El maíz en Sinaloa baila samba y consume menos agua

Delia Angélica Ortiz

EL MEJORAMIENTO DEL MAÍZ tiene un reto de altura. Es una planta que puede llegar a medir hasta 4 metros. Eso causa dificultades para el productor por el riesgo a que las varas se doblen y no se desarrollen las mazorcas. Es un fenómeno conocido como “acame”, y aunque no existe una estadística sobre las pérdidas que provoca, desde hace cuatro décadas los mejoradores de semillas han abierto distintas líneas de investigación para que deje de ser un problema.

Manuel Oyervides García ha sido parte de esa historia. Trabajó con los primeros fitomejoradores mexicanos que buscaban reducir la altura excesiva del maíz, en la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro (UAAAN), que fue precursora en experimentar con genes de enanismo para detener la producción de las hormonas de crecimiento vegetal, llamadas auxinas.

A través de los procesos denominados fast-track, el equipo a cargo de Oyervides García dio un brinco espectacular y logró reducir agresivamente la estatura a 1.6 metros. Se utilizó un gen de enanismo de un maíz brasileño y, luego de diez años, lograron que se adaptara a las condiciones climáticas del noroeste mexicano. Resultó un híbrido con un tallo más corto, ancho y resistente, con raíces bien arraigadas al suelo, que permanece de pie frente a vientos de 50 km/h.

 

El equipo a cargo de Oyervides García dio un brinco espectacular y logró reducir la estatura de la planta de maíz a 1.6 metros. Foto: Carlo Echegoyen

En México, la manipulación del maíz es un tema particularmente sensible. Los orígenes de este cereal se ubican en Oaxaca, donde apareció la primera mata primitiva o teocintle. Hay 60 razas consideradas nativas del país, cuya diversidad genética representa la sobrevivencia de un cereal que ha acompañado a la cultura mexicana por siglos. Entre todos esos maíces hay variedades de todos colores, sabores y tamaños. Pero Oyervides no encontró aquí el gen que mejor se adaptaría a las necesidades que tenían los agricultores sinaloenses con quienes ha trabajado en las últimas décadas.

Los investigadores también descubrieron que, al tener una planta más pequeña, se puede acortar la distancia entre los surcos de la plantación y sembrar más en menos terreno, una premisa fundamental de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) para lograr mayor producción de alimentos sin que eso signifique que la agricultura se extienda a nuevos terrenos y afecten los ecosistemas.

“Vitala tiene como premisa la seguridad alimentaria, el mejor uso de los recursos y ayudar a los agricultores a enfrentar los retos del cambio climático a través de la tolerancia a condiciones adversas”, explica Oyervides García.

El uso de semilla de alta calidad está entre los objetivos de los organismos internacionales para acabar con la hambruna, que se calcula en 800 millones de personas o 10 por ciento de la humanidad, mientras 650 millones más (8 por ciento) viven con algún grado de desnutrición. Alimentar a una población creciente significará duplicar la producción de alimentos hacia el 2050, según la FAO. Se trata de un desafío para la agricultura tradicional que ahora echa mano de la investigación y la tecnología para producir más con menos.

En el caso del equipo de Oyervides, sus investigadores descubrieron que sus nuevas semillas les permitían duplicar el número de plantas sembradas en el mismo espacio —110,000 a 120,000 por hectárea—, pero estas se hacían más vulnerables a los vientos y al estrés hídrico, al frío y al calor excesivo causado por el cambio climático. El hacinamiento también provocaba que de manera natural fueran más altas para buscar la luz. Al ser más grandes, necesitaban más agua y nutrientes. Eso marcó la pauta para retomar el uso de genes de enanismo.

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“Esa era una tarea pendiente por concluir. Desde mediados de los años de 1980 tuve en mi agenda retomar estas investigaciones, pero era todavía aventurado”, recuerda Oyervides, egresado de la UAAA, con maestría en el Colegio de Posgraduados de la Universidad de Chapingo y doctorado por la Universidad de Iowa, todas instituciones pioneras en biotecnología aplicada a la agronomía.

“Lo que está en Vitala es el mismo paquete de híbridos que siempre hemos tenido. Solo que hay un gen que provoca que las auxinas no circulen en la parte baja de la planta. Al no crecer, se hacen tallos cortos, más gruesos, más sólidos”, comenta quien, tras concluir una notable formación académica, decidió incorporarse a los equipos de investigación en la iniciativa privada. Durante su desarrollo profesional en Brasil se reencontró con esos genes de enanismo y comenzó a estudiar su aplicación para México.

Los brasileños lo usaban en varios híbridos. Eran unas líneas exóticas que solo se expresaban en Brasil, pero el equipo de mejoradores de Oyervides logró adaptar el gen enano para México.

“No es que trajimos el germoplasma y se adaptó”, dice. Tomó una década realizar las recruzas que permitieran fijar los genes que les interesaban para una zona específica de México: Sinaloa.

HÍBRIDOS PARA LA SOBREVIVENCIA 

Con 30 años de experiencia en el campo, el ingeniero agrónomo Jesús Felipe Noh Corona se refiere a los beneficios de las semillas híbridas para lograr el nivel de producción que los agricultores necesitan. Sin embargo, el costo de la semilla mejorada que producen empresas como Bayer o Dupont son inaccesibles para el pequeño y el mediano productor.

“Es importante que las empresas semilleras que producen estos maíces híbridos tengan la sensibilidad de ver los estratos sociales a quienes hacen llegarla para que también puedan acoplar los precios que son un poco altos”, observa.

