Los peces se reconocen en el espejo

Uno de los individuos del experimento, situado frente al espejo. Credit: Alex Jordan

Si un pez se pone frente a un espejo, ¿es capaz de reconocerse? La pregunta puede parecer poco interesante, pero tiene más contenido del que parece. Porque reconocerse frente a un espejo marca el umbral del auto-reconocimiento, una capacidad cognitiva que se asocia a animales complejos.

En el caso del pez limpiador Labroides dimidiatus, sí es capaz de reconocer su imagen. Y este hecho ha abierto un debate muy interesante sobre lo que se puede considerar auto-reconocimiento y lo que no. Pero para entenderlo, vamos primero a explicar el experimento.

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Los investigadores situaron a distintos individuos de la especie de peces en acuarios donde había un espejo. Cuando el animal se reflejaba en el espejo, y en un determinado ángulo, aparecía una mancha en su cuerpo. Sólo en el reflejo se podía detectar esa mancha.

Lo que pudieron comprobar es que los peces trataban de limpiar esa mancha en su cuerpo. Un acto que no resulta nada fácil en un organismo que carece de patas, y que tiene una movilidad del cuello reducida. Vaya, que no resulta sencillo tratar de limpiarse el cuerpo en sus circunstancias.

Pero lo hacían, dejando bien claro que reconocían su imagen en el espejo. Eran conscientes de que eran ellos los que se reflejaban, lo que demuestra una capacidad de abstracción mucho más elevada de lo que se creía posible en animales tan simples.

O tal vez no. Porque la duda que ha surgido a partir del experimento es precisamente esa: si realmente lo que consideramos un ejemplo claro de auto-reconocimiento y autoconsciencia en realidad lo es.

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El debate surge porque, en realidad, lo que se está haciendo es volcar sobre los peces el mismo tipo de consideraciones que se hacen sobre humanos. Y como bien sabemos, no todos los animales funcionan como el ser humano. Por lo tanto, tal vez la idea de que un caso tan claro de auto-reconocimiento implica directamente capacidades cognitivas elevadas no es una conclusión tan obvia.

El equipo responsable del estudio ha consultado con otros expertos. Entre ellos con Frans de Waal, un famoso primatólogo. Este autor plantea que, tal vez, la idea que tenemos de que la autoconsciencia se desarrolla “de golpe”, que se trata de una característica tipo todo-o-nada, no sea correcta.

Tal vez, y es la hipótesis sobre la que quieren seguir trabajando, la autoconsciencia funciona “por capas”. Que existe un desarrollo gradual de la capacidad de auto-reconocimiento, como ocurre en otras capacidades cognitivas. Esto llevaría a replantear mucho de lo que creemos entender sobre inteligencia animal.

Pero, como suele ocurrir, para comprobarlo habría que diseñar experimentos específicos. Y para esto, habrá que esperar.