Bajo la lupa: EE.UU. revisará el historial de todos los soldados presentes en la jura de Biden

Rafael Mathus Ruiz
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WASHINGTON.- Desértico, el centro de Washington quedó blindado como nunca para recibir a la presidencia de Joe Biden. En un clima tenso y de alerta máxima, las autoridades federales desplegaron un verdadero ejército en la ciudad, y para extremar los recaudos y evitar cualquier incidente que pueda empañar la jura, decidieron poner bajo la lupa y revisar el historial de cada uno de los 25.000 soldados que llegaron a la capital al inédito operativo de seguridad que envolverá a la ceremonia de asunción.

Sin gente ni tráfico, las calles que rodean a la Casa Blanca, los edificios federales, el Congreso y la Corte Suprema quedaron bloqueadas por barreras de concreto, vallas, camiones del ejército, patrulleros y camionetas del FBI y el Servicio Secreto y carpas de seguridad con detectores de metales. Ante la amenaza de un posible "ataque interno" del brutal despliegue de efectivos, funcionarios de defensa de Estados Unidos anticiparon que realizarán múltiples controles de antecedentes a cada uno de los soldados que pisará las calles de la capital, un operativo de vigilancia a los vigilantes.

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"Queremos asegurarnos de que todos en esta burbuja de seguridad tienen el privilegio de estar ahí", indicó el general William Walker, jefe de la Guardia Nacional de Washington, quien justificó la inédita operación en una "abundancia de precaución".

La decisión ofreció la última muestra de las extraordinarias medidas de seguridad que ha tomado el gobierno federal en Washington luego del letal asalto al Capitolio el pasado 6 de enero por parte de cientos de enfurecidos partidarios del presidente, Donald Trump, que intentaron impedir que el Congreso diera la certificación final al triunfo de Biden en la elección presidencial. Hubo policías fuera de servicio que participaron en la toma del parlamento, y congresistas sospechan que los líderes de la turba trumpista recibieron ayuda del personal del Congreso para su ataque.

El trauma posterior arraigó los temores de que alguna persona asignada a proteger el traspaso del poder termine siendo una amenaza para Biden, su vicepresidenta, Kamala Harris, o algunos de los invitados a la ceremonia.

Los soldados de la Guardia Nacional que respaldarán a la policía local, las fuerzas de seguridad federales, como la Policía de Parques, el FBI y el Servicio Secreto llegarán a Washington desde todos los estados del país. Aunque ha habido soldados de las reservas del ejército en otras inauguraciones, el número de efectivos es inédito. Las Fuerzas Armadas suelen monitorear de manera rutinaria a sus integrantes en busca de cualquier indicio que pueda revelar alguna asociación grupos extremistas. A ese monitoreo se sumaron ahora controles del FBI, un "barrido de varias capas", en las palabras de Walker.

A pesar de los temores, las máximas autoridades del Pentágono se preocuparon por remarcar en las últimas horas que, de momento, los controles no han arrojado evidencias de una "amenaza interna". Pero luego del ataque al Capitolio, y ante la efervescencia que han mostrado desde la elección grupos de la ultraderecha, como Proud Boys, y el trumpismo duro, nadie se atrevía a descartar nada.

"Como es normal para el apoyo militar a grandes eventos de seguridad, el Departamento de Defensa examinará a los miembros de la Guardia Nacional que se encuentran en Washington. Si bien no tenemos información de inteligencia que indique una amenaza interna, no dejamos piedra sin remover para asegurar la capital", dijo en un comunicado el jefe interino del Pentágono, Christopher Miller.

El secretario del Ejército, Ryan McCarthy, dijo en una entrevista con la agencia de noticias AP que las autoridades están conscientes de la potencial amenaza que conlleva la presencia de los soldados para la jura, y les advirtió a los comandantes que estén atentos a cualquier problema en sus filas antes de la investidura.

"Continuamente estamos revisando el proceso, y echando un segundo y tercer vistazo a cada uno de los individuos asignados a este operativo", indicó McCarthy.

Trump pasó el antepenúltimo día de su presidencia encerrado en la Casa Blanca, sin eventos. Su equipo de prensa sólo reiteró que el mandatario tenía previsto "tener muchas reuniones y realizar muchas llamadas", una agenda repite desde las fiestas de fin de año. Quien sí habló fue la Primera Dama, Melania Trump, quien volvió a condenar la violencia y urgió a los norteamericanos que actúen con "bondad".

"Sean apasionados en todo lo que hagas, pero recuerden siempre que la violencia nunca es la respuesta y nunca se justificará", dijo Melania. "Cuando llegué a la Casa Blanca, reflexioné sobre la responsabilidad que siempre he sentido como madre de alentar, dar fuerza y ??enseñar valores de bondad", agregó en su mensaje, difundido a través de un video.

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Biden y Harris y sus respectivas parejas, Jill Biden y Douglas Emhoff, realizaron tareas de voluntariado en Filadelfia y Washington, respectivamente, para conmemorar un nuevo aniversario del nacimiento de Martin Luther King Jr.. Biden se reunió luego con su equipo de transición.

"No va a ser fácil, como hemos dicho", indicó Harris, sobre los desafíos y los primeros días que le esperan al gobierno entrante. "Joe ha delineado nuestro plan de vacunación, nuestro plan de recuperación y, en particular, el alivio para los trabajadores y las familias. Y queda mucho por hacer. Algunos dirían que el nuestro es un objetivo ambicioso, pero creemos que con trabajo duro y con la cooperación y colaboración de los miembros del Congreso de los Estados Unidos podemos lograrlo", completó.