El agrónomo advierte que los productores de maíz deben recibir mayor capacitación sobre los híbridos, especialmente para evitar su siembra en zonas donde hay mayor presencia de maíces nativos, pues se trata de una planta que es muy sensible a la contaminación por el polen que es capaz de volar kilómetros.

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“En la sierra de Oaxaca no tiene caso sembrar maíces híbridos porque no van a mejorar sus rendimientos. Van a contaminar sus maíces nativos y no es un lugar donde se pueda lograr el máximo potencial del híbrido”, explica quien ha trabajado a lo largo de todo el territorio nacional.

Hacia el último trimestre de 2019, en medio de la discusión sobre la Ley de Protección al Maíz Nativo, que plantea la protección a este grano como patrimonio alimentario nacional, se presentó el Sistema Vitala como un proyecto piloto de producción de maíz enano para Sinaloa.

Durante los “Diálogos sobre el futuro de la agricultura 2019”, en Alemania, se explicó que el rendimiento promedio de Vitala garantiza mayor producción por planta hasta 11,000 ton/ha, un récord importante en países como México. El sistema permite aprovechar mejor la luz para destinar más energía y nutrientes a la producción de grano, pues al crecer solo 1.60 metros conserva mejor la humedad del suelo y usa menos agua durante el ciclo productivo. Mejor aún, optimiza el proceso de fertilización al compararlo con otros híbridos.

Juan Luis Becerril, responsable de mercadotecnia de semillas de maíz, sorgo y algodón para Bayer México (la marca que finalmente comercializará Vitala), explica que hace tres años comenzaron el programa Ground Breakers con los 15 productores sinaloenses más vanguardistas de la zona. “Ahora vamos a comenzar la segunda parte del proyecto con 40 agricultores, en la primera venta comercial en la historia del sistema, antes de lanzarlo de manera masiva en 2020”, asegura.

Sinaloa y el sur de Sonora son consideradas las áreas de cultivo con mayor tecnificación del país. “Calculamos que, para la segunda mitad de la siguiente década, Vitala se esté utilizando en Estados Unidos y posteriormente en otras partes del mundo. Es un sistema que definitivamente se adaptará a otras regiones”, dice Becerril.

Cada año, el área de investigación de Bayer evalúa 60,000 híbridos, de los cuales usa solo dos variedades. El desarrollo de híbridos de maíz ha resultado fundamental para reducir la dependencia de México a las importaciones. Dadas las características de clima y suelo que dominan el territorio nacional, los maíces híbridos permiten que los agricultores cosechen toneladas de este cereal y puedan comercializarlo.

México produce 28.5 millones de toneladas de maíz al año. Suficiente para el consumo humano, pero aún existe una dependencia a las importaciones del 45 por ciento por los 17 millones de toneladas que se destinan al sector pecuario. Estos cálculos son del Consejo Nacional Agropecuario (CNA), que estima que 70 por ciento de la producción nacional maicera proviene de semilla híbrida.

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“Una vez, un empresario me preguntó cómo hacer crecer el negocio (del maíz)”, recuerda Oyervides. El país cuenta con 8 millones de hectáreas cultivables, pero de esas, solo 2.5 o 3 tienen potencial para sembrar híbridos. La mayor parte del terreno está en zonas áridas, poco tecnificadas o donde se practica la agricultura de subsistencia que no tiene el nivel de precipitación pluvial requerido.

“Hay 8 millones de hectáreas para sembrar, pero no en todas se pueden sembrar, porque no vas a tener rendimientos suficientes para pagar por la semilla, porque son suelos pobres o marginales o les llueve poco o no tienen todas las características para que un híbrido exprese todas sus cualidades de rendimiento”, explica el investigador de Bayer.

En el territorio nacional, la mayor parte de las tierras aptas para híbridos están en Sinaloa y en el centro de México. En Sinaloa, 100 por ciento de sus siembras son híbridas. En Guanajuato, 60 por ciento, y en Jalisco, 50 por ciento.

“Sus condiciones de suelo y de ambiente son favorables para una agricultura moderna y para tener rendimientos suficientes para pagar la inversión que se haga. El híbrido requiere de un paquete tecnológico que incluye fertilizantes, insecticidas y la preparación de tierra. En tanto que las especies nativas —o maíces criollos— crecen en condiciones de ladera”, dice el investigador.

Es decir, dadas las condiciones orográficas del país, en la mayor parte no se pueden sembrar híbridos. “Salvo que se desarrollaran híbridos para hacer frente a esas condiciones tan adversas”, subraya Oyervides.

El maíz es el cultivo más emblemático en Sinaloa. La mayor parte de su superficie cultivada está dedicada a este grano. Los productores decidieron apostar por semillas mejoradas y paquetes tecnológicos que les permiten ahorros significativos en consumo de agua y nutrientes. En el estado, 100 por ciento de sus cultivos de maíz son con semilla híbrida y a eso se atribuye que se haya colocado como el principal productor de ese cereal en el país, lo que representa 21 por ciento de la producción nacional de maíz, seguido por Jalisco y Michoacán.

México ocupa el sexto lugar en la producción mundial maicera, pero las particularidades del alto consumo de este cereal en el país se distribuyen en dos: es un grano que forma parte de la dieta cotidiana de la población y es un insumo fundamental para la alimentación pecuaria. La producción nacional es suficiente para abastecer el mercado interno de consumo humano, pero no para el sector ganadero.

Es ahí donde los productores del norte del país encuentran las principales ventajas de las semillas híbridas. Un gen brasileño no hará que las vacas bailen samba, pero sí permitirá cosechar más grano en menos terreno.