Las madres deben contar con más recursos y apoyo para la lactancia materna | Opinión

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Probablemente era inevitable que la escasez de fórmula láctea para bebés se convirtiera en una disputa nociva entre los simpatizantes de la lactancia materna y los de la alimentación con leche de fórmula.

A los pocos días de que la crisis, que ha durado ya varias semanas, llegara a los principales medios de comunicación, las redes sociales se llenaron de todo tipo de comentarios irreflexivos. Alguna repetición de “¿No encuentra fórmula láctea? Pruebe a amamantar”, era un estribillo común.

También lo era: “¿Qué tal si confiamos en que las mujeres hagan lo mejor para ellas y sus bebés?”.

Resulta que pocas controversias animan a las mujeres (y a algunos hombres) tanto como las que implican un juicio sobre la forma de alimentar a sus hijos. ¿Y quién puede culparlos?

La escasez de fórmula láctea es real, y la sensación de pánico entre quienes dependen de ella es palpable. Pero la crisis convertida en controversia, con su cacofonía de opiniones no solicitadas, oculta uno de los principales factores que contribuyen a nuestra excesiva dependencia de la leche de fórmula: la terrible falta de educación y apoyo a las madres en sus primeros días de posparto, especialmente en lo que respecta a la lactancia materna.

“Hay una gran presión para amamantar”, dice la consultora de lactancia certificada internacionalmente Mellanie Sheppard. “Pero cuando llega la hora de la verdad, no hay ayuda cuando se presentan problemas”.

Sheppard, fundadora y copropietaria de For Babies’ Sake en Fort Worth, Texas, ayuda a sus clientas a gestionar muchos de esos problemas cada día. Y para muchas mujeres que usan fórmula láctea, la decisión de renunciar a la lactancia materna no es una elección.

Cuando las mujeres experimentan un dolor incesante durante la lactancia; cuando se enfrentan a la incertidumbre de amamantar mientras toman ciertos medicamentos; cuando los bebés tienen problemas para agarrarse o se atragantan con la leche mientras se alimentan; cuando hay preocupaciones sobre el suministro de leche o el escaso aumento de peso del bebé; las mujeres se preocupan, se desaniman y se frustran.

Reciben una avalancha de consejos deficientes o incompletos, a menudo de pediatras y ginecólogos de confianza, que tienen buenas intenciones, pero que con demasiada frecuencia no están preparados para ofrecer un apoyo adecuado o, incluso, sugerir recursos útiles.

Según Sheppard, muchas mujeres que enfrentan este tipo de problemas se ven orilladas a un “lugar desesperado e impotente, y algunas simplemente no consiguen”, amamantar incluso cuando les gustaría seguir haciéndolo.

Mi propia experiencia confirma esta realidad. Me pasé 10 semanas sollozando durante ocho o 10 lactancias al día, buscando desesperadamente un profesional de la salud que pudiera explicar el insoportable dolor que me causaba.

A punto de rendirme, encontré un centro de recursos para la lactancia materna en un hospital del área. Dos enfermeras identificaron inmediatamente el frenillo corto de mi hija que me estaba causando tantas molestias y me dieron cita para resolverlo al día siguiente.

Fue un regalo del cielo y una victoria que me costó mucho conseguir.

Y me hizo comprender porqué comparativamente son tan pocas las mujeres que amamantan a sus bebés incluso con suplementos de leche de fórmula durante los 12 meses recomendados por autoridades sanitarias como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

De hecho, según el más reciente Reporte sobre Lactancia Materna de los CDC, el 84.1% de los bebés empezaron siendo amamantados en 2017, pero solo el 58.3% seguían siendo amamantados a los seis meses de edad. Cuando cumplieron un año, apenas un tercio de esos bebés solo el 35.3%— seguían siendo amamantados, incluso con suplementos.

Aunque hay buenas razones, y a veces necesarias, para que las madres alimenten a sus bebés exclusivamente con fórmula láctea (por ejemplo, en caso de alergias alimenticias graves), en realidad no hay ningún desacuerdo sobre los beneficios de la lactancia.

La leche humana ayuda a mejorar la salud intestinal y reduce las tasas de obesidad y diabetes en los niños. Disminuye las tasas de cáncer de seno entre las madres y mejora la salud mental y emocional de estas.

Y como la inmunidad natural se transmite de la madre al bebé, la lactancia también provoca menos enfermedades infantiles entre los niños amamantados.

“Renunciar a eso en tiempos de pandemia no es poca cosa”, dice Sheppard, quien lamenta cómo nuestro sistema sanitario puede ser tan excepcional con los cuidados agudos y tan pésimo con el bienestar básico.

¿Estimulará la escasez de fórmulas lácteas un cambio?

Debería. Porque es absolutamente cierto que las mujeres deberían poder alimentar a sus bebés con fórmula láctea sin ser juzgadas. Pero también es cierto que menos mujeres estarían a merced de los caprichos del mercado de la leche de fórmula si recibieran el apoyo que necesitan en la lactancia.

Cynthia M. Allen es columnista del Fort Worth Star-Telegram.

©2022 Fort Worth Star-Telegram

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