Una lucha contra la parálisis cerebral y a favor de los derechos laborales de personas con discapacidad

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LLEGAR a la universidad es sumamente difícil en nuestro país, y si alguien padece algún tipo de discapacidad parece prácticamente imposible por las deficiencias en el acceso a la educación. Carlos Castañón tiene parálisis cerebral y es estudiante de derecho en la Universidad del Valle de México. Su interés es dedicarse al derecho fiscal porque posee un gusto especial por las matemáticas, y también desea utilizar sus conocimientos para defender los derechos de las personas con discapacidad.

Carlos y las personas con discapacidad se enfrentan diariamente al capacitismo, un concepto referido a pensar que el mundo debe estar hecho para las personas sin discapacidad, pues eso es “la norma”, lo que causa una exclusión sistemática —y por tanto discriminación— de las personas con algún tipo de discapacidad.

Otro lado de la moneda del capacitismo es idealizar a las personas con discapacidad, robándoles la capacidad para decidir sobre ellos mismos o idealizándolos como incapaces de cometer errores. Sus éxitos suelen verse desde la romantización, pero sin observar las condiciones estructurales que provocan una exclusión sistemática en el acceso al trabajo o la educación.

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El reflexionar sobre el capacitismo tiene sus raíces en repensar el término de discapacidad. La noción que prevalece actualmente y que es ratificada por organismos como la ONU es plantear que la discapacidad resulta de la interacción entre las personas con deficiencias y las barreras debidas a la actitud y al entorno. Es decir, la discapacidad por sí misma no es mala, el problema es que el entorno y las demás personas sin discapacidad excluyen estructuralmente el acceso a los diversos contextos, ya sea por una cuestión de desdén o indiferencia, lo que ocasiona no diseñar ni planear las condiciones diferenciadas necesarias para las personas con discapacidad en los distintos ámbitos.

Carlos Castañón ha recibido el apoyo en APAC (Asociación Pro-Personas Con Parálisis Cerebral) desde los 14 años, lo que ha permitido que haya concluido todos los niveles educativos en línea. La convicción y deseo por seguir estudiando de Carlos, combinado con el apoyo de su familia y asociaciones como APAC, ha sido la clave para la historia de Carlos.

“Me he dado cuenta de que el estudio te da las herramientas para desarrollarte”, expresa Carlos. “Llegar a la universidad significa el empiezo de un nuevo reto que voy a lograr, como lo he hecho desde pequeño hasta ahora”.

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Su ejemplo de vida se convierte no solo en inspiración para sus congéneres, sino muestra del modelo que se necesita para que las personas con discapacidad puedan llevar a cabo sus planes de vida, cualesquiera que sean estos.

El Estado mexicano firmó la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad el 30 de marzo de 2007 y la ratificó el 17 de diciembre del mismo año, con lo que adquirió el compromiso de respetar, reconocer y garantizar los principios y derechos en ella contenidos.

En dicha convención, los Estados parte adquieren la obligación de promover, proteger y garantizar el disfrute pleno de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales, culturales y ambientales a las personas con discapacidad, mediante los ajustes razonables y la accesibilidad necesaria para lograrlo, utilizando el máximo de los recursos disponibles y, en caso de que estos sean insuficientes, acceder a ellos en el marco de la cooperación internacional.

LAS OBLIGACIONES DEL ESTADO

Por tanto, es una obligación del Estado proveer y suscitar las condiciones para el trabajo digno de las personas con discapacidad. En el caso de México, esto se promueve desde la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), con la elaboración e instrumentación del “Programa Nacional de Trabajo y Empleo para las Personas con Discapacidad”.

De acuerdo con la información de la STPS, dicho programa tiene como objetivo la capacitación, creación de agencias de integración laboral, acceso a bolsas de trabajo públicas o privadas, centros de trabajo protegido, talleres, asistencia técnica, formación vocacional o profesional, becas en cualquiera de sus modalidades, inserción laboral de las personas con discapacidad en la administración pública de los tres órdenes de gobierno, a través de convenios con los sectores público, social y privado.

La “Evaluación Interna 2020 del Programa Social de Apoyo Económico a Personas con Discapacidad”, del Sistema del Desarrollo Integral para la Familia capitalino, dice que el 27 por ciento de las personas con discapacidad están en condiciones de pobreza, con un ingreso limitado que les dificulta sufragar sus necesidades básicas como el alimento y la salud. Además, datos de la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (Enadid) de 2018 declaran que la tasa de ocupación de quienes no tienen discapacidad es de 65.4 por ciento, mientras que la población con discapacidad es del 38.5 por ciento.

Los datos anteriores esbozan un panorama donde no ha sido suficiente la planeación y el diseño incluyente para las personas con discapacidad, lo que provoca pobreza y disminuye las oportunidades de las personas con discapacidad para proveerse a sí mismos de ingreso y un proyecto de vida digno. Por ello, el caso de Carlos Castañón es muy especial, porque combinó las circunstancias necesarias que son condiciones diferenciadas que permitan el ejercicio de los derechos de las personas con discapacidad para decidir sobre su proyecto de vida.

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De acuerdo con los resultados de la Enadid 2018, en México, de las personas de cinco años o más que habitan en el país, 7.7 millones tienen alguna discapacidad, por lo que el Estado debe diseñar dinámicas para que puedan ejercer sus derechos de forma digna.

Carlos está en la universidad, posiblemente su estancia en ese espacio educativo pueda ayudar a dotarle de herramientas para la defensa de sus derechos y los de otras personas con discapacidad. Cuando las personas con discapacidad acceden a los diversos contextos abonan a que estos mismos espacios tengan en cuenta sus necesidades, beneficiando a otras personas con discapacidad en el futuro.

“Para aprender no hay limitantes, las limitantes se las pone uno mismo”, añade Castañón, hoy de 29 años y con parálisis cerebral de nacimiento. “Quiero decir a los jóvenes que no tengan miedo a los retos, los retos nos hacen más fuertes. El aprendizaje me ha dado las herramientas para seguir adelante, no importando mi condición, estar en una silla de ruedas no me ha limitado para alcanzar mis sueños.

“Yo creo que es muy importante que todos los que asistan a la universidad aprendan y que no tengan miedo de enfrentarse a los retos, porque siempre son buenos. En mi caso nunca he perdido, siempre he ganado”, concluye. N

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