Los médicos de la calle van a donde vayan los manifestantes

Emma Grillo
Safa Abdulkadir, a la izquierda, estudiante de medicina de primer año; Kia Bible, organizadora; y Jackie Kawiecki, quien atendió casos más graves en un autobús convertido en puesto de atención médica, durante una manifestación en Minneapolis en respuesta al asesinato de George Floyd, el 8 de junio de 2020. (Aaron Nesheim/The New York Times)
Atticus Garden, médico de la calle en Columbus, Ohio, atiende a un manifestante que fue rociado con gas pimienta el 30 de mayo de 2020. (Maddie McGarvey/The New York Times)

Cuando Safa Abdulkadir, una estudiante de medicina de primer año de la Universidad de Minnesota, asistió a una manifestación en Minneapolis en respuesta al asesinato de George Floyd, no tenía la intención de recurrir a sus conocimientos médicos. Era 26 de mayo, un día después del asesinato de Floyd y, aunque Abdulkadir había asistido a la protesta como manifestante, hizo una declaración al usar su bata blanca, un emblema común de los profesionales médicos y estudiantes de medicina.

“Fui para hacer hincapié en que había un miembro de la comunidad médica que estaba ahí para apoyar la causa”, dijo Abdulkadir. “Yo quería que mi gente sintiera que yo estaba ahí, apoyándola, y que sintiera mi presencia”.

No obstante, pronto vio a una joven llorando en el suelo y a una pequeña multitud a su alrededor. La mujer le dijo que le habían disparado en el pecho con una bala de goma. Cuando Abdulkadir se acercó al grupo, le preguntaron si era doctora y ella explicó que era estudiante de medicina. Alguien le pidió que revisara la herida de la joven y los presentes formaron una barrera alrededor de ellas para que Abdulkadir pudiera hacerlo. Descubrió algunos moretones, pero ninguna herida grave; entonces le dio una venda que tenía en su bolsillo por casualidad y le consiguió una compresa fría.

“Después de ese día, decidí seguir asistiendo a las manifestaciones con el propósito de ayudar a las personas heridas”, afirmó Abdulkadir. Ella y algunos de sus compañeros de clase comenzaron a llevar artículos básicos de primeros auxilios como vendas, gasas y mezclas de leche de magnesia con agua para contrarrestar el gas lacrimógeno. Usaron cinta adhesiva roja para colocar cruces en sus batas blancas y en unos días encontraron a otros profesionales de la medicina que habían armado puestos de triaje con voluntarios para atender a los manifestantes.

Abdulkadir es solo una de muchas personas en las ciudades y los poblados de todo Estados Unidos que proporciona atención médica durante las protestas por el caso de George Floyd. Estos voluntarios con frecuencia se refieren a sí mismos como médicos de la calle y tienen un historial que se remonta al movimiento por los derechos civiles. El término hace referencia a un grupo indefinido e informal de personas con distintos grados de experiencia en medicina, desde médicos profesionales hasta aficionados, quienes asisten a las protestas y manifestaciones específicamente para proporcionar atención médica a los participantes que puedan necesitarla.

Se han formado coaliciones de médicos de la calle y muchas ofrecen 20 horas de capacitación para enseñarles a los participantes habilidades de primeros auxilios adaptadas específicamente para las protestas, como atender a personas con deshidratación o que estuvieron expuestas al gas lacrimógeno. Algunas organizaciones como Do No Harm Coalition (Coalición no hagas daño), también ofrecen una capacitación de transición para enseñarles a los médicos profesionales el mundo de la medicina de la calle.

Ahmed Owda, estudiante de cuarto año de medicina de la Universidad de Columbia, vio uno de los webinarios de la coalición mientras se preparaba para asistir a las manifestaciones como médico de la calle en Nueva York.

