La lucha por crear aplicaciones de coronavirus que no resulten nocivas

Jennifer Valentino-DeVries, Natasha Singer y Aaron Krolik
Ahora se está usando una aplicación de celular en Dakota del Norte y Dakota del Sur como parte de las iniciativas estatales para aumentar el rastreo de contactos de las personas infectadas de coronavirus. (Vía The New York Times)
Ahora el gobierno de India está usando una aplicación móvil para aumentar el rastreo de contactos de personas infectadas de coronavirus. (Vía The New York Times)

Ante la amenaza creciente del coronavirus, el gobernador de Dakota del Norte le hizo una pregunta el mes pasado a un amigo que conoce desde que trabajaba en el sector privado. El amigo, un ingeniero de software, alguna vez creó una aplicación de rastreo de ubicación para los aficionados al fútbol en la Universidad Estatal de Dakota del Norte a quienes les gustaba reunirse para viajar a partidos importantes.

“¿Se puede rastrear a la gente que tiene COVID?”, preguntó el gobernador, Douglas Burgum. En cuestión de días, Tim Brookins, el ingeniero, había rediseñado la aplicación de fútbol para lograrlo, recordó en una entrevista. La aplicación ahora se está usando en Dakota del Norte y Dakota del Sur como parte de las iniciativas estatales que tienen como propósito mejorar el rastreo de contactos de las personas infectadas de coronavirus.

La nueva aplicación es parte de una carrera internacional cuyo fin es aprovechar herramientas de celulares para controlar la pandemia. Si se puede rastrear el trayecto del virus, e incluso predecirse, la esperanza es que más personas puedan retomar al menos parte de sus rutinas normales y menos personas tengan que aislarse en casa.

De manera fundamental, las aplicaciones tienen como propósito recolectar información acerca de los movimientos de las personas que han dado positivo en la prueba del virus, alertar a otros que quizá se hayan cruzado con ellas y, en algunos casos, asegurarse de que las personas contagiadas se sometan a una cuarentena. Usan tecnologías de telefonía celular, como el GPS y el Bluetooth, para recolectar y compartir datos, por lo que son ágiles y fáciles de usar, pero también representan un blanco atractivo para los hackers o la vigilancia gubernamental.

Varias decenas de países, estados, universidades y compañías están compitiendo para desarrollar y empezar a usar las herramientas digitales, que, según los expertos en salud pública, podrían mejorar el rastreo de contactos de persona a persona, pero no son la panacea. Esta enorme presión ha provocado que algunos lugares tengan una mezcla confusa de opciones, por lo que algunos investigadores de seguridad están preocupados por las vulnerabilidades halladas en programas que se han creado de manera apresurada.

No hay pruebas de que las aplicaciones serán eficaces sin pruebas generalizadas para el virus y sin una enorme cantidad de participantes voluntarios, lo cual podría verse afectado por años de escándalos de privacidad que involucran tanto a los gobiernos como a las compañías.

Conscientes de los problemas, Apple y Google anunciaron este mes que estaban creando programas que las autoridades de salud pública podrían usar para crear aplicaciones. La herramienta permitirá que distintas aplicaciones funcionen juntas y cuenta con el apoyo de muchos expertos en privacidad. Sin embargo, varios académicos en materia de derecho tecnológico expresaron preocupación acerca de que incluso las herramientas de vigilancia digital bienintencionadas puedan volverse problemáticas y sean difíciles de retirar.

“Ya sabemos lo que las medidas veloces e innovadoras pueden causar en la sociedad”, dijo Woodrow Hartzog, profesor de Derecho e Informática en la Universidad del Noreste, en referencia a las consecuencias negativas de una mentalidad tecnológica que valora la velocidad y la disrupción por encima de todo lo demás.

Solo 25.000 personas en Dakota del Norte, alrededor del 3 por ciento de la población, han descargado la aplicación del estado, que antes de la semana pasada solo estaba disponible para iPhones. El mes pasado, Singapur presentó una aplicación de rastreo voluntario de contactos, pero solo alrededor de 1,1 millones de personas —el 20 por ciento de la población— la han descargado. La aplicación de Noruega se ha vuelto popular más rápidamente, pues casi el 30 por ciento de los residentes se han inscrito desde que se lanzó hace casi una semana y media.

