Los fantasmas del comunismo y la ultraderecha acechan las elecciones en Brasil

Simpatizantes del candidato presidencial Jair Bolsonaro del Partido Social Liberal (PSL)  se reunieron el domingo 30 de septiembre de 2018 en la avenida Paulista, en Sao Paulo (Brasil). (Foto EFE/Sebastião Moreira)

Unos 147 millones de votantes inscritos decidirán el futuro de Brasil en las elecciones generales del domingo 7 de octubre, en medio de una profunda polarización política y una crisis económica que ha estancado el crecimiento, aumentando el desempleo y desplomado el consumo en el segundo país más poderoso del continente americano.

1,600 cargos de elección popular

Las principales fuerzas políticas han capitalizado la radicalización de sus simpatizantes de cara a unos comicios que determinarán quién será el próximo presidente y 27 gobernadores de la nación más grande de Suramérica y la octava economía del mundo.

Para que un candidato sea proclamado ganador en la primera vuelta deben obtener más del 50 por ciento de los votos. En caso de que ningún candidato obtenga más de la mitad de la preferencia electoral, los dos candidatos con mayor número de votos volverán a medirse en una segunda ronda electoral el 28 de octubre.

Los electores también deberán expresar sus preferencias para conformar el Congreso Nacional. El sábado 54 de los 81 senadores de la Cámara Alta serán electos por mayoría simple, mientras que 513 miembros de la Cámara de Diputados serán seleccionados mediante un sistema de proporcionalidad electoral.

Los brasileños también tendrán la oportunidad de elegir a 1,059 representantes de las asambleas legislativos regionales.

13 candidatos en la primera vuelta

Trece candidatos aspiran convertirse en el presidente número 38 de Brasil durante un período de 4 años que comenzará el 1 de enero de 2019 hasta el 2023. La legislación brasileña permite la reelección consecutiva una sola vez.

A pocos días de la primera ronda electoral, las tendencias comienzan a demarcarse aunque la lucha por las dos primeras posiciones permanece bastante cerrada.

La más reciente encuesta de la firma de investigación de audiencias Ibope amplía la ventaja del derechista Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal (PSL), con el 31% de las intenciones de voto para las elecciones presidenciales del próximo sábado, frente al 28,2 por ciento de liderazgo que le otorgaba un sondeo anterior realizado por la Confederación Nacional de Transporte (CNT) divulgado el 30 de septiembre.

Ibope otorgó el segundo lugar de la preferencia electoral, con el 21%, a Fernando Haddad, designado en último momento por el Partido de los Trabajadores (PT) para reemplazar al popular ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien fue obligado a renunciar por el Tribunal Superior Electoral (TSE) por tener una sentencia firme de 12 años de cárcel por corrupción y lavado de dinero.

Días antes, las investigaciones del CNT colocaban a Haddad en una posición un poco más ventajosa con el 25,2% de la intención de votos.

Fila de arriba de izquierda a derecha: Fernando Haddad (PT),Henrique Meirelles (MDB), Ciro Gomes (PDT). Fila de abajo de izquierda a derecha: Geraldo Alckmin (PSDB), Marina Silva (Rede) y Jair Bolsonaro (PSL) (Foto HuffPost México)

Ambos sondeos otorgan el tercer y cuarto puesto Ciro Gomez (PDT) y Geraldo Alckmin (PSDB), seguidos por Marina Silva (Rede), João Amoêdo (Novo), Henrique Meirelles (MDB), Alvaro Dias (Podemos), Cabo Daciolo (Patriota), Guilherme Boulos (PSOL), Vera (PSTU), José Maria Eymael (DC) y João Goulart Filho (PPL).

El 11,7% de los consultados dijo que votaría nulo o en blanco, mientras el 8,3 dijo que aún estaba indeciso.

Si los pronósticos son acertados, Bolsonaro y Haddad tendrían que volver a enfrentarse en una segunda vuelta el 28 de octubre. Pero la aglutinación de los votos de los aspirantes eliminados mejoraría las opciones de Haddad.

