Encuentran la explicación científica al 'subidón' de quienes toman LSD

Miguel Artime
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Dosis clásica de LSD. (Imagen creative commons vista en REX Features).
Dosis clásica de LSD. (Imagen creative commons vista en REX Features).

El siglo XXI va a ser – o al menos eso llevo oyendo desde que se inició – el del conocimiento médico del cerebro. Conocemos cada vez sobre más la ubicación de ciertos circuitos cerebrales, y tenemos una idea bastante correcta sobre las áreas cerebrales que se implican en ciertas funciones cognitivas. ¿Pero dónde reside la consciencia? ¿Dónde se 'encuentra' la mente con el cerebro?

Para contestar esta fascinante pregunta, los científicos no han dudado en estudiar los efectos de las drogas psicodélicas, entre las que destaca la clásica LSD. Yo mismo he publicado a lo largo de estos años, varios de esos trabajos (al final del artículo encontraréis varios enlaces), pero lo cierto es que la dietilamida de ácido lisérgico tiene aún mucho que enseñarnos sobre la forma en que funciona el cerebro. Algunos de esos trabajos podrían – por fin – arrojar algo de luz sobre la misteriosa interfaz entre la consciencia y la fisiología neuronal.

Hoy voy hablaros de un nuevo estudio sobre la materia, realizado por científicos de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), entre los que se encuentra el estudiante de doctorado Andrea Luppi. El objetivo del trabajo del grupo de Luppi era estudiar los efectos del LSD en voluntarios, y por lo que puedo leer la conclusión es fantástica: este alucinógeno permite que el cerebro funcione “más allá” de las normas que dictan la anatomía. ¿Cómo? Alterando los estados de integración dinámica y segregación en el cerebro humano.

En palabras del propio Luppi: "El compuesto psicodélico LSD induce un estado de conciencia profundamente alterado”. El trabajo ha sido posible combinando intervenciones farmacológicas con técnicas de imágenes cerebrales no invasivas como la resonancia magnética funcional (fMRI), lo que ha proporcionado información sobre la función cerebral normal y anormal.

La nueva investigación se enmarca en el estudio de la conectividad funcional dinámica (DFC), la teoría de que los fenómenos cerebrales demuestran estados de conectividad funcional que cambian con el tiempo, lo cual se opone a nuestra corriente de consciencia, que es dinámica y siempre fluye. Esta reciente teoría (comenzó a construirse en la década pasada) viene a expandir el análisis de la conectividad funcional tradicional, que asumía que las redes funcionales normalmente permanecen estáticas en el tiempo.

Mientras se producen estas alteraciones en los estados de conectividad funcional, el cerebro tiene que procesar e integrar esa información de modo que resulte comprensible, pero al mismo tiempo debe segregarla manteniendo separadas a las distintas corrientes sensoriales, para que puedan ser manejadas por sistemas neuronales particulares.

Esta división entre integración y segregación, puede alterarse con el consumo de drogas psicodélicas, algo que los científicos pueden apreciar gracias a nuevas tecnologías de visualización de actividad cerebral no invasivas como la antes citada fMRI.

En el estudio, un grupo de 20 voluntarios sanos se sometieron a escáneres cerebrales en dos sesiones separadas, con quince días de diferencia. En una de las sesiones, los participantes tomaron un placebo antes de ingresar al escáner de fMRI, mientras que en la otra sesión, se les administró una dosis activa de LSD.

Al comparar los resultados de ambas sesiones, los investigadores descubrieron que el LSD separa la conectividad funcional de las limitaciones de la conectividad estructural, al tiempo que altera la forma en que el cerebro gestiona el equilibrado entre la integración y segregación de información.

"Nuestro principal hallazgo es que los efectos del LSD en la función cerebral y la experiencia subjetiva no son uniformes en el tiempo", dice Luppi.

"En particular, la conocida sensación de 'disolución del ego' inducida por el LSD se correlaciona con la reorganización de las redes cerebrales durante un estado de alta integración global".

En efecto, el estado alterado de conciencia de la droga podría verse como un aumento anormal en la complejidad funcional del cerebro, con datos que muestran momentos en los que el cerebro revela patrones predominantemente segregados de conectividad funcional.

En otras palabras, la 'difuminación del yo' típica de un subidón psicodélico podría ser la experiencia subjetiva del cerebro acelerando la dinámica de segregación y desacoplando la estructura del cerebro de su funcionamiento. Es decir, que la capacidad del cerebro para integrar y amalgamar flujos de información separados, formando un todo unificado, se reduce.

Resumiendo, debido a los efectos del LSD, el cerebro se libera y es capaz de explorar una variedad de patrones de conectividad funcional que van más allá de los dictados por la anatomía. Este es presumiblemente el origen de las creencias y experiencias inusuales que dicen sentir durante su viaje psicodélico quienes prueban este alucinógeno.

El estudio sobre los hallazgos del equipo de Luppi acaban de publicarse en Neuroimage.

Me enteré leyendo Sciencealert.com Sciencealert

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