¿'Made in USA'? ya a nadie le importa: así han cambiado (para bien) los hábitos de consumo

Mariángela Velásquez
·6  min de lectura
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Las tiendas no desaparecerán pero el comercio digital estrechará la relación entre el productor y el cliente (Getty Images)

El refrán que mejor resume al conformismo es "más vale malo conocido que bueno por conocer". Pero en materia de consumo hay que arriesgar porque lo mejor siempre estará por venir.

Así lo explica The Economist en un reportaje sobre el poder de los consumidores en la configuración del mundo en el siglo XX y como transformará para bien el sistema capitalista en el futuro cercano.

La figura del consumidor nació hace más de 100 años. Los ciudadanos no solo eran trabajadores, amas de casa, vecinos o votantes. También eran compradores que se trasladaban a sus casas y trabajos cargando bolsas con bienes que ya no se producían en casa sino que eran adquiridos en los comercios de la localidad.

Los detractores describirán a los consumidores como seres sin raciocinio, como un hamster dando vueltas en su rueda, que compran más de lo que necesitan a pesar del enorme impacto que sus excesos causan en el planeta.

Otros aplaudirán su libertad de elegir sus bienes, disfrutar servicios y experiencias de vida.

Pero nadie puede discutir el inmenso poder políticos y económico que los consumidores tienen en la sociedad.

La revista económica inglesa asegura que está emergiendo una nueva especie de comprador que le presta menos atención a los productos estadounidenses. La ética toma relevancia frente a la moda porque no les interesa tanto uniformarse con un mismo tipo de marca de ropa o alimentos. Lo que desean es que esos productos que elijan reflejen sus valores y principios.

(Video) Así son los consumidores mexicanos en el 2021

"Esta nueva encarnación del consumidor global parece que cambiará, para bien, la manera en que funciona el capitalismo", señaló la publicación.

En esta nueva era del consumo se acabó el monopolio de los productos occidentales y más específicamente la predilección por todo lo fabricado en Estados Unidos. Los productores asiáticos han ido avanzando pacientemente desde hace décadas en distintos nichos comerciales.

Hasta que en 2020, China estuvo a punto de superar a Estados Unidos como el mayor mercado minorista del mundo.

Innovación. ética y ecommerce

Los dos mayores mercados online, Alibaba y TMall, tienen más flujo comercial con terceros que Amazon.

Y así como los compradores estadounidenses una ve popularizaron las compras por catálogo y la costumbre de comprar en centros comerciales, los consumidores asiáticos están en la vanguardia de las innovaciones minoristas, como las compras en streaming en vivo, una librería en Tokio que vende un solo libro o mediante las aplicaciones de WhatsApp en India.

La tecnología ha facilitado esa "revolución del consumo" del siglo XXI porque las personas pueden comprar desde cualquier lugar, en cualquier momento del día un bien y recibirlo en su domicilio.

Investigaciones realizadas por grandes centros financieros como la Caixa Bank dice que el uso generalizado de internet y los smartphones, el aumento de la velocidad de conexión y la proliferación de nuevos medios de pago electrónicos han permitido un rápido crecimiento del comercio electrónico. "En China, el mercado e-commerce más grande del mundo, el 17% de las ventas al por menor ya se realizan a través de internet, y en EE. UU. las ventas por internet suponen cerca del 9% del total", dijo un informe del banco.

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Esa rápida digitalización del consumo ha transformado el proceso de compra tradicional y le otorga al consumidor un papel primordial. El consumidor que pase más tiempo conectado tendrá más poder de decisión porque puede comparar precios y la calidad de un artículo producido en distintas partes del mundo. También puede contrastar las opiniones de los que compraron antes que él.

Muchos temen que ese gran cambio aumente el poder de grandes plataformas como Amazon y Alibaba, dejando vacíos los centros comerciales y destruyendo miles de empleos.

Pero los expertos creen que las aplicaciones prácticas de la tecnología son más benignas para los productores y los consumidores de todos los niveles.

Con cifras cada vez más exactas y transparentes sobre los patrones de consumo, se ha podido desmontar lentamente la larga relación entre la producción y el consumo de masas.

Y ya lo ha comenzado a reemplazar un mundo más variado en el que el comprador puede decidir si desea comprar online o en una tienda, si desea comprar en una gran plataforma o a una marca pequeña, si desea aceptar publicidad geolocalizada o no.

La fuerza del cambio

El pronóstico es que las tiendas no morirán pero la relación de los productores y los consumidores cambiará. Dejará de ser una monólogo del fabricante a una conversación entre el que ofrece un producto y los potenciales compradores.

Eso es una mala noticia para los intermediarios, que tenderán a desaparecer.

Otra tendencia clara es las divisiones entre el entretenimiento, la comunicación y el comercio se desvanecerán.

La creatividad estará a la orden del día. Y los que se atrevan a innovar tendrán la ventaja definitiva. La empresa Pinduoduo, una firma de comercio electrónico que nació en 2015 está cerca de destronar a Alibaba como la plataforma con más usuarios porque ha permitido que las personas de las comunidades rurales de China se organicen y realicen juntos compras de alimentos y artículos de primera necesidad por internet.

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Nike cada vez depende menos de los mayoristas y cada vez vende más zapatos en sus sitios web y hasta en máquinas dispensadoras que antes sólo estaban reservadas para la venta de bebidas y snacks.

Los consumidores del siglo XXI en todo el planeta no sólo saben que cada centavo cuenta. También desean dejar una huella de sus valores políticos y éticos cada vez adquieren algo. Los grandes fabricantes que no cumplan con estándares mínimos ambientales o que no respeten los derechos de los trabajadores serán castigados con la indiferencia de los compradores que deseen proteger los derechos humanos y frenar el cambio climático.

Los consumidores se concentrarán en productos fabricados con materiales orgánicos o que puedan ser reciclables y tengan un bajo impacto en el entorno, ya sea durante su producción, uso o degradación

Los consumidores están usando su poder para respaldar causas que consideran importantes y por eso recompensarán con una mayor lealtad a aquellas empresas que contribuyan con la sociedad.

En las democracias, una de las maneras en que el capitalismo se adapta a las preferencias de la sociedad es mediante las leyes y las regulaciones gubernamentales, que son influenciadas por los votantes.

Pero la respuesta dinámica que realizan las compañías a las señales enviadas por los consumidores también son una fuerza de cambio.

Hace un siglo el consumidor se convirtió en el rey del mercado. Pero las señales de esta nueva generación de compradores está emergiendo aún están por verse. Los analistas vislumbran un comprador ecológico, socialmente responsable, saludable y cauteloso y los productores también tendrán que cambiar.

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