Las encuestadoras prevén un final de película, con un empate técnico que podría favorecer al candidato socialista en una segunda vuelta con el 43% de los votos, frente un 41% del escrutinio para el candidato nacionalista. Pero la proclamación de un ganador no serán sinónimo de un fortalecimiento de la democracia en el gigante sudamericano, porque la mayoría de los ciudadanos no confían en los comicios.

Un sondeo reciente de Gallup dice que solo el 14% de los brasileños confían en una elecciones honestas, cifra récord de escepticismo desde 2005. Fuente Statista

El desconocido a la sombra de Lula

El expresidente y líder indiscutible del PT Lula Da Silva contaba con el 40% de la intención de voto hace un mes cuando agotó todas las opciones legales para continuar en la contienda mientras cumple condena en una cárcel en la ciudad de Curitiva.

Haddad entró oficialmente en la campaña electoral el 11 de septiembre, con la tarea de ganar la confianza del electorado que no lo conoce a pesar de que fue alcalde de Sao Paulo entre 2013 y 2017 y ministro de Educación durante los gobiernos de Lula y su sucesora, Dilma Rousseff.

El candidato presidencial del Partido de los Trabajadores (PT), Fernando Haddad, sucesor del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, declaró el miércoles 3 de octubre que el ultraderechista Jair Bolsonaro, encarna una “amenaza para la democracia y la paz social” en Brasil. (Foto EFE/SEBASTIÃO MOREIRA)

Experto en economía marxista y doctor en Filosofía de la Universidad de Sao Paulo, Haddad tiene el desafío de capitalizar los votos duros de Lula, quien es alabado por sacar a millones de personas de la pobreza crítica durante sus dos mandatos entre el 2003 y 2010.

Pero también debe convencer a los indecisos y desconfiados, que han visto un abrupto deterioro en su calidad de vida.

Parte del descalabro económico ha sido achacado a la malversación de los dineros públicos durante los gobiernos socialistas que han dirigido al país durante el siglo XXI. Las investigaciones por irregularidades administrativas desencadenaron al juicio político y la destitución la presidenta Rousseff en el 2016 y el escándalo multinacional de Lava Jato que llevó a Lula a la cárcel.

El mismo Haddad ha sido señalado en casos de corrupción que no han sido probados.

La compañera de fórmula de Haddad en la vicepresidencia es Manuela D’Avila, una periodista y política de 36 años que ha sido considerada como una de las promesas emergentes de la izquierda brasileña.

A los 25 años fue la candidata a la Cámara Baja en obtener el mayor número de votos de su estado al ser electa diputada federal de Rio Grande del Sur. Su hazaña fue aún mayor cuando en 2010 fue reelegida con el mayor número de votos de todo Brasil.

Manuela D’Ávila, candidata a vicepresidenta por el Partido Comunista do Brasil (PCdoB) en la fórmula liderada por Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores, el 7 de agosto de 2018 en Sao Paulo (AFP/Archivos | Nelson ALMEIDA)

Feminista declarada, D’Avila había presentado su candidatura presidencial por el Partido Comunista de Brasil (PCdoB) pero desistió de sus aspiraciones para apoyar a Haddad.

Uno de los temores de los detractores de D’Avila es su admiración por la Revolución Bolivariana de Venezuela y su apoyo incondicional hacia el presidente Nicolás Maduro.

El enorme flujo migratorio de venezolanos que huyen de la miseria en el fronterizo estado de Roraima, los conflictos armados y la contaminación ambiental por la explotación de minerales en la Amazonia son algunos de los temas álgidos en la política exterior de ambos países.

Las heridas que fortalecieron a la ultraderecha

La creciente desilusión de los brasileños por la corrupción institucional permitió el surgimiento de Bolsonaro en la escena política, luego de una opaca carrera como diputado en la que fue reelecto en siete ocasiones desde 1991 por media docena de partidos aunque apenas logró la aprobación de dos leyes de una centena de proyectos de ley que introdujo como legislador.

