La "madre perfecta" no existe: hemos perdido el foco en la crianza de nuestros hijos

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(Getty Creative)
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El cambio de paradigma tiene demanda negativa. Nadie quiere salir de su zona de confort aunque esta provoque sufrimiento o nos haga funcionar desde patrones insanos de relaciones, hábitos, creencias… Trabajar en el cambio de paradigma de crianza me ha hecho constatar cada día los diferentes rostros de los mecanismos de defensa de las personas frente a la cultura de buenos tratos hacia la infancia. A la crianza respetuosa a menudo se le sienta en el banquillo de los acusados. Uno de los cargos que más le imputan últimamente es de crearle culpa a las madres.

Se acusa a la crianza respetuosa de exigir prototipos perfectos de madres, de imponerles altas demandas de acompañamiento emocional, entre otras exigencias que sobrepasan las posibilidades en términos de su disposición y capacidades reales generándoles presión y culpabilizándolas.

Se acusa a la crianza respetuosa o consciente de pretender que la maternidad sea de una única y determinada manera y de exigir a las madres responder a dichos parámetros (practicar colecho, porteo, lactancia materna, alimentación autorregulada o BLW, establecer siempre una disciplina positiva, no perder nunca el control, nunca gritar, nunca desbordarse, jugar todo el rato con los niños, no escolarizarlos antes de los siete años), esperando que con ello los niños desarrollen unas características también incluidas dentro de parámetros ajustados a un prototipo (movedizos, traviesos, que expresan libremente sus emociones).

Se acusa a la crianza respetuosa de que quienes la divulgan o practican son una secta radical que excluye a todo aquel o aquella que no siga la línea propuesta al pie de la letra.

Se acusa a la crianza respetuosa de culpabilizar, excluir, censurar, cuestionar a las madres que se apegan al paradigma tradicional.

Se culpa a la crianza respetuosa de crear culpa en las madres.

Lo que tengo para decir sobre esto es que habrá tantas formas de interpretar la crianza respetuosa como personas que la interpretan y habrá tantas formas de entenderla, divulgarla y vivirla como personas que lo hacen.

Que yo en concreto no me puedo hacer responsable de dichas interpretaciones, ni tampoco me puedo hacer responsable de lo que otras personas entienden y divulgan sobre la crianza respetuosa o de cómo la experimentan. Solo me puedo responsabilizar de lo que entiendo, interpreto, divulgo y del modo en que experimento o practico esta forma de vida orientada por principios de buenos tratos a los niños, pero también a todo ser humano, a todo ser vivo, al ambiente.

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Habrá que ver desde que óptica amplia o estrecha estará entendiendo cada quien la crianza respetuosa y por qué, pero desde mi punto de vista que siempre intento que se establezca lo más consciente y conectado posible con el punto de vista del niño o niña, la crianza consciente o respetuosa no persigue el objetivo de encajar con un prototipo único de madre, mucho menos de madre perfecta. Tampoco de niños perfectamente criados. De hecho no creo que criar con respeto se deba hacer para obtener un resultado determinado que se traduzca en un modelo de niño determinado o en un niño modelo. Creo que criamos con respeto porque los niños lo merecen y punto, al margen de los resultados.

También dudo mucho de que la balanza se esté inclinado demasiado hacia la imposición de satisfacción de las necesidades del niño en perjuicio de las madres porque la relación de poder entre adultos y niños sigue siendo lo suficientemente desigual y desproporcionada y los adultos en conjunto seguimos reaccionando automáticamente con tendencia a preservar nuestros privilegios por encima de los niños. Esto no lo invento. Lo constato cada día.

Buenas madres, malas madres, madres perfectas, madres imperfectas son apelativos que circulan en los ámbitos de crianza que hoy inundan las redes y que desde mi punto de vista indican que hemos perdido el foco. Estamos basándonos en etiquetas y las etiquetas son siempre reduccionistas, limitantes y excluyentes (eres buena si haces esto, eres mala si haces lo contrario). La crianza respetuosa desde mi punto de vista no va de señalar culpables. Desviar el foco hacia el cansino e infructuoso debate sobre buenas o malas madres, es otra manera más de desplazar las necesidades del niño fuera del centro de las consideraciones y decisiones para ocuparlo con los conflictos y prioridades de los adultos.

Hace un par de días una mamá me preguntó en redes cómo hacer para destetar respetuosamente a su hijo de dos años. Mi respuesta fue que consultara a una buena asesora de lactancia, porque a veces creemos que queremos o debemos destetar a las criaturas basadas en información o creencias falsas. También dije que si tenía clara la decisión de destetar igual buscara apoyo con una buena asesora de lactancia para aumentar las posibilidades de hacerlo de la manera más gradual y amable posible. De inmediato otra mamá en un mensaje privado me reprochó diciendo: ¿pero porqué cuestionas su decisión de destetar?. Es una reacción común en estos casos. Madres que posiblemente se sienten cuestionadas o culpabilizadas. Como dije antes, yo no puedo hacerme responsable de las interpretaciones ni de las intenciones de los demás. Solo de las mías. Mi intención es abrir nuevas ventanas para ampliar las vistas, para ofrecer información de ayuda, para profundizar mirada. A partir de allí cada quien tomará lo que le interese o le haga sentido, y construirá su propia respuesta, ojalá desde un lugar más consciente después de contrastar información y abrirse a la reflexión. No estoy por la labor de juzgar a las madres ni mucho menos de imponer o exigir un modelo de crianza o prototipo de maternaje.

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Cuando hablo de los beneficios de la lactancia materna, del colecho, la crianza en brazos, los buenos tratos a la infancia, la disposición y el compromiso emocional de las madres, la importancia de la sincronización diádica entre madre y bebé, no estoy presionando a las madres ni mucho menos culpabilizándolas por no hacerlo. Me esfuerzo por dar voz a los niños, destacar el punto de vista de los niños y sus necesidades. Me esfuerzo por ofrecer umbrales de retorno o de transito hacia un nuevo paradigma de crianza. Cada quien elige atravesarlo o no. Cada quien es responsable de sus decisiones, sus acciones, intenciones, interpretaciones. La crianza respetuosa no es responsable de tus sentimientos de culpa.

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