“Soy un hombre afroamericano y ese fue uno de los motivos que me inspiró a estudiar medicina, las inequidades que atestiguamos en las comunidades de color”, señaló. Cuando Owda vio actos documentados de violencia policial en contra de manifestantes en todo el país afirmó que, aunque todavía no era médico, le pareció importante utilizar su posición y sus conocimientos en el ámbito de la medicina para ayudar a los manifestantes como le fuera posible. Ha estado asistiendo a las protestas en Nueva York con su ropa quirúrgica, botellas de agua y un botiquín de primeros auxilios, pero aún no ha tenido que proporcionar atención médica directa”.

Duck Bardus, médico de la calle en Columbus, Ohio, completó su capacitación como tal en las manifestaciones en la Reserva India Standing Rock en 2016. Desde entonces, Bardus ha trabajado en cientos de protestas, pero esta fue la primera vez que experimentó violencia dirigida hacia su persona a pesar de estar identificado claramente como médico de la calle.

“Fue la primera vez en la vida que vi algo similar a lo que está ocurriendo en las calles de Columbus”, dijo. “Jamás me habían disparado proyectiles, nunca me habían lanzado gas pimienta en una manifestación y todo eso sucedió en el transcurso de la semana pasada aquí en Columbus”.

Bardus calculó que durante las dos semanas anteriores ha atendido de 150 a 200 personas, principalmente por irritantes químicos, y ha llamado a una ambulancia en múltiples ocasiones, aunque los técnicos de emergencias médicas no siempre pudieron llegar a los lesionados a través de las multitudes, por lo que señaló la importancia de los médicos de la calle.

Bardus afirmó que el 28 de mayo se encontraba con un grupo de manifestantes pacíficos cuando la policía comenzó a “bombardearlos con gas lacrimógeno y gas pimienta”.

“Atendí al mismo hombre tres veces en un lapso de quince minutos”, dijo Bardus. “Jamás había visto a un manifestante recibir el impacto de tantos irritantes químicos y simplemente levantarse de un salto y volver a la protesta. Eran bastante resilientes. Estaban decididos”.

Para muchos médicos de la calle, el coronavirus ha hecho que su trabajo se sienta más necesario. Los oficiales de policía han estado usando gas lacrimógeno contra los manifestantes, lo que con frecuencia provoca tos y aumenta la propagación del virus. Algunos funcionarios de salud han externado sus preocupaciones y la mayoría de los médicos de la calle han llevado cubrebocas para repartirlos entre los manifestantes, además de tratar de cambiarse los guantes cada vez que atienden a un paciente.

“Me preocupa mucho que la Guardia Nacional y la policía estén utilizando cosas como el gas pimienta y el gas lacrimógeno a sabiendas de que estamos en una pandemia y que esa exposición podría aumentar el riesgo de contraer COVID-19”, afirmó Dominique Earland, estudiante de medicina de primer año y doctoranda de la Universidad de Minnesota, que ha estado trabajando como médico de la calle en Minneapolis. “Es especialmente preocupante para mí, como mujer negra, saber que la comunidad negra fue afectada desproporcionadamente por el COVID antes, y después no tuvo una respuesta justa en absoluto”.

Owda comparte las inquietudes de Earland. “Evidentemente, el COVID es un desastre increíble”, dijo. “Pero en mi vida diaria la violencia policial es en muchos sentidos una amenaza mayor que el COVID”.

Se han documentado casos en los que la policía ha destruido los suministros de los médicos de la calle; Earland y Abdulkadir aseguraron que el 30 de mayo tuvieron que huir de un puesto de triaje en el que estaban ayudando a los manifestantes, porque los oficiales de policía comenzaron a disparar balas de goma cerca de ellos.

“No puedo confirmarlo”, señaló John Elder, portavoz del Departamento de Policía de Minneapolis. “No tengo conocimiento de ello”.

Earland dijo: “Supongo que fui ingenua, incluso después de que la mayor parte de mi vida adulta vi a la policía actuar con mucha brutalidad hacia la gente de la comunidad negra. Creo que pensé que mi bata blanca podría protegerme”.

This article originally appeared in The New York Times.

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