La máquina de Mar-a-Lago: Trump como jefe del partido de nuestros días

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El representante republicano de Carolina del Norte Madison Cawthorn, quien consiguió un codiciado espacio para hablar en un mitin encabezado por el expresidente Donald Trump tras ser regañado por el Partido Republicano por decir que sus colegas en Washington habían celebrado orgías y consumido cocaína, en Selma, Carolina del Norte, el 9 de abril de 2022.  (Veasey Conway/The New York Times).
El representante republicano de Carolina del Norte Madison Cawthorn, quien consiguió un codiciado espacio para hablar en un mitin encabezado por el expresidente Donald Trump tras ser regañado por el Partido Republicano por decir que sus colegas en Washington habían celebrado orgías y consumido cocaína, en Selma, Carolina del Norte, el 9 de abril de 2022. (Veasey Conway/The New York Times).

PALM BEACH, Florida — Una noche cualquiera, Donald Trump se pasea por el patio de Mar-a-Lago y pronuncia unas palabras desde un atril, para dar la bienvenida al candidato favorecido que le paga por el privilegio de recaudar fondos allí.

“Este es un lugar especial”, dijo Trump en una de esas noches de febrero en su club privado. “Solía decir que era la ‘zona cero’, pero después del World Trade Center ya no usamos ese término. Este es el lugar donde todo el mundo quiere estar”.

Durante 15 meses, un desfile de aspirantes ha hecho el recorrido para jurarle lealtad y presentar su candidatura. Algunos han contratado a los asesores de Trump. Algunos llevan regalos; otros sacan los trapos sucios. Casi todos repiten la mentira de que las elecciones de 2020 fueron robadas.

Trump ha transformado la antigua suite nupcial de Mar-a-Lago en un cuartel general a la sombra del Partido Republicano y ha amasado más de 120 millones de dólares, una suma que duplica la del Comité Nacional Republicano.

Y mientras otros presidentes anteriores cedieron el escenario político, Trump ha hecho lo contrario, ya que ha tratado de emprender una agresiva campaña de venganza contra los republicanos que lo han perjudicado, con su respaldo a más de 140 candidatos en todo el país y con la conversión de las primarias de 2022 en una prueba de tensión para su influencia persistente.

Al inspirar miedo, acaparar dinero, repartir favores y tratar de aplastar a sus rivales, Trump se está comportando no solo como un agente de poder, sino como algo más cercano al jefe de una máquina política del siglo XIX.

“Los líderes de los partidos nunca han desempeñado el papel que Trump está desempeñando”, afirmó Roger Stone, un asesor intermitente de Trump desde la década de 1980 a quien se ha visto en fechas recientes en Mar-a-Lago. “Porque él puede, y no se rige por las reglas convencionales de la política”, explicó.

Matthew DePerno, candidato republicano a fiscal general de Míchigan respaldado por el expresidente Donald Trump, en un mitin en Lansing, el 26 de marzo de 2022. (Nic Antaya/The New York Times).
Matthew DePerno, candidato republicano a fiscal general de Míchigan respaldado por el expresidente Donald Trump, en un mitin en Lansing, el 26 de marzo de 2022. (Nic Antaya/The New York Times).

Esta imagen de Trump como un jefe de partido moderno se ha extraído de más de 50 entrevistas con asesores en activo y retirados de Trump, rivales políticos, republicanos que han buscado su apoyo y funcionarios y estrategas del Partido Republicano que están lidiando con su influencia.

Es evidente que Trump disfruta del poder. Pero mientras insinúa una y otra vez la posibilidad de aspirar a la Casa Blanca por tercera vez, la pregunta que se plantea es si puede seguir siendo el rey de la nación si no aspira a la corona.

Trump no quiso ser entrevistado para este artículo.

Las personas cercanas a Trump dicen que se siente gratificado por el ejercicio crudo de su poder. Escucha a los grupos de presión de los republicanos de alto rango, como el representante Kevin McCarthy, líder del partido en la Cámara de Representantes, y luego los ataca sin previo aviso. Un día después de que McCarthy regañó al representante republicano de Carolina del Norte, Madison Cawthorn, por decir que sus colegas en Washington habían celebrado orgías y consumido cocaína, Trump le concedió a Cawthorn un codiciado espacio para hablar en su próximo mitin.

