Luka Doncic debe aprender que no regalan lo de ser el mejor del mundo

Guillermo Ortiz
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PHOENIX, ARIZONA - DECEMBER 23: Luka Doncic #77 of the Dallas Mavericks reacts to a foul call during the second half of the NBA game against the Phoenix Suns at PHX Arena on December 23, 2020 in Phoenix, Arizona.  NOTE TO USER: User expressly acknowledges and agrees that, by downloading and/or using this Photograph, user is consenting to the terms and conditions of the Getty Images License Agreement. Mandatory Copyright Notice: Copyright 2020 NBAE (Photo by Christian Petersen/Getty Images)
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Antes de empezar la temporada, los general managers de las distintas franquicias eligieron a Giannis Antetokounmpo como gran favorito para repetir en la votación al MVP, el galardón al mejor jugador de la liga. En segundo lugar aparecía Luka Doncic, pese a su juventud (21 años). En Las Vegas, subían la apuesta y colocaban al esloveno como la opción más probable al premio, una presión quizá desmedida para un jugador muy talentoso pero que juega en un equipo que pasará apuros para meterse siquiera en los play-offs por el título. Es muy raro -Russell Westbrook quizá sea la única excepción, pero es que Russell Westbrook promedió aquel año un triple doble por primera vez en 50 años- que un jugador sea elegido MVP sin llevar a su equipo detrás a un puesto muy alto en la liga regular. Los Dallas Mavericks no parecen uno de los cuatro mejores siquiera de su conferencia.

Con todo, la mejora de Doncic el año pasado, cuando acabó con 29 puntos, 9 rebotes y 9 asistencias por partido, fue tan impresionante que solo un leve impulso estadístico le colocaba fuera del alcance de cualquier otro jugador. Se entiende el entusiasmo, vaya, aunque sea un poco irracional. No se sabe si lo ha entendido el propio Doncic. Lo anecdótico es que su equipo sume tres derrotas en los cuatro primeros partidos porque el que ganaron lo hicieron por más de 50 puntos ante uno de los mejores equipos de la liga. Eso cambiará con el tiempo, aunque quizá no tan fácilmente como parecen pensar los directivos y aficionados de los Mavericks. Tampoco es alarmante que las medias de Doncic hayan bajado a 24 puntos, 6 rebotes y 6 asistencias. No solo siguen siendo números brillantes sino que estoy convencido de que irán mejorando sustancialmente en muy poco espacio de tiempo.

Lo que realmente preocupa es la actitud. Me explico: Doncic es un talento extraordinario. Su facilidad para generar juego y culminarlo es excelsa y su juventud invita a pensar en más años de progreso. Ahora bien, ese progreso hay que ganárselo. Uno no se imagina a LeBron James llegando al inicio de temporada con sobrepeso y resoplando desde el primer partido en los tiempos muertos con los mofletes hinchados. Uno no se imagina a Giannis Antetokoumnpo en esa situación. Sí a James Harden, ya lo hemos visto, pero Harden, una comparación recurrente en la carrera de Doncic, es un ejemplo a evitar en lo extradeportivo. El único gran campeón que recuerdo que podía empezar la liga regular con varios kilos de más y ser igual de devastador era Shaquille O´Neal, pero O´Neal era una anomalía física desde todos los puntos de vista.

Doncic puede jugar con sobrepeso y seguir siendo de lejos el mejor del partido. Otra cosa es la imagen que da y mucho más la imagen que da cuando su equipo pierde de paliza contra los Charlotte Hornets. El propio Mark Cuban ha tenido que intervenir para calmar los ánimos y dar una explicación algo extraña a la evidente falta de forma de su estrella. Doncic contaba con jugar con Eslovenia un par de partidos de clasificación para el próximo Eurobasket pero al final no hubo acuerdo NBA-FIBA y se quedó sin poder disputar esos partidos ante Ucrania y Hungría. Yo puedo ser muy comprensivo con la gente a la que admiro, pero a otro perro con ese hueso. ¿Doncic ha llegado fuera de forma a la NBA porque no ha podido disputar 25 minutos contra Ucrania hace un mes? En fin, dejémoslo estar.

Que Doncic tenga un futuro esplendoroso no implica que le vaya a venir regalado. Eso él lo sabe porque es profesional desde los 15 años. A determinados niveles, y este es el más alto al que se puede enfrentar cualquier jugador de baloncesto, el listón de los elegidos para la historia, no hay excusas. Si quieres ser el mejor, tienes que llegar desde el primer partido como un toro. Si quieres llevar a un equipo más bien limitado a lo más alto, tienes que ofrecerles tu mejor versión desde el primer minuto. No hay atajos. No puede haberlos. Estamos ante una liga regular extraña, de 72 partidos, más explosiva. Ni siquiera sabemos cuántos partidos se jugarán realmente, como para jugársela a empezar lento y luego ir progresando.

Cuando hablamos de los Dallas Mavericks, hablamos de un equipo que el año pasado rindió a un nivel excepcional pero que sigue contando en su cinco inicial con jugadores que no estarían en la rotación de ninguno de los contendientes al título. ¿Qué quieren Cuban y Doncic? Si quieren dar un paso adelante y competir desde ya, no pueden depender del Eslovenia-Hungría de las ventanas FIBA. No es serio. Los días pasarán, Doncic perderá grasa, estará más ágil, se cansará menos, tirará mejor, etc. Eso lo doy por descontado. Lo que tiene que tener claro es que esto no se puede repetir el año que viene. El desacierto en el tiro es puntual y va por rachas, pero la condición física es innegociable. Un jugador que utiliza tanto su cuerpo para compensar determinadas carencias y que tiene un amplio historial de lesiones de tobillo en el pasado no puede permitirse lujos. Uno le puede perdonar a Doncic no ser el mejor porque eso no se le puede exigir a nadie. No le puede perdonar que no ponga todo de su parte para intentar serlo. En ese camino está. Es muy probable que llegue a buen puerto. Antes, queda mucho por aprender, desde luego.

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