Los envases biodegradables no son tan seguros como pensamos

Los envases biodegradables no son tan seguros como pensamos

Cada vez es más frecuente encontrarnos con envases biodegradables en los alimentos. Desde las cajas en las que llegan las pizzas hasta los vasos de café para llevar de muchos establecimientos, la tendencia es que el plástico cada día vaya siendo menos utilizado. A fin de cuentas, los envases biodegradables se compostan y se acabó el problema, ¿verdad?

Pues no del todo, según explica un artículo reciente. Y es que, para que los envases biodegradables sean seguros para contener nuestros alimentos, hay que tratarlos con sustancias químicas. Principalmente para que las paredes de los envases no se queden impregnadas de grasas. Es una cuestión de salud pública – para evitar contaminaciones – pero también de calidad de los alimentos, para mantener el sabor.

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Los productos más empleados son los conocidos como sustancias perfluoroalquiladas (PFAS), una familia enorme de compuestos químicos. El problema con estas sustancias es que no son tan biodegradables como sería deseable.

De hecho, el artículo que citábamos antes ha comparado la presencia de estos PFAS en plantas de compostaje que aceptan envases biodegradables y las que no. Y la diferencia era clara, con una concentración muy superior en las plantas que aceptaban PFAS – una pequeña cantidad de estas sustancias es inevitable, por una multitud de razones.

Bien, pero ¿qué tienen de malo los PFAS? Si están en los contenedores de alimentos, no harán ningún daño, ¿no? En realidad, el problema es que los PFAS pasan del compost a las plantas, y de ahí a los humanos como alimento. Que es donde está el problema, porque así sí entra en nuestro organismo, y como parte de los envases no.

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Y los PFAS se vinculan con problemas de salud que van desde un colesterol elevado a problemas de fertilidad. En embarazadas, incluso, se plantea que puede modificar el desarrollo del embrión. El problema es que solo se conocen los efectos a corto plazo y en pruebas de laboratorio.

Entonces, ¿qué podemos hacer? ¿Nos arriesgamos y seguimos utilizando los mismos envases? ¿Volvemos al plástico, con todos los problemas que implica?

Lo que proponen los investigadores es buscar una alternativa al uso de PFAS. Pero con una fecha límite, para obligarnos a hacer las cosas bien. De hecho, la motivación del estudio viene por el interés del estado norteamericano de Washington en conocer los posibles problemas y soluciones de los envases biodegradables, y en dicho estado han puesto fecha: para 2022 debe existir una alternativa a los PFAS en los envases.