Aun así, un estudio reciente por parte de epidemiólogos de la Universidad de Oxford calculó que el 60 por ciento de la población en una zona determinada necesitaría usar una aplicación automatizada que dé seguimiento a los contactos y notifique a los usuarios sobre la exposición al virus, en conjunto con otras tácticas como pruebas generalizadas y el aislamiento de las personas más vulnerables, para que la aplicación ayude a contener el virus.

Aunque unos cuantos suscriptores son mejores que ninguno, según hallaron los investigadores, las bajas tasas de adopción en muchas zonas indican que los programas voluntarios quizá no proporcionen un gran avance.

“Con un 10, un 20 y un 30 por ciento de adopción de la aplicación, se obtiene una reducción progresiva del tamaño de la epidemia”, dijo Christophe Fraser, experto en dinámicas de enfermedades infecciosas en el Big Data Institute de Oxford, quien ha asesorado al Servicio de Salud Nacional del Reino Unido en torno a una aplicación que está desarrollando.

A pesar de la incertidumbre, algunos expertos en salud dicen que el virus se propaga tan rápida y furtivamente que se necesita con urgencia un nuevo mecanismo para combatirlo. Incluso con una participación parcial, por ejemplo, las aplicaciones pueden permitir el rastreo tradicional de contactos para enfocarse en las personas que no tienen celular, quienes a menudo son más pobres, mayores y más vulnerables. Solo alrededor de la mitad de los estadounidenses de 65 años o más tienen un celular.

“El rastreo automatizado de contactos es una gran idea, una idea ambiciosa”, comentó Louise Ivers, directora ejecutiva del Centro para la Salud Global del Hospital General de Massachusetts en Boston, quien ha estado trabajando con un equipo en el Instituto Tecnológico de Massachusetts con el fin de desarrollar una tecnología de rastreo de contactos. “Sin embargo, es importante ser ambiciosos en este momento”.

Tras la pista de la pandemia

La proliferación de aplicaciones de coronavirus ha seguido el rastro de la propagación de la pandemia en todo el mundo. Con frecuencia, las diferencias entre las aplicaciones son técnicas, pero pueden crear grandes diferencias en su seguridad, privacidad y eficacia.

En febrero, China comenzó a exigir que los residentes de más de 200 ciudades descargaran una aplicación de código sanitario que automáticamente señala si las personas deben iniciar una cuarentena. Los datos de ubicación se envían al gobierno desde los celulares, pero no está claro cómo se toman las decisiones para recomendar el aislamiento.

En contraste, la aplicación de Singapur utiliza tecnología Bluetooth en vez de los datos de ubicación para identificar los celulares cercanos, y la información se almacena en los celulares a menos que una persona dé positivo en la prueba del virus y acepte compartir los datos con los rastreadores de contactos, que entonces pueden notificar a las demás personas que quizá hayan estado expuestas.

En Noruega, la aplicación envía datos desde el GPS y el Bluetooth de los celulares a servidores centrales a los que pueden tener acceso las autoridades gubernamentales en materia de salud. Una nueva ley exige que la información solo se use para la pandemia y que se elimine cada 30 días.

La aplicación de Dakota del Norte, Care19, utiliza wifi, torres celulares y GPS para indicar la ubicación de las personas, generalmente dentro de un rango de 53 metros, por lo que es mucho menos precisa que las aplicaciones que utilizan tecnología Bluetooth. Eso implica que en este momento solo es útil para ayudar a los pacientes a decirles a los rastreadores de contactos dónde estuvieron mientras eran contagiosos.

Un análisis de The New York Times confirma que la aplicación envía la ubicación de las personas a un servidor privado en la plataforma de la nube de Microsoft. Brookins, el desarrollador, dijo que solo él y otra persona tenían acceso al servidor y que los funcionarios de salud solo podían obtener los datos si las personas que dieron positivo al coronavirus aceptaban compartirlos.

