Conoce los múltiples beneficios del aceite de jengibre que puedes preparar en casa

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Tan chispeante como su sabor y tan radiante como su color es la palabra científica que denomina el jengibre: “Zingiber”. Según el Instituto de Ecología de México, no se conoce el origen exacto de esta planta de grandes hojas y flores interesantes, y aunque sí se identifica como originaria del continente asiático, crece desde tiempos remotos en todas las regiones tropicales del planeta.

En México es conocida también como castilanchile (náhuatl), caxta lam'pin, tonahuiz camu (totonaco), ixthi, nixtí (otomí), mientras que en Perú se conoce como kion. Aunque es usada en todo el mundo para condimentar, ingerir como té y saborizar alimentos dulces, es uno de los ingredientes fundamentales de la cocina asiática donde se le reconocen frecuentemente sus propiedades digestivas, antisépticas, e incluso, ha sido reconocido como aliado para fortalecer el sistema inmune, de manera que también es parte de la tradición farmacéutica de muchos países, utilizado sobre todo como aceite, extraído de un tallo subterráneo conocido como rizoma.

(Getty Creative)
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Y es que el aceite de jengibre ha ido tomando cada vez más espacios incluso en la industria cosmética. De hecho, una investigación publicada en Journal of Cosmetic Science, arrojó que el aceite de esta planta, junto con el de otras tres plantas asiáticas, pueden ser fuentes potenciales de antioxidantes naturales, que minimicen las asperezas y traten los signos del envejecimiento de la piel.

Además, se le adjudica una importante mejoría en la apariencia de la celulitis, y también propiedades purificantes y limpiadoras, siempre combinado con otros aceites portadores como el de jojoba y de coco.

Además, también se le atribuyen beneficios en el tratamiento de la inflamación por artritis, por sus propiedades antiinflamatorias y analgésicas, igualmente se utiliza para aliviar dolores musculares aplicando pocas gotas para frotar unas tres veces al día. También en masajes y mezclado con otros aceites estimula la circulación, incluso en el cuero cabelludo, ayudando al crecimiento y salud capilar.

Desde tu cocina

Hay varias maneras de preparar el aceite de jengibre en casa, y en los dos casos puede ingerirse como parte de las recetas habituales, proporcionando un picor y sabor muy especiales a los platillos.

(Getty Creative)
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Según la revista Fine Cooking, se cocinan a fuego muy lento y en una taza de aceite de canola unas 24 rodajas delgadas de jengibre ligeramente trituradas. La cocción durará entre tres y cuatro minutos o hasta que el jengibre se vea ligeramente dorado. Se retira del fuego, se cuela y se deja enfriar. Se puede conservar refrigerado durante una semana.

Por otra parte, la publicación Mejor con Salud, propone la elaboración del aceite de jengibre sumergiendo la ralladura de un trozo de jengibre pelado en aceite de oliva y horneando durante dos horas a 150 °F (65 °C) ; luego se vierte la mezcla en un frasco a través de una gasa o paño esterilizado. Se exprime dentro del frasco, se deja enfriar completamente y se conserva tapado herméticamente en un lugar fresco y seco.

Luces y sombras

Entre muchos otros beneficios, la Enciclopedia del Aceite, publica que este producto puede contribuir a mejorar infecciones bacterianas intestinales y, en general, promueve una buena digestión.

Adicionalmente, aseguran que contribuye con el tratamiento de enfermedades coronarias, con la mejoría de la hipertensión, e incluso ayudaría a reducir los niveles de colesterol malo en la sangre y, además, gracias a sus propiedades expectorantes ayuda a aliviar los síntomas de la gripe, la tos y otras enfermedades respiratorias.

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Sin embargo, no todo son luces en cuanto a este producto extraído del tallo subterráneo de esta planta, su parte más usada y la que vemos frecuentemente en mercados y fruterías. La doctora Karla Henríquez, revela en un artículo que con una ingesta inadecuada podría empeorar algunas enfermedades, por lo que recomienda evitarlo en caso de gastritis, colon irritable, úlceras gástricas, puesto que puede inflamar las mucosas y ocasionar dolor.

Además, el jengibre tiene propiedades anticoagulantes, por lo cual es importante evitarlo en caso de consumir medicamentos con este mismo objetivo, tales como aspirina o ibuprofeno.

Por otra parte, si se usa en altas concentraciones puede irritar pieles sensibles, e ingerido inadecuadamente puede causar efectos negativos en cuanto al tratamiento de la hipertensión. Asimismo, el jengibre influye en el balance entre insulina y azúcar en la sangre, con lo cual, según la publicación Psicología y Mente, hay que observar con mucha atención su consumo en personas diabéticas.

Por último, en caso de embarazo o lactancia, es conveniente consultar al especialista antes de consumir este o cualquier otro aceite o remedio natural. En todo caso, como hemos dicho en ocasiones anteriores, lo natural no quiere decir inocuo, por lo cual es muy importante que antes de someternos a cualquier tipo de tratamiento natural, lo consultemos con el médico de cabecera, porque todos los organismos son diferentes y lo que resulta para algunos puede ser perjudicial para otros.

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