La música, otra víctima del Talibán en Afganistán

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Un mes después de que el Talibán tomase el poder en Afganistán no se escucha la música.

La última vez que esa agrupación gobernó el país, a fines de la década de 1990, prohibió la música. Por ahora, el nuevo gobierno no ha tomado medidas oficiales al respecto, pero los músicos temen que se viene otra prohibición y algunos militantes talibanes han comenzado a actuar por su cuenta, hostigando a los músicos y a los locales que los contratan.

En muchas bodas se está limitando la música. Los músicos tienen miedo de actuar. Al menos uno dijo que combatientes talibanes le rompieron su instrumento en un puesto de control cerca de la capital. Los conductores silencian sus radios cada vez que pasan por un puesto de control.

En los callejones de Kharabat, un barrio del Viejo Kabul, familias que siempre han vivido de la música tratan de irse del país. Los músicos ya padecían el impacto de una profunda crisis económica y de la pandemia del coronavirus, y algunas familias temerosas de sufrir represalias están vendiendo muebles para sobrevivir.

“La situación actual es opresiva”, dijo Muzafar Bakhsh, un joven de 21 años que tocaba en una banda para bodas. Su familia está vendiendo sus pertenencias en el nuevo mercado de pulgas de Kabul, el Chaman-e-Hozari. “Las seguiremos vendiendo, para no morir de hambre”, expresó Bakhsh, nieto de Rahim Bakhsh, un renombrado “ustad”, o maestro de música clásica afgana, ya fallecido.

Afganistán tiene una fuerte tradición musical, influenciada por la música clásica de Irán y la India También hay expresiones musicales más modernas, con instrumentos electrónicos y ritmos bailables. Ambos estilos ganaron terreno en los últimos 20 años.

Cuando se le preguntó si el Talibán volvería a prohibir la música, el vocero del gobierno Bilal Karimi dijo a la Associated Press que, “por ahora, estamos analizando el tema. Cuando se tome una decisión, será anunciada por el Emirato Islámico”.

Los sitios que contratan músicos, no obstante, sienten la presión desde la llegada del Talibán al poder el 15 de agosto.

Los salones de bodas atraen generalmente grandes reuniones en la que se toca música y se baila, los hombres por un lado y las mujeres por otro. La AP visitó tres salones, cuyos dueños y el personal dijeron lo mismo: Son visitados por combatientes del Talibán y, si bien por ahora no han objetado la música, su sola presencia es intimidatoria. Los músicos no quieren presentarse. En el sector de los hombres ya casi no hay música en vivo ni DJs. En el de las mujeres, donde los combatientes del Talibán no tienen tanto acceso, todavía hay DJs de vez en cuando.

Varios bares de karaoke cerraron. Los que permanecen abiertos son hostigados. Uno de ellos que visitó la AP suspendió el karaoke, pero sigue abierto. Ofrece pipas de agua y música grabada. La semana pasada llegaron talibanes, rompieron un acordeón y destrozaron carteles y adhesivos alusivos a la música o al karaoke. A los pocos días volvieron y le dijeron a la gente que se fuese de inmediato.

Muchos músicos están tratando de conseguir visas para irse del país.

Los miembros de la familia de otro ustad de Kharaba tienen listas sus maletas y esperan el momento de partir. Recientemente se reunieron allí varios músicos para tomar té y hablar de la situación. Compartieron fotos y videos de sus presentaciones en todo el mundo: Moscú Bakú, Nueva Dehli, Dubái, Nueva York...

“Los músicos ya no tienen cabida aquí. Deben irse. El amor y el cariño de los últimos años ya desapareció”, comentó un baterista con 35 años de experiencia, que enseña en uno de los principales centros educativos musicales de Kabul. Igual que muchos otros, pidió no ser identificado por temor a represalias del Talibán.

Otro músico presente dijo que elementos talibanes le rompieron un teclado de 3.000 dólares cuando lo vieron en su auto al pasar por un puesto de control. Otros cuentan que están despachando sus instrumentos al exterior o los están escondiendo. Uno dijo que había desarmado su tabla (un instrumento de percusión) y había escondido sus partes en distintos sitios. Otro enterró su rebab (un instrumento de cuerdas) en su patio. Algunos comentaron que ocultaban sus instrumentos detrás de paredes falsas.

Una que ya se pudo ir es Aryana Sayeed, estrella pop que fue jueza en un programa televisivo de búsqueda de talentos, “La voz de Afganistán”. Ya había recibido amenazas y el día que el Talibán tomó Kabul, decidió partir.

“Tenía que sobrevivir y ser la voz de otras mujeres de Afganistán”, dijo Sayeed, quien hoy se encuentra en Estambul “Los talibanes no son amigos de Afganistán, son nuestros enemigos. Solo los enemigos quieren destruir tu historia y tu música”.

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Ayse Wieting colaboró en este despacho desde Estambul.

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