de sus niños mayores asiste al jardín de niños. Otros dos están en la guardería. Todo eso hace que Burgess se preocupe por sus bebés de 3 meses.

Cuando una amiga vacunada le ofreció compartir parte de su leche materna con los gemelos, aceptó.

“Me siento como si hubiera descubierto que tengo un superpoder”, comentó su amiga, Olivia de Soria. Además de alimentar a su propio hijo de 4 meses y de echar un poco de su leche en la malteada de chocolate de su hijo de 3 años, de Soria comparte ahora su leche con otras cinco familias.

“No pueden vacunarse, así que esto me da un poco de tranquilidad”, dijo Burgess. Sin embargo, se pregunta cuánta “leche vacunada” se necesitaría para lograr algún efecto.

La respuesta poco satisfactoria es que no está claro. En lo que sí coinciden los investigadores es en que un bebé que consume leche materna durante todo el día tiene más probabilidades de estar protegido que uno que solo recibe un poco de manera ocasional. Sin embargo, ninguno se mofa de la idea de dar un poco a los niños mayores si no es una molestia.

También coinciden en que los beneficios protectores de la leche materna funcionan más como una píldora que hay que tomar todos los días que como una inyección que dura una década. Esta defensa a corto plazo, conocida como “protección pasiva”, puede durar solo horas o días desde la última “dosis” del bebé, comentó Powell.

“No es lo mismo que vacunar a un bebé”, agregó.

Eso significa que “la protección se acaba en cuanto dejas de alimentar al bebé con esa leche materna, punto”, aseveró Antti Seppo, otro investigador de la leche materna del Centro Médico de la Universidad de Rochester. Seppo también descubrió que los anticuerpos tardaban en aparecer en la leche unas dos semanas después de la primera inyección y que llegaban a su punto máximo después de la segunda dosis.

¿Cómo sabemos que la “leche materna vacunada” es segura?

Los investigadores dicen que saben lo suficiente sobre el efecto general de las vacunas en la leche materna como para no tener motivos para preocuparse.

La opinión de varios investigadores que participan en investigaciones sobre la leche materna y la vacuna contra la COVID-19 ha sido la misma, con ligeras variaciones. “No hay ninguna razón para pensar que haya algo en esta vacuna que pueda ser perjudicial y hay motivos para creer que será beneficiosa”, afirmó Christina Chambers, codirectora del Centro para Mejores Comienzos de la Universidad de California en San Diego.

Entonces, ¿por qué los foros de padres están plagados de anécdotas sobre pediatras que dicen a las madres que esperen a vacunar a su bebé hasta que sea mayor o que se deshagan de la leche después de la vacunación? Se debe principalmente a que no se incluyó a madres lactantes en los ensayos de vacunas, por ello los investigadores no han podido estudiar los riesgos de manera concreta.

¿Entonces vale la pena hacer el esfuerzo de la relactación?

Tal vez no, decide una madre que al principio se mostraba entusiasta.

Transcurridas casi dos semanas, Koltes apenas lograba extraer unas cuantas gotas de leche con cada intento. Un intercambio de correos electrónicos con su pediatra la convenció de que no podía tener la seguridad —incluso si lograba hacer que la leche fluyera de nuevo— de que permitir que familiares sin cubrebocas ni vacunas cargaran a su hija no presentara ningún riesgo. Aplaudió que otras mujeres tuvieran más éxito con la relactación. Pero ella ya había tenido suficiente.

“Se siente como si me hubiera quitado un peso de encima”, dijo sobre dejar de lado su riguroso programa de extracción de leche. Ahora lo único que queda es esperar una vacuna real para su hija, dijo. Tanto Pfizer como Moderna comenzaron ya a probar sus vacunas en bebés de apenas 6 meses.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company