Los demócratas tienen todo a su favor para ganarle a Trump... excepto un candidato

POR JOAQUIM UTSET/ESPECIAL-. A poco menos de un año de las elecciones presidenciales, el humo del incendio que hay dentro de la Casa Blanca se puede ver desde más allá del Potomac. La investigación del ‘impeachment’, las críticas bipartidistas al abandono de los kurdos en Siria, sorprendentes propuestas como la abortada de celebrar la cumbre del G-7 en un resort del presidente, la desaceleración económica en el horizonte, exmiembros del gabinete haciendo chistes del inquilino de la Casa Blanca…

Cualquier director de campaña vería con alegría tener un rival sumido en ese desconcierto e inestabilidad, por no mencionar el índice de popularidad de Donald Trump, sumido en números negativos.

El campo está sembrado para que alguien lo coseche en las elecciones del 2020. La cuestión es quién.

Según la mayoría de las encuestas, Biden sigue siendo el candidato con más puntos para convertirse en el rival del presidente Trump en los comicios de 2020, aunque la senadora Elizabeth Warren también ha salido como favorita en alguna de ellas. (AP Photo/John Minchillo)

Busco un ganador

“¿Puede alguno de estos vencer a Trump”, se preguntaba frustrado el aspirante presidencial Michael Bennet en Politico tras el más reciente debate de los aspirantes demócratas, del que el senador demócrata de Colorado quedó excluido por no reunir los criterios para calificar.

El centrista Bennet se planteaba la gran cuestión que sobrevuela las primarias desde que se anunciaron las primeras candidaturas hace más de un año. Con el mismo ahínco de Mitch McConnell cuando se propuso hacer de Barack Obama un presidente de un solo mandato, los demócratas buscan hacer lo mismo con Trump desde el día siguiente al de su inesperada victoria ante Hillary Clinton.

No hay mayor deseo, nada que levante más pasión, que derrotar al magnate neoyorquino en las urnas, si el ‘impeachment’ no lo logra antes.

Pero a pocos meses del caucus de Iowa, la primera primaria, no dejan de aflorar dudas como burbujas desde la profundidad acerca de si entre el ramillete de candidatos hay un aspirante con la solvencia necesaria para derrotar a un hombre cuyo único éxito indiscutible hasta ahora sido precisamente vencer contra pronóstico en unas elecciones presidenciales.

¿Esto es lo que hay?

“Después del cuarto debate demócrata, se agudiza mi preocupación”, admitió en un tuit el exembajador mexicano en Washington Arturo Sarukhán, quien desde la capital estadounidense desgrana la política del vecino del norte para en la prensa mexicana.

Su desazón en entendible. Estas primarias no se parecen a las del 2007, cuando el debate estaba entre Obama y Hillary Clinton –candidatos con evidente appeal– ni a las de 2015, con el enfrentamiento ideológico entre Hillary y Bernie Sanders.

No es la profusión de candidatos lo que genera dudas –una prueba de riqueza ideológica, pero también de ausencia de nombres de peso– sino la ausencia de solidez que se les percibe.

Hasta el punto de que, como apunta el New York Times, hay un debate entre influyentes donantes, cargos electos y figuras públicas del partido acerca de si un candidato alternativo como Clinton, el exalcalde de Nueva York Michael Bloomberg o el exsecretario de Estado John Kerry deberían entrar en la contienda. Los tres por ahora lo descartan.

“Lo veo, lo siento y lo escucho”, dijo al rotativo el exalcalde de Nueva Orleans Mitch Landrieu sobre las dudas en el seno de su formación política.

Joe Biden. (Photo by Preston Ehrler/SOPA Images/LightRocket via Getty Images)

Al exvicepresidente Joe Biden, quien encabeza los sondeos, no es que le pesen sus 76 años, sino sus cuatro décadas en Washington. No solo lo hacen fácilmente identificable como un insider de la denostada elite de la capital (¿cuándo fue la última vez que un senador o congresista ganó unas elecciones presidenciales?), sino que proporciona a sus rivales muchos armarios en los que buscar porquería. Lo de su hijo Hunter en Ucrania, por muy legal que haya sido, puede ser solo el aperitivo de lo que le espera a manos de Trump.

Aunque lo más preocupante ha sido su actuación en los debates y la sensación de ausencia de foco de su campaña, que parece basarse en la simple premisa de que fue el escudero del añorado Obama y en que tiene la sangre lo suficientemente caliente como para retar a Trump a una pelea en el estacionamiento. Tras una espectacular entrada en las primarias que lo situó a la cabeza de los pronósticos, desde entonces ha perdido impulso y se refleja en el poco dinero que lleva recaudado.

¿Las alternativas?

Si Biden no acaba consolidando su delantera y generando mayor entusiasmo, ¿quién queda? Hagamos un crudo, superficial y, probablemente, injusto repaso. El indudable entusiasmo que el iracundo senador de Vermont Bernie Sanders aún despierta en la emergente ala neosocialista –léase Alexandria Ocasio-Cortez– no contrarresta la impresión subrayada por sus problemas de salud de que su momento ha pasado.

Como alternativa dentro de ese mismo espacio ideológico ha emergido últimamente la también senadora Elizabeth Warren, acérrima enemiga de Wall Street. Pero no es solo esa imagen de profesora sabelotodo lo que hace dudar a sus detractores de su capacidad para enfrentarse al bully de la clase. También el cuestionado atractivo de su larga lista de planes.

