Los profesores olvidados del Covid que se contagiaron en clase y han muerto.



Lleva luchando en la UCI desde el 15 de marzo, tres días después de que se suspendieran las clases.

Durante estos más de tres meses ha estado varias veces al borde de la muerte.

Ahora los médicos confían en que pueda salvar su vida, pero un pulmón y los dos riñones parecen estar fatalmente dañados. Por no hablar de otras graves secuelas.


Aula del colegio Virgen de Europa, en Boadilla del Monte, preparada con distancia de seguridad para evitar contagios cuando los alumnos vuelvan a clase. (Photo by Jesus Hellin/Europa Press via Getty Images)


Es profesor de la escuela de mis hijas, en Madrid.

Arrastrará secuelas durante mucho tiempo, pero que vaya a salvar la vida es ahora la esperanza de su familia. Y la de sus alumnos y compañeros del centro educativo.

La misma esperanza que ya no tiene mi amigo Enrique. Su hermana, también profesora, no ha podido superar la infección por Coronavirus. Se contagió -como otros compañeros de su centro en el madrileño barrio de Sanchinarro- los últimos días de clase. Ingresó en el hospital Puerta del Hierro. El personal sanitario luchó hasta la extenuación por ella. Pero no pudo salvarle la vida. Murió en lo más duro de la pandemia. Tenía 39 años.

No nos olvidemos de ellos.

Los profesores trabajan en un entorno especialmente sensible, con niños y adolescentes -por lo que se sabe- en su mayoría asintomáticos y grandes propagadores del virus, en espacios cerrados. Las últimas semanas antes del confinamiento muchos de ellos se contagiaron.

Durante estos meses en casa ellos también han sido héroes, trabajando sin descanso para que nuestros hijos no sólo siguieran aprendiendo -que también es importante- si no para que no terminaran de perder uno de los lazos más importantes de sus rutinas de normalidad: la escuela y sus compañeros. Aunque fuera a distancia, los profesores han estado ahí para seguir formando a nuestros niños y niñas. Si la única manera de hablar con un crío era llamar al móvil de su padre a las diez de la noche o un sábado por la mañana, ellos lo han hecho. Han mandado deberes por email, por whatsapp, por sms. Han programado videoconferencias y han buscado videos y tareas para que sus alumnos siguieran curioseando -y aprendiendo- tras las clases.

Gracias a todos ellos.