El líder de las encuestas Jair Bolsonaro (PSL) participará en un debate televisivo dos días antes de las eleccione tras ser dado de alta del hospital donde se recuperaba de un atentado.

Bolsonaro es un excapitán del ejército que se ha proyectado como el candidato que recuperará los valores familiares de Brasil, terminará con la corrupción y pondrá fin al incesante aumento de la violencia que elevó la tasa de homicidios a 64.000 en 2017.

Pero su campaña incendiaria, que ha sido fustigada por sus detractores por su machismo, racismo y simpatía de la dictadura militar, se detuvo de manera abrupta cuando fue apuñalado el 6 de septiembre en Juiz de Fora, una urbe industrial de medio millón de habitantes del estado suroriental de Minas de Gerais, conocida paradójicamente como “la ciudad amiga” por la hospitalidad de su gente.Pero su convalecencia por la herida en el abdomen que casi le quita la vida, lejos de perjudicarlo, disparó su popularidad en las encuestas.

En un país con una vasta extensión rural, Bolsonaro ha defendido el derecho de los ciudadanos a la posesión de armas para la autodefensa y propuso reducir la edad penal para ser juzgado como adulto a los 16 años.

La proliferación de grupos armados en el interior del país ha desatado la violencia en el campo. Los propietarios de las tierras denuncian amenazas, extorsiones e invasiones, mientras que los dirigentes campesinos aseguran que son criminalizados por las autoridades.

La nostalgia por la mano dura militar de Bolsonaro tomó un matiz de proyecto político al elegir el general retirado Antônio Hamilton Martins Mourão como compañero de llave por la vicepresidencia.
El pasado 11 de septiembre, el Tribunal Supremo de Brasil desestimó una denuncia por racismo contra Bolsonaro por unas declaraciones que denigraban a las comunidades indígenas realizadas en 2017 en el club hebreo de Río de Janeiro.

Jair Bolsonaro eligió al polémico general Hamilton Mourão coo su compañero a la vicepresidencia de Brasil  (Foto: Renato S. Cerqueira/Futura Press)

Pese a sus posiciones conservadoras que propone medidas extremas para frenar la delincuencia y que se oponen al aborto, la diversidad sexual, el 60% de los que dicen que votarán por Bolsonaro son negros menores de 34 años.

El sábado 28 de septiembre, miles de brasileños participaron simultáneamente en manifestaciones en 8 ciudades del país para protestar por las declaraciones racistas y machistas de Bolsonaro. Con la consigna #EleNão (Él no), organizaciones feministas, grupos LGBTIQ y sindicatos alzaron su voz en contra de un candidato que consideran fascista.

Sorprendentemente la multitudinaria campaña feminista tuvo un efecto contraproducente y Bolsanaro ha aumentado en 6 puntos el apoyo de las mujeres en la última semana.

“Si las tendencias detectadas por Ibope y Datafolha esta semana continúan con un mayor crecimiento para Bolsonaro, podríamos tener una ola final que lo apoye”, declaró a France 24 Leonardo Barreto, jefe de la consultora política de Brasilia Factual.

La gente quiere trabajo y paz

Más allá de los resultados de las elecciones del domingo en Brasil, la mayoría de los brasileños lo que desea es un trabajo digno para alimentar y cubrir los gastos básicos de su familia.

Y esa tarea será ardua para el próximo presidente, quien deberá dar una respuesta a los 13 millones de desempleados, mejorar las condiciones de vida de los 23 millones de brasileños que viven bajo la línea de pobreza, frenar el endeudamiento del estado para cubrir el gasto público, mejorar el sistema de pensiones y redistribuir los ingresos para dejar de ser el noveno país con peor distribuición de la riqueza, según el índice Gini del Banco Mundial.