Por ejemplo, su concurrencia con Sanders en apostar por el Medicare para todos hace temblar a los centristas. Señalan que si bien hay un creciente apoyo de la opinión pública al concepto de un seguro de salud público, este se desmorona cuando viene acompañado de la obligación de eliminar los seguros privados o un aumento de impuestos. Hacer vulnerables a los demócratas en un tema como la salud, que fue clave para derrotar a los republicanos en las elecciones legislativas del año pasado, apuntan, no es una receta para el éxito.

Bernie Sanders y Elizabeth Warren, dos viejos amigos, se saludan después del debate entre aspirantes a la nominación presidencial demócrata del 30 de julio del 2019 en Detroit. Lejos de tirarse dardos entre ellos, Warren y Sanders, que cortejan el mismo tipo de votante progresista, formaron un frente común y se fajaron con los candidatos moderados que los acusan de ser demasiado radicales. (AP Photo/Paul Sancya)

Precisamente, lo que temen gente como Sarukhán o Bennett es que el partido presente en las elecciones generales un candidato incapaz de recuperar a los votantes de Obama que hace tres años decidieron darle una oportunidad a Trump, particularmente en estado claves como Wisconsin, Pennsylvania, Ohio o Florida. No hay un número exacto, pero se calcula que su número oscila entre los 6.7 y los 9.2 millones.

Sin duda en ese electorado cala la denuncia del actual sistema económico como injusto y los sondeos indican que ven con buenos ojos subir los impuestos a los multimillonarios para que paguen “lo que les corresponde” o una cobertura de salud universal. Pero si sospechan que ese afán recaudador acabará extendiéndose a su bolsillo, su respaldo puede derretirse como la mantequilla al sol.

El alcalde

Si Warren ha surgido como posible alternativa a Sanders por la izquierda, el mismo rol apunta a ejercerlo respecto a Biden uno de los candidatos “exóticos” de la contienda, Pete Buttigieg. El joven alcalde de South Bend, Indiana, ha hecho frente común con el vicepresidente al cuestionar la solidez financiera de los generosos planes de Sanders o Warren, al tiempo de que ha despertado animosidad con su acercamiento al fundador de Facebook Mark Zuckerberg, enemigo declarado de la senadora.

El hecho es que la cotización de Buttigieg va al alza luego de que una reciente encuesta de USA Today lo situara cerca de Biden y Warren en Iowa. Lo cual no quita que sea pertinente preguntarse si de verdad un alcalde de 37 años de una ciudad de solo 100,000 habitantes puede ser una auténtica alternativa para disputarle la presidencia a Donald Trump.

Pete Buttigieg. (Photo by Lane Turner/The Boston Globe via Getty Images)

Claro, siempre alguno de los otros aspirantes que van rezagados puede dar la sorpresa y tomar impulso en algún momento de aquí a enero, cuando empiezan las primarias. ¿Kamala Harris? La campaña de la senadora californiana, con una biografía acorde a la diversidad del país y una experiencia como fiscal muy explotable para el votante independiente, parece perdida sin rumbo. Julián Castro está a punto de tirar la toalla.

Otra Nancy Pelosi

Los temores que despierta Warren –demasiado a la izquierda, insuficientemente dura– recuerdan a las objeciones a Nancy Pelosi de la nueva hornada de demócratas centristas que aterrizó en Washington el año pasado propulsados por la “ola azul”. Provenientes de los llamados distritos púrpura –ni rojos ni azules–, veían en la congresista de San Francisco una figura demasiado desgastada por su caricaturización como una liberal de limusina y chofer como para hacer frente a la furia de Trump.

Pero tras salvar por un pelo su posición de presidenta de la Cámara, las críticas han desaparecido luego de mostrarse más que capaz de echarle un pulso al presidente, ya fuera en el cierre del gobierno el pasado enero o aguantando la apertura del proceso de ‘impeachment’ hasta el momento propicio. ¿Podría suceder lo mismo con Warren?

Malos antecedentes

La última vez que los demócratas trataron de derrotar a un presidente republicano en apuros fracasaron estrepitosamente. George W. Bush llegaba a su reelección en 2004 con una reputación de líder poco convencional, propenso a meter la pata en sus intervenciones y con el desastre de la guerra de Irak sobre su espalda.

Pero como en una elección presidencial se trata de elegir entre dos candidatos, su campaña tuvo la habilidad de, entre otras cosas, pintar como un pomposo debilucho a un veterano de guerra condecorado como John Kerry y cuestionar su capacidad para defender un país aún traumatizado por los atentados del 11 de septiembre del 2001.

Sí, Trump tiene flancos débiles y afronta una reelección con los sondeos en contra. Pero su base le responde: considera que les está cumpliendo aunque no haya un muro en la frontera ni rescate de la industria del país. Saldrán a votar por su candidato.

Ante esta realidad, su rival el próximo noviembre necesita alcanzar dos objetivos que pueden resultar excluyentes entre sí: ser capaz de entusiasmar a una base cada vez más progresista para que salga a votar en masa y recuperar a los votantes de Obama perdidos.

En la Atenas clásica, el filósofo griego Diógenes de Sinope deambulaba por las calles farol en mano a la búsqueda de un hombre honesto. Los demócratas se lo deberían pedir prestado para encontrar a su candidato ganador.