La transformación de Luís Figo: de jugar de extremo derecho a pope de la derecha política

Luis Tejo
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Figo mostrando una papeleta con la palabra Spain que había sacado de una copa durante el sorteo de la Liga de las Naciones de la UEFA.
Figo, con la papeleta de España durante el sorteo de la Liga de las Naciones el pasado marzo. Foto: Laurens Lindhout/Soccrates/Getty Images.

Muchas veces la política, más que de ideología, es una cuestión de estrategia. En este sentido tiene mucho que ver con el deporte: quizás estés convencido de que determinada acción es la más correcta, pero las circunstancias te llevan a emprender otro camino para alcanzar tus objetivos. El marxismo de Groucho, el célebre “estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros”, se presenta como una máxima vital muy eficaz.

Si alguien sabe de variar su tendencia en función de la situación (o de dar bandazos, dirían las malas lenguas) en el panorama político español, ese es Albert Rivera. Ciudadanos, el partido político que lideró este antiguo jugador de waterpolo durante más de una década, fue moviéndose indistintamente de un lado a otro del espectro según conviniera. De hecho, cuando dejó de hacerlo y escoró definitivamente a estribor sus electores se lo penalizaron con un batacazo épico.

Aquella debacle costó el cargo a Rivera, quien ahora se dedica a sus labores como abogado y a dar charlas y conferencias. Según ha anunciado, en breve va a dirigir un seminario online que, precisamente, se centrará en el concepto del cambio. Si te interesa y tienes 10 euros para gastarte en la inscripción, reserva un hueco en tu agenda para la mañana del próximo sábado 28.

A Rivera hay que reconocerle que tiene ojo a la hora de elegir acompañantes. Por ejemplo, Dimas Gimeno, un hombre que ha conseguido que la gente le vea como un empresario exitoso y no como el ultra que lideró a la Falange (a una de ellas) en hasta tres campañas electorales, es un buen ejemplo. Pero si alguien sabe de verdad de cambios, ese es Luís Figo, el portador del brazalete de capitán en el Barcelona que acabó siendo el primer “galáctico” que fichó Florentino Pérez para el Real Madrid.

O quizás no tanto. Porque sí que hay una constante en la vida de Figo: el lado derecho. En su momento era la parte del terreno de juego que ocupaba como futbolista, llegando a ser uno de los mejores del mundo en la posición de extremo y yéndose al otro costado solo en ocasiones puntuales, cuando la billetera de ACS exigía al entrenador de la Casa Blanca que hiciera malabarismos para acomodar en el mismo once a él y a Beckham. Ahora, por cerrar el círculo, Figo permanece en la derecha… de la política. Y parece todavía menos probable que se mueva de ese lado.

El antiguo 7 culé y 10 merengue no pertenece formalmente, que sepamos, a ningún partido político, pero no le ha hecho falta para convertirse en una referencia conservadora en internet. Su cuenta de Twitter, en la cual indica que se ha establecido definitivamente en Madrid, es tremendamente activa, para alegría de sus más de un millón de seguidores. Desde ella se dedica no tanto a lanzar mensajes apoyando a los suyos, que también, sino a atacar con saña a los oponentes, sobre todo mediante el método de retuitear algún mensaje ajeno apostillando con algún comentario muy intencionado.

Sus víctimas predilectas son los integrantes del actual gobierno de España, en particular la parte de Unidas Podemos:

Por supuesto, eso incluye una crítica feroz a la gestión que se está haciendo desde el Ejecutivo en la pandemia del coronavirus:

Aunque también ha tenido sus broncas con dirigentes de otras formaciones. Todavía se recuerda su intercambio de golpes con Gabriel Rufián, el portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya:

Un detalle que llama la atención a propios y extraños es que Luís Figo, afincado en nuestro país pero ciudadano de la República Portuguesa, es un muy firme defensor de la monarquía borbónica.

Quizás lo último que se podía imaginar aquel hijo de inmigrantes alentejanos que, en los años ‘70, crecía en Cova da Piedade, un suburbio lisboeta de clase trabajadora, es que iba a acabar como líder de opinión de la facción más contraria al socialismo en el país vecino. Es lo que demuestra que de cambios radicales Figo sabe un rato. En el fondo, pese a las risas y burlas que haya podido causar, no cabe duda de que para esta tarea concreta Albert Rivera ha elegido bien.

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