‘Clientelismo político en desarrollo’

Ahora, toda una economía política gira en torno a Trump, en la cual sus propiedades están haciéndose de enormes sumas: tan solo los candidatos federales y las comisiones han pagado casi 1,3 millones de dólares por la celebración de eventos en Mar-a-Lago, según muestran los registros. Ha surgido una falange de aduladores de Trump, a los que los candidatos pagan con la esperanza de conseguir reuniones, aunque los antiguos seguidores de Trump advierten que, en el juego de la influencia de Trump, el comprador siempre debe tener cuidado.

“Si alguien anda por ahí vendiendo su capacidad para conseguir respaldos, está vendiendo lo que no es suyo”, dijo Michael Caputo, un exasesor que todavía habla con Trump. “Lo que parece ser clientelismo político en desarrollo en realidad es la coalescencia de muchos asesores que fingen saber cómo conseguir el respaldo de Trump. En realidad, nadie sabe el camino a seguir”.

Sin embargo, aunque el clientelismo político en Nueva York no es nuevo, como lo demuestra Tammany Hall, una máquina política que perduró durante casi dos siglos y cuya longevidad se debe a la difusión del patrocinio, Trump puede ser muy tacaño. Aunque celebra mítines para algunos candidatos, en muchos casos su apoyo no va más allá de un correo electrónico y un cheque de 5000 dólares.

Taylor Budowich, vocero de Trump, señaló que centrarse solo en el gasto directo no toma en cuenta el valor que tiene el aval de Trump para los votantes y la “cobertura mediática gratuita” que genera.

A diferencia de los jefes políticos del pasado, Trump ha hecho mucho énfasis en los mecanismos electorales, además de sembrar en todo momento la desconfianza en el sistema mediante afirmaciones falsas de manipulación de votos.

Ejercer el poder sobre el partido y vender la ficción de unas elecciones robadas también son estrategias para desviar la atención de la desafortunada salida de Trump de la Casa Blanca como perdedor.

Michael D’Antonio, biógrafo de Trump, estableció un paralelismo entre este periodo y una crisis anterior en la carrera de Trump: su bancarrota a principios de 1990. “Para cualquier otro estos habrían sido acontecimientos demoledores”, dijo. “Pero para Trump solo marcaron un giro en su método y en su búsqueda del poder. Y nunca aceptó que estas fueran derrotas de verdad”.

Los demócratas se están preparando para derrotas en 2022. Pero los estrategas de ambos partidos dicen que el gran perfil público de Trump representa un riesgo para los republicanos, ya que las encuestas privadas y los grupos de discusión muestran que él sigue siendo un poderoso factor de rechazo para los votantes indecisos.

‘Como cangrejos en una cubeta’

No hay mejor ejemplo del dominio de Trump sobre el partido que las genuflexiones y contorsiones de quienes buscan su visto bueno en la política.

Algunos candidatos pagan por asistir a las recaudaciones de fondos en Mar-a-Lago de otros, y esperan lograr captar la atención de Trump, o mejor aún, una foto.

En muchos sentidos, la búsqueda de apoyos es una réplica en la vida real del antiguo papel de Trump en la telerrealidad.

“¿Qué era ‘El Aprendiz’ sino un lamentable tumulto de personas que se comportaban como cangrejos en una cubeta y que pedían que él los sacara de ahí?”, recordó D’Antonio.

En una de las escenas más recordadas, el año pasado, Trump llevó a varios candidatos al Senado de Ohio a una sala de Mar-a-Lago, donde empezaron a atacarse unos a otros con discursos mientras él observaba.

Trump no respaldó a ninguno de ellos; en cambio, apoyó al escritor J.D. Vance. En un debate previo al respaldo, Matt Dolan, el único aspirante republicano que no compite por el respaldo de Trump, sugirió que sus rivales estaban poniendo a los electores de Ohio en segundo lugar. “Hay gente en este escenario que, literalmente, está luchando por obtener un voto”, afirmó, “y la persona que les dará ese voto no está en Ohio”.

Dolan es una excepción. En general, una audiencia con Trump puede llevar al éxito o al fracaso de una candidatura. Por eso, los candidatos planean mucho sus estrategias.

A Trump le gusta la adulación y le gusta recompensar a los aduladores. Pero los expertos dicen que llevar material visual convincente también es importante. El uso de letras de gran tamaño es fundamental, con fotos y gráficos en color.

“No es un tipo muy digitalizado, así que llevamos todo impreso”, dijo Joe Kent, quien logró ganarse el respaldo de Trump en su esfuerzo por desbancar a la representante republicana de Washington, Jaime Herrera Beutler, una de las diez representantes republicanas que votaron a favor del juicio político en contra de Trump.

