Luis Majul: "Cristina Kirchner, obsesionada con su impunidad"

Luis Majul

Mientras todo el país está pendiente de cómo se flexibilizará la cuarentena, la vicepresidenta Cristina Kirchner parece seguir obsesionada con quitarse de encima las causas judiciales en las que está procesada. O para decirlo de manera más directa: parece obsesionada con su impunidad.

Ayer, alguien del equipo de gobierno a quien respeto nos aseguró que cuando los medios o periodistas como nosotros damos por sentado que Cristina habló con Alberto de sus causas judiciales lo que estamos haciendo, en el fondo, es construyendo una falacia.

La definición de falacia es: engaño o mentira que se esconde debajo de algo, en especial cuando se pone de manifiesto su falta de verdad.

Por supuesto: el presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta mantuvieron una reunión de casi tres horas a solas. O por lo menos eso fue lo que informaron fuentes oficiales. El contenido de la conversación no se filtró. Ni de un lado ni del otro. No tenemos manera de confirmar nada de lo que hablaron.

Pero ¿por qué seguimos sosteniendo desde aquí que a Cristina parece importarle más su situación procesal que el Covid-19?

Porque más allá de lo que pudieron hablar en la última cumbre con Alberto Fernández, dirigentes que responden a Cristina renovaron su embestida contra los fiscales y los jueces. Es más: en las últimas horas volvieron a agitar la controvertida y sospechosa bandera de la reforma judicial.

Y no se trató de ningún loquito suelto. Uno de los agitadores fue, por ejemplo, el vocero preferido de Cristina y presidente del Instituto Patria y senador nacional Oscar Parrilli.

Porque Parrilli, en diálogo con radio Cítrica, no solo volvió a insistir con la imprecisa denuncia de la existencia de una supuesta mesa judicial del gobierno de Macri que se confabulaba para meter presa a la gente que no le caía bien. También reclamó la discusión urgente de la remanida reforma judicial, a la que el Covid-19 relegó, por razones evidentes.

Y otra agitadora de los deseos de Cristina fue, como no podía ser de otra manera, la abogada defensora del exvicepresidente Amado Boudou y asesora jurídica del Senado, Graciana Peñafort, quien repitió los conceptos de Parrilli, como si fuera el protocolo de un manual previamente estudiado.

¿Podrían haber avanzado Parrilli y Peñafort sin el guiño de la vicepresidenta de la Nación? Suponemos que no. ¿Por qué? Porque sabemos, después de muchos años de experiencia, que nadie habla de asuntos tan sensibles sin la autorización expresa de Cristina.

Enseguida vamos a volver sobre el asunto, pero ahora quiero darle información de primera mano, sobre las sugerencias que le hizo el jefe de gobierno de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta para flexibilizar la cuarentena en todo el territorio de la Ciudad de Buenos Aires.

· Se autorizaría la apertura, a partir de las 11 de la mañana, de los comercios de cercanía.

· Para que tengas una idea más completa, te vamos a decir qué actividades seguirán sin autorizarse:

· No se permitirá la apertura de shoppings.

· Tampoco la de ningún negocio de indumentaria. Ni ropa, ni calzado, ni accesorios.

· La razón es lógica: la presión de la demanda por renovar las prendas desbarajustaría el distanciamiento y la disciplina social.

· Tampoco se autorizará la apertura de peluquerías ni pequeños ni medianos negocios de servicios personales.

· Los gimnasios continuarán cerrados.

· Los bares, restaurantes, cafeterías y cervecerías tampoco podrán abrir sus puertas para servir en sus locales con las mesas y las sillas desplegadas,

· Sí estarán autorizados a vender bajo la modalidad take away. Es decir: el cliente primero lo encarga y más tarde lo pasa a buscar.

· Se autorizarán las mudanzas, pero solo los fines de semana.

· Se permitirá el trabajo en la construcción pero solo para las excavaciones y las demoliciones. Es decir, para los trabajos que quedaron a medio hacer y correrían el peligro de derrumbarse y generar un daño mayor.

· También se habilitarán los servicios administrativos de las universidades y los colegios primarios y secundarios.

· Esto no significa que puedan volver las clases. Es más: las clases presenciales serán la última de las actividades que se permitirán, una vez que pase la cuarentena.

· No se autorizará tampoco ninguna actividad física en los parques y plazas de la ciudad.

· El único punto que falta discutir es el que generó tanta controversia hace dos semanas: la vuelta a la manzana con los niños. Todavía no se sabe si se hará o no se hará ni con qué modalidad ni durante cuánto tiempo.

Pregunté a la calificada fuente que nos dio la información si existía la posibilidad de volver a cerrar todo, como al principio. La respuesta fue: "Claro. Si no se respeta el distanciamiento social o si a miles de vecinos se les ocurre salir a la calle sin barbijo, cerrar de nuevo todo sería inevitable".

Ahora volvamos, por un instante, a la obsesión de Cristina por el funcionamiento de la Justicia.

Dice la fuente del Gobierno a la que respetamos y escuchamos que la otra falacia de los medios o periodistas como nosotros consiste en hacer creer a la opinión pública que Cristina interfiere en las decisiones del Presidente. Que esa perspectiva es equivocada. Y es dañina.

Que Alberto Fernández es el presidente de un Frente y que el jefe de Estado busca que todos participen del Gobierno, sin dejar a nadie afuera. Y que los medios y los periodistas como nosotros solo vemos como determinante en el Gobierno el espacio de Cristina.

Bien. No hay manera de comprobar esta hipótesis. Solo se puede afirmar lo que se ve de manera pública. Y lo que se ve de manera pública es que, ante la centralidad de Alberto Fernández, dirigentes cristinistas pugnaron por instalar su agenda "ideológica". Daremos un solo ejemplo: el impuesto a los grandes patrimonios que por estas horas aparece deshilachado y de difícil aprobación.

Fuera de toda controversia, ya casi nadie discute la idea de, con independencia de la primera y correcta decisión original de ir a una cuarentena estricta, la gestión del gobierno en ciertas áreas se percibe de regular para abajo.

Una de esas áreas es la menos pensada, la que consiste en terminar con el hambre en la Argentina. Se podrá argumentar que la existencia de los sobreprecios está demorando la distribución efectiva de los alimentos secos, pero los que pusieron su cara en la mesa del hambre podrían estar ahora colaborando para acelerar la entrega y asegurarse que el Estado compre lo más barato posible.

La otra tiene que ver con la eficiencia para hacer llegar la ayuda económica concreta que se prometió ni bien se decretó la cuarentena. Porque a la demora de la entrega efectiva del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y el papelón de las respuestas negativas desopilantes se le está por agregar otro escándalo en ciernes: el de los créditos a tasa cero que el Gobierno prometió dar a los monotributistas, previa autorización de la AFIP.