En México, las directoras de cine toman la delantera

·6  min de lectura

CIUDAD DE MÉXICO— Cuando era una niña en el México de la década de 1980, la idea de convertirse en cineasta era casi impensable para Fernanda Valadez. Más allá de un cineclub en la universidad local, no había cinetecas en su ciudad natal, Guanajuato, y las películas hechas por mujeres eran una verdadera rareza.

“El sueño de hacer cine era algo lejano”, recordó recientemente. “Crecimos con la sensación de que hacer películas era muy difícil”.

Sin embargo, unos 30 años después, ese sueño se ha vuelto muy real. La ópera prima de Valadez, “Sin señas particulares”, ganó dos premios importantes en el Festival de Cine de Sundance en 2020, y este año ganó el premio a mejor película, mejor dirección y mejor guion, entre otros, en los premios Ariel, el equivalente mexicano de los Oscar.

Tras décadas de pelear por obtener reconocimiento en una industria dominada por hombres, cineastas mujeres como Valadez están sacudiendo los cimientos del cine mexicano, no solo con el estreno de más obras sino también logrando tener éxito con la crítica y obteniendo premios importantes que durante mucho tiempo estuvieron reservados para sus colegas masculinos.

En una sociedad en la que el machismo suele frenar el potencial de las mujeres y la violencia de género es algo común, la popularidad y el reconocimiento de mujeres cineastas refleja un cambio social más amplio provocado tanto por un fortalecido movimiento feminista en México como por un debate urgente a nivel mundial sobre el sexismo.

“Tiene años gestándose”, dijo Valadez. “Pero estoy muy feliz de ser parte de una generación de mujeres que cuentan historias poderosas”.

Llegar hasta aquí no ha sido nada fácil, ni para Valadez ni para sus colegas cineastas.

Tatiana Huezo es una directora salvadoreña-mexicana, quien en 2017 se convirtió en la primera mujer en ganar el premio a mejor dirección en los Ariel. Su película más reciente, “Noche de fuego”, que recibió una mención especial en el Festival de Cine de Cannes de este año, es la candidata de México para el Oscar a mejor película extranjera en los Premios de la Academia de 2022, y la semana pasada quedó en la lista de finalistas para la contienda. De llegar a ser nominada, Huezo se convertiría en la primera mujer mexicana en competir por el premio, aun cuando varios de sus compatriotas masculinos como Alfonso Cuarón y Guillermo del Toro han dominado los premios en los últimos tiempos.

Cuando Hueza era una niña, su madre solía meterla a escondidas en el cine para ver películas de autor. La directora recuerda haber quedado encantada y a veces asustada por las películas de David Lynch y François Truffaut. Pero cuando comenzó a estudiar en el Centro de Capacitación Cinematográfica de México, se enfrentó al sexismo.

Huezo se había inscrito para ser directora de fotografía, pero una vez dentro de la institución, se percató de que los directores masculinos no la convocaban para sus proyectos, por lo que terminó dirigiendo y haciendo la fotografía de sus propios proyectos.

“Decían cosas como ‘las cámaras son muy pesadas’”, relató.

Valadez encontró obstáculos similares en el Centro de Capacitación Cinematográfica, donde fue una de solo cuatro mujeres en una clase de 15. Valadez dijo que a algunas estudiantes de las escuelas de cine les hacían preguntas inapropiadas, como si pensaban tener hijos o si podían ser capaces de cargar equipos.

“Las mujeres nos enfrentamos a más filtros”, dijo. “Los hombres de estas generaciones son criados para creer que el destino está en sus manos”.

El sexismo ha sido durante mucho tiempo un problema en las escuelas de cine mexicanas, dijo Maricarmen de Lara, cineasta feminista y profesora que fue directora de la escuela de cine en la Universidad Nacional Autónoma de México de 2015 a 2019.

La industria era aún peor cuando Lara era una joven estudiante, época en la que los sets de rodajes eran presididos por hombres. “Eran hombres que minimizaban el trabajo de las mujeres, y lo hacían públicamente”, dijo Lara, quien agregó que unos pocos eran además violentos. “Hubo algunos directores de fotografía que ni siquiera aceptaban tener a una mujer como asistente de fotografía”.

Aun así, las mujeres han logrado hacer cine en el país durante décadas, dijo Arantxa Luna, crítica y guionista, quien señaló a Adela Sequeyro, quien se desempeñó como productora y directora en la década de 1930, y María Novaro, quien junto a Lara formó parte del colectivo feminista Cine Mujer en las décadas de 1970 y 1980.

El legado del movimiento cinematográfico feminista ha sido particularmente sólido en los documentales mexicanos: entre 2010 y 2020, las mujeres dirigieron un tercio de los documentales en el país, en comparación con solo el 16 por ciento de las películas de ficción.

De cualquier manera, ha sido una batalla cuesta arriba.

“Hace quince o veinte años, en México no había tantas cineastas mujeres”, dijo la documentalista Natalia Almada, quien ganó un premio de dirección en Sundance en 2009. “Incluso el mero hecho de estar allá afuera, como mujer con una cámara haciendo películas era algo significativo”.

Fuera de cámara, las mujeres han tenido un impacto más allá de la dirección. Detrás de algunos de los cineastas mexicanos más destacados de los últimos 20 años también se encuentran productoras como Bertha Navarro, entre cuyos créditos se encuentran varias de las películas más aclamadas de Del Toro, y Mónica Lozano Serrano, quien fue productora asociada de “Amores Perros”, de Alejandro González Iñárritu. Lozano, quien fue presidenta de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, ha defendido en los últimos años la financiación pública del cine en México.

Mientras tanto, el éxito en Hollywood de Iñárritu, Cuarón y Del Toro, apodados como “los tres amigos”, también ayudó a la industria en México, que ha experimentado un incremento en la atención y en el dinero para las películas. Almada dijo que ellos “lograron que una especie de mirada internacional percibiera a México como un lugar donde se están haciendo obras interesantes”.

El resultado ha sido una avalancha de cine mexicano y un aumento correspondiente en el número de películas hechas por mujeres. En 2000, “Amores Perros” fue apenas uno de 28 largometrajes mexicanos; en 2019 se estrenaron más de 200, según cifras oficiales. En 2008, solo cinco películas fueron dirigidas por mujeres, para 2018, ese número había aumentado a 47.

Mientras tanto, el Centro de Capacitación Cinematográfica, donde estudiaron tanto Valadez como Huezo, anunció que, a partir de este año, la mitad de los cupos de sus principales cursos estarán reservados para mujeres.

Sin embargo, queda trabajo por hacer, afirman las cineastas. De los más de 100 largometrajes mexicanos producidos en 2020, cuando la industria se vio afectada por la pandemia, el 17 por ciento fueron dirigidos por mujeres, frente al 20 por ciento del año anterior y el 25 por ciento en 2018.

“Aún queda mucho por recorrer, todavía no hay igualdad”, dijo Huezo. “Y espero que lleguemos a eso, porque enriquecerá mucho al cine”.

© 2021 The New York Times Company

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios se conecten en relación con sus intereses. Para mejorar la experiencia de nuestra comunidad, suspenderemos temporalmente los comentarios en los artículos.