Cuando le gusta lo que ve, Trump envía por correo palabras de aliento, garabateadas en recortes de prensa con rotulador.

Televisión de precisión

La televisión es una vía popular para llegar a Trump y algunos candidatos tratan de hacerlo mediante la transmisión de anuncios lejos de su electorado. Cuando Trump estaba en su club de golf de Bedminster, Nueva Jersey, durante el verano, Jim Lamon, un candidato al Senado de Arizona, pagó por un anuncio en Fox News de Nueva Jersey.

Algunos atraen la atención de Trump en televisión, entre comerciales.

La vicegobernadora de Idaho, Janice McGeachin, apareció en el programa de Fox News de Tucker Carlson en junio y se deshizo en elogios hacia Trump. Al día siguiente, él la llamó.

“Fue lo mejor”, afirmó la vicegobernadora, quien agregó que “le hizo saber” al exmandatario que planeaba desafiar al gobernador Brad Little, el republicano en funciones y le pidió su apoyo. Poco después, estaba en un avión rumbo a Nueva York para una reunión en la Torre Trump.

McGeachin le dijo a Trump que Little no había luchado lo suficiente para anular las elecciones de 2020. En el otoño, presentó su caso en Mar-a-Lago. Pronto, Trump la apoyó de manera formal, aunque no dejó de elogiar a Little, que había asistido a una recaudación de fondos en Mar-a-Lago para una organización no lucrativa afín a Trump apenas unos días antes.

El episodio encapsula las peculiaridades del estilo de Trump como jefe del partido: la receptividad al cortejo intensivo, la toma de decisiones aleatoria, la posibilidad de excederse y la exigencia de que se amplifiquen sus falsas afirmaciones de fraude electoral.

Una mano dura

Con la vista puesta en su historial de victorias y derrotas en materia de avales, Trump está tratando cada vez más a los candidatos republicanos como piezas de ajedrez que se pueden mover, intercambiar o abandonar. Los resultados han sido dispares.

En Carolina del Norte, Trump trató de conseguir que un aliado, el diputado Mark Walker, abandonara su campaña al Senado y dejara la vía libre para el candidato que él respaldaba, el diputado Ted Budd, para que se enfrentara al exgobernador Pat McCrory en las primarias de mayo. Pero después de que los tribunales alteraron los mapas políticos del estado, Walker se negó y amenazó con dividir el voto pro-Trump, aunque las encuestas muestran que Budd lidera de todos modos.

Trump ya retiró un apoyo, al representante de Alabama Mo Brooks que quería postularse al Senado de ese estado, después de que Brooks cayó en las encuestas y podría hacer lo mismo con otros que no encabezan las encuestas. Por ejemplo, ha hablado en privado de moderar su postura a favor de McGeachin.

Puede que en ningún lugar Trump haya profundizado más en la política local que en Míchigan, guiado en parte por la copresidenta del partido, Meshawn Maddock, una aliada cercana que organizó autobuses para llevar a los manifestantes a Washington el 6 de enero de 2021. En noviembre de 2020, después de que Trump convocó a los legisladores de Míchigan a la Casa Blanca para una reunión extraordinaria mientras buscaba anular las elecciones, los dos líderes legislativos del Partido Republicano del estado lo rechazaron. Ahora, Trump ha dado su respaldo a más de media decena de candidatos a la legislatura de Míchigan para encumbrar al marido de Maddock, el diputado estatal Matt Maddock, como próximo presidente de la Cámara de Representantes del estado.

Las contiendas en las que Trump ha respaldado a un candidato serán objeto de estudio para ver si disminuyen su poder. Pero el hecho es que muchos de los candidatos a los que se opone en las primarias siguen diciendo que son republicanos que apoyan a Trump. Pocos ven una fecha de caducidad en su dominio hasta, y a menos, que decline postularse de nuevo en 2024 o sea derrotado.

Una reciente aparición en el pódcast del Comité Nacional Republicano captó tanto las ventajas como los inconvenientes del inquebrantable apego del partido hacia Trump. Por mucho, se trató del episodio del pódcast más visto en YouTube, hasta que el sitio lo retiró por difundir información errónea.

“No se puede subestimar el poder de su apoyo”, le había dicho Ronna McDaniel, la presidenta del partido, a Trump, antes de agregar: “Lo necesitamos”.

© 2022 The New York Times Company

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