India, que, como Estados Unidos, depende de una combinación de iniciativas estatales y federales para abordar la pandemia, es un caso de estudio en la avalancha de nuevas tecnologías.

Una aplicación de cuarentena en el estado indio de Maharastra, que incluye la ciudad más poblada del país, Bombay, utiliza los datos GPS de los celulares de las personas para crear un perímetro virtual alrededor de sus hogares. Si los usuarios salen del radio permitido, la aplicación notifica a las autoridades locales.

Otra aplicación, llamada Quarantine Watch, en el estado de Karnataka, también registra las ubicaciones de ciertas personas que están en cuarentena y exige que se tomen selfis para demostrar que se están quedando en casa.

Como una iniciativa para coordinar la vigilancia de salud pública, el gobierno central del primer ministro Narendra Modi introdujo su propia aplicación de rastreo de contactos a principios de abril. La aplicación, llamada Aarogya Setu —o puente de atención médica— utiliza los datos de ubicación y el Bluetooth de los celulares para registrar los trayectos de las personas y los otros celulares con los que se topen. A petición de Modi, más de 77 millones de personas, alrededor del 5,6 por ciento de la población, la han descargado hasta el momento. Las autoridades locales están promoviendo la aplicación del gobierno de Modi junto con las suyas.

Un experto asesor del gobierno de Modi en torno a su aplicación dijo que ya había ayudado a los supervisores de salud pública a señalar los focos de infección del virus y a acelerar las visitas de puerta en puerta a ciertos vecindarios con el fin de alertar a los residentes, muchos de los cuales no tenían celulares.

Sin embargo, los grupos de defensa de las libertades civiles han advertido que la prisa por adoptar las tecnologías que rastrean el virus quizá establezca nuevas formas de vigilancia gubernamental y control social, aunque las aplicaciones no demuestren ser eficaces en el combate del coronavirus.

“Tan solo lo prueban, ven cómo funciona y, mientras transcurre el debate, extienden el proyecto, y, una vez que se ha ampliado, entonces se vuelve mucho más difícil de reducir”, comentó Sidharth Deb, asesor parlamentario y de políticas de Internet Freedom Foundation, un grupo de defensa de los derechos digitales en Nueva Delhi.

Evitando la vigilancia

Los esfuerzos extensos, y su calidad variable, han suscitado llamados a favor de estándares de la industria relacionados con la privacidad y otros asuntos.

Decidir si se enviarán datos a las autoridades centrales de salud es el punto de contención más importante.

Los tecnólogos que se enfocan en la privacidad dicen que la mejor manera de evitar que los gobiernos usen los datos para vigilar a la gente es no permitir desde el principio que cuenten con este tipo de tecnologías.

“Podemos observar lo ocurrido tras los ataques del 11 de septiembre”, dijo James Larus, decano de la Escuela de Informática y Comunicaciones de la Escuela Politécnica Federal de Lausana, una universidad enfocada en las ciencias en Suiza. “Una crisis permite todo tipo de consecuencias relacionadas con la privacidad”.

No obstante, una recolección centralizada de datos quizá sea esencial para rastrear de manera eficaz a los contactos, según argumentan otros.

“Tener un historial de ubicaciones ayuda a identificar de mejor manera el lugar de las posibles infecciones, así como a identificar los focos rojos”, dijo Lalitesh Katragadda, fundador de Indihood, un grupo que desarrolla tecnologías para poblaciones desatendidas, y asesor de la aplicación del gobierno indio.

Una clave para hacer que las aplicaciones tengan éxito, dijeron los proponentes, es convencer a las personas de que las aplicaciones ayudarán a mantenerlas a salvo y permitir que salgan del confinamiento.

“Cuando escuchamos a la gente decir que nunca adoptarán la aplicación, están hablando como si no viviéramos en el mundo de la actualidad”, comentó Fraser, el epidemiólogo de Oxford.

This article originally appeared in The New York Times.

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