Los bombardeos en Mosul golpean con dureza a los civiles

Por BALINT SZLANKO
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Hawra, de cuatro años y que sufrió quemaduras graves en el ataque aéreo en el oeste de Mosul, sentada en su cama en un hospital en Erbil, Irak, el sábado 8 de abril de 2017. (AP Foto/Felipe Dana)

IRBIL, Irak (AP) — Nabaa, de 10 años, no ha podido volver a hablar desde que recibió el impacto de una esquirla de mortero en Mosul hace una semana. Un fragmento de metralla incrustado en su cráneo dañó parte de su cerebro, y los médicos no están seguros de si podrá volver a hablar.

La familia de la niña se vio obligada a huir de su casa en la ciudad norteña iraquí porque los combates les habían rodeado. Helicópteros y artillería del gobierno bombardeaban su vecindario y se les estaba acabando a comida, explicó la madre de Nabaa, Umm Abdul-Rahman.

Pero cuando se acercaban a las líneas del ejército iraquí la noche del 31 de mayo, un ataque de morteros les alcanzó e hirió a Nabaa y a sus dos hermanos, Basem, de siete años, y Abdul-Rahman, de 11. La madre dijo haber visto a otras personas heridas y tiradas en el suelo tras el ataque, pero que no sabía qué había sido de ellos.

La familia se suma a un gran número de civiles atrapados en medio una batalla por la mitad occidental de Mosul que parece mucho más brutal que la lucha por el lado oriental.

Las fuerzas del gobierno que intentan arrebatar el control de la ciudad a combatientes del grupo extremista Estado Islámico están empleando más potencia de fuego en el oeste, lo que incluye intensas rondas de morteros, lanzacohetes y algunos sistemas improvisados sin mecanismos de navegación.

Mientras que el este fue tomado por las fuerzas especiales iraquíes, buena parte de los combates en la otra mitad de la urbe corre a cargo de unidades de policía militarizada con menos experiencia en combates urbanos. Las fuerzas iraquíes recuperaron el este a mitad de enero y avanzaron sobre el oeste de Mosul a mediados de febrero.

"Ven resistencia y aplican una estrategia de bombardeo masivo para avanzar. Lo hacen para reducir sus bajas. Esto es desastroso para los civiles", dijo el coronel Ahmed Shawki, analista militar y oficial retirado del ejército iraquí, que vive en la ciudad norteña de Irbil.

Al mismo tiempo, en algunos casos los combatientes del grupo EI impiden que los civiles abandonen las zonas bajo su control y los mantienen en zonas de riesgo como escudos mientras los milicianos disparan contra fuerzas iraquíes desde barrios residenciales.

Es difícil precisar la cifra de bajas porque sólo algunos heridos llegan a los hospitales. Al menos 300 personas murieron en el oeste de Mosul hasta principios de abril, según Naciones Unidas. La Organización Mundial de la Salud informó de 1.638 civiles derivados a hospitales entre el 18 de febrero y el 8 de abril. En torno al 60% de las víctimas tiene lesiones provocadas por explosiones, la mayoría por proyectiles, explicó Johannes Schad, médico en el Hospital de Urgencias de Irbil Oeste.

En comparación, unos 1.600 civiles murieron o sufrieron heridas en los 100 días de combates para reconquistar el menos poblado este de Mosul.

El peor ataque fue el 17 de marzo, cuando un ataque aéreo de la coalición que lidera Estados Unidos golpeó un edificio en el barrio de Nueva Mosul, matando a más de 100 civiles que estaban allí. El ejército estadounidense investiga el suceso, y según fuentes, algunos milicianos del grupo EI —que en otros lugares han obligado a los civiles a entrar en edificios para utilizarlos como escudos— podrían haber jugado un papel.

Los bombardeos en Mosul occidental han sido mucho más intensos que en el este, según Shawki.

Una unidad de artillería de la policía dijo haber disparado hasta 200 proyectiles en un día. El fuego de mortero se dirigía en función de información obtenida con drones y sólo se disparaba cuando no había civiles en torno al objetivo, según dijo a The Associated Press el teniente coronel de policía Younis Sultan Jadalla.

Imágenes tomadas con dron por AP el 5 de abril en el barrio de Dawasa, en el oeste de Mosul, mostraban calles enteras reducidas a escombros en las que los ataques aéreos habían abierto profundos cráteres. En comparación, el este de Mosul se preservó en general y los daños se concentraron en algunos edificios concretos y cruces de carreteras.

Basem Mohammed, residente del barrio de Nablous, en el oeste de Mosul, dijo que los combatientes del grupo EI tenían una posición en un parque cercano desde la que disparaban a fuerzas iraquíes. En una aparente represalia de fuerzas del gobierno, su calle recibió un ataque con morteros el 8 de marzo y los proyectiles impactaron contras las casas de sus vecinos, hiriendo a varias personas.

Mohammed decidió huir con su familia el 15 de marzo y fue alcanzado por el fuego de morteros. Sufrió una herida de metralla en la pierna.

Buena parte de la destrucción deriva de la potencia aérea iraquí y de la coalición. Empleando imágenes por satélite, el grupo humanitario Human Rights Watch analizó los bombardeos en la zona entre el 8 y el 25 de marzo e identificó 780 puntos de impacto que podrían atribuirse a ataques aéreos, en los que se habían destruido cientos de edificios. El análisis describió un nivel de destrucción comparable en intensidad con los ataques aéreos rusos en Aleppo en septiembre y octubre del año pasado.

La milicia radical también ha lanzado proyectiles contra zonas que se han salido de su control.

Una de sus víctimas es Nashwan Jamal, de 25 años, que resultó herido el 11 de marzo en el barrio de Tel Alruman, cuatro días después de que lo tomaran las fuerzas especiales iraquíes. Jamal, su hermano y un amigo estaban sentados en el tejado de su casa cuando cayó un mortero que le hirió en la pierna.

Varias personas que escaparon del oeste de Mosul dijeron a AP que el grupo extremista había prohibido que la gente se marchara. Omar Marwan dijo que los combatientes del grupo EI dijeron a la gente de su calle que habían puesto una bomba para que no huyeran.

"Nos dijeron, quédense en casa, no pueden salir. Uno de ellos incluso dijo 'tienen que quedarse hasta que la destruyan, nadie puede salir''', dijo Alaa Hassan, de 27 años, residente del barrio de Nueva Mosul. "Intentamos escapar cuando estaban ocupados combatiendo. Pero entonces nos encontramos con ellos y nos dispararon".

La esposa de Alaa Hassan murió en el ataque del 17 de marzo y su hija de 4 años, Hawra, sufrió quemaduras graves.

La abuela de Hawra, Alia Ali, dijo que los milicianos no les dejaron marcharse ni siquiera tras el bombardeo contra su casa. "Acudí a ellos y les dije tenemos una niña quemada y tenemos que sacarla, y dijeron que no. Dijeron 'tienen que quedarse aquí con nosotros. Y morirán aquí con nosotros'''. Dos días más tarde alcanzaron las líneas iraquíes.