Los argelinos cambian de estrategia tras nueve meses de infructuosa protesta

Argel, 22 nov (EFE).- El movimiento de protesta popular argelino (Hirak) cumplió hoy nueve meses de movilización ininterrumpida con una manifestación que se prolongó hasta la noche en un cambio de estrategia frente a un régimen militar, que se mantiene firme y avanza hacia unas elecciones presidenciales previstas para el 13 de diciembre que la calle rechaza.

Como cada viernes desde que el movimiento estallara el pasado 22 de febrero, miles de personas tomaron un día más las calles del centro de Argel y de las principales ciudades del país al tradicional grito de "queremos un estado civil y no uno militar" pese al férreo dispositivo de seguridad y la discreta pero masiva y efectiva represión de la policía secreta.

Comprimidos entre hileras de policías y unidades antidisturbios en los principales bulevares del centro de la capital, los manifestantes exigieron, asimismo, la liberación de los cientos de detenidos y atacaron al jefe del Ejército y nuevo hombre fuerte del país, general Ahmed Gaïd Salah, al que acusaron de urdir una mascarada para perpetuar un régimen castrense que domina el país desde la independencia de Francia en 1962.

"No votaremos mientras se mantenga la banda mafiosa" en el poder, o "Gaïd Salah, lárgate, este año no habrá elecciones" eran otros de los eslóganes coreados con más insistencia por los manifestantes, en su mayoría jóvenes y familias llegadas desde todos los rincones de la capital.

Pero al contrario que en otros viernes anteriores, muchos se quedaron en el centro y mantuvieron el pulso, con nuevos cánticos y una cacerolada nocturna que fue reprimida.

Las protestas arrancaron hace nueve meses con una marcha en contra de la decisión del entonces presidente Abdelaziz Bouteflika de presentarse a la reelección para un quinto mandato consecutivo pese a las dudas que generaba su salud física y mental desde que en 2013 sufriera un ictus que durante años su círculo más cercano trató de ocultar a la población.

El dignatario renunció a finales de marzo, forzado por las movilizaciones pero también por la presión del propio Gaïd Salah, al que el propio Bouteflika colocó en el puesto en 2004, y en el que confió durante casi una década.

La jefatura del Estado pasó entonces al presidente del Senado, Abdelkader Bensalah, quien tenía el mandato constitucional de convocar elecciones en un periodo máximo de tres meses, consulta que debía organizar el nuevo Ejecutivo, liderado por el exministro de Interior, Nouredine Bedaui.

Sin embargo, Bensalah -igualmente nombrado en 2004- optó por regatear la Constitución hasta que el pasado 15 de septiembre el jefe del Ejército sugirió que los comicios deberían celebrarse antes de final de año.

Gaïd Salah, por su parte, aprovechó los meses de transición para impulsar una "campaña de manos limpias" que ha conducido a la cárcel a decenas de periodistas, políticos, empresarios y oficiales de alto rango considerados próximos al llamado "clan Bouteflika".

Entre ellos, el propio hermano del mandatario, Said, señalado como el verdadero poder en la sombra, y el oscuro general Mohamad Mediane "Tawfik", quien durante 25 años dirigió los servicios de Inteligencia interior y al que se consideraba el sucesor.

Esta semana, en uno de los discursos habituales, Gaïd Salah volvió a insistir en que el Ejército no alberga aspiraciones políticas y que su papel es exclusivamente el de garante, afirmaciones que se toparon este viernes con la réplica en las calles.

"No voy votar contra mi patria", "porque soy argelino no voto" eran algunas de las pancartas que los congregados exhibían en repuesta a las palabras del general y de su llamamiento a la población a participar de forma masiva en los comicios.

La manifestación de hoy también es la primera de gran afluencia celebrada desde que el pasado domingo arrancara la campaña electoral para una consulta que tanto los partidos de oposición como el Hirak ya han advertido que boicotearán.

En la carrera participan cinco políticos de la vieja escuela, ninguno de ellos adscrito al movimiento de protesta, que se mueven entre la apatía y la hostilidad hacia la campaña de la mayoría de los ciudadanos.

Como favoritos parten dos exprimeros ministros, Ali Benflis, quien se enfrentó a Bouteflika en las polémicas presidenciales de 2014 que el mandatario ganó pese a estar gravemente enfermo y no aparecer en público, y Abdelmajid Tebboune, que lideró el Ejecutivo brevemente en 2017, cuando ya se desconocía si el mandatario realmente controlaba el país.

"Sabemos muy bien quienes son estos candidatos, son hijos del poder, productos del poder ilegítimo que quiere imponernos las elecciones en un país supuestamente democrático", dijo a Efe Wasila que pasaba junto a su familia por la avenida de Pasteur, en el corazón de una capital que parece decidida a mantener el pulso pese a la represión y la fatiga.

(c) Agencia EFE