Los 100 días más duros de Silvia Mercado, la mexicana que huyó de Ucrania con su hija

·Periodista
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Tras vivir 7 años en Ucrania, Silvia Mercado tuvo que volver a México huyendo de la guerra. Mientras su esposo ucraniano permanece en el país europeo, ella busca cómo reconstruir su vida

Silvia Mercado
Silvia Mercado

Hace poco más de 100 días que la mexicana Silvia Mercado abandonó Ucrania. Tras siete años viviendo en el país europeo, se resistió a partir incluso después de que Rusia comenzara el ataque aéreo en la frontera. No estaba en sus planes migrar de nuevo. Pero cuando su pequeña hija comenzó a imitar los sonidos de las alarmas antiaéreas y el estruendo de las explosiones cercanas, entendió –junto a su esposo ucraniano– que había llegado la hora de huir.

 “Mi familia me recibió con mariachis. Pero llegar de esta forma, sin él, fue muy fuerte. El corazón lo tengo roto”.
“Mi familia me recibió con mariachis. Pero llegar de esta forma, sin él, fue muy fuerte. El corazón lo tengo roto”.

“Cuando comenzaron a bombardear los alrededores, agarraba el Ipad y nos íbamos al pasillo (del edificio) a cantar y bailar con la nena”, cuenta Silvia a Yahoo Noticias su estrategia para aislar a su pequeña del caos que ocurría afuera. Pero la destrucción se acercaba más, y los cantos no eran suficientes para ocultar el ruido. “La nena comenzó a hacer sonidos como de explosiones. Entendimos que no era sano para ella y había que buscar la manera de movernos”.

La decisión más difícil fue admitir que tendrían que irse solas, pues su esposo ucraniano tenía la prohibición expresa de abandonar el país. La vida le cambió a Silvia hace poco más de 100 días. Regresó a México, pero no en plan turístico como había hecho con su pareja en los últimos años. “Mi familia me recibió con mariachis. Pero llegar de esta forma, sin él, fue muy fuerte. El corazón lo tengo roto”.

Silvia Mercado con su familia
Silvia Mercado con su familia

Doble vida

Silvia voló a México desde Rumania, en el segundo vuelo humanitario que organizó la embajada de su país. Se trasladó desde la ciudad de Járkov con el apoyo de voluntarios que le tendieron una mano. “Tenía que cruzar todo el país, era arriesgado. En las redes sociales comenzaron a salir grupos de ayuda, pero no sabíamos si eran reales. Días antes supimos de un autobús con personas que habían sido engañadas, fue usado como escudo humano por los rusos”, cuenta.

Una mochila con algo de ropa y comida, a eso se limitaba su equipaje. “La niña comenzó a llorar cuando cruzábamos la frontera, la tenía en brazos. Mucha gente me ofreció ayuda allí, pero yo solo quería un abrigo que le diera calor a la niña”, recuerda el episodio más de 100 días atrás, cuando lo helado del invierno todavía se sentía en la región.

“Hay quienes creen que la situación ya pasó, pero no. A la ciudad donde vivía no han podido entrar los rusos por tierra, pero los ataques aéreos continúan. Han destruido muchas casas, jardines de niños. Muchas familias están destruidas, separadas”. La suya es una de ellas: su esposo –ingeniero como ella– sigue trabajando y se mantiene cuidando a su mamá de avanzada edad.

La beba busca ahora a su papá por el teléfono. “Cada vez que él tiene oportunidad, cuando tiene señal, aprovecha para llamarnos. Hacemos videollamadas”. Le ha pedido repetidas veces que no deje de hablarle en ruso, pues no quiere que la niña olvide esa lengua mientras se alarga la separación.

Silvia Mercado
Silvia Mercado

Reconstruir la familia

Sin ver todavía un fin a la invasión rusa sobre Ucrania, Silvia ha ocupado estos días en regularizar la situación legal de su hija en México. Vive en casa de sus padres en Tepic, Nayarit, en la costa oeste mexicana. “Mi hermano mayor me dio apoyo económico, me dijo que me enfocara en la niña. Pero yo ya estoy buscando la forma de trabajar estando con la nena”, cuenta.

Silvia reconoce que se ha sentido “apapachada” por su familia, pero todavía dice que le cuesta lidiar con la doble vida de tener a su esposo en Ucrania. Esta separación hace que sea más difícil para ella disfrutar algunos días libres que se ha tomado: “llegué a salir con mi mamá, para que la niña se disperse. Pero preparar las maletas fue un choque muy fuerte, fue acordarme de cuando salí con la niña de Ucrania”.

El deseo es que una mañana la sorprenda la noticia de que Ucrania expulsó finalmente a las tropas rusas, y se acabe la prohibición de viaje para su esposo. “Como ucraniano, él quiere quedarse a reconstruir el país. Yo le pido mucho que, cuando pueda salir, primero venga a reconstruir la familia. Creo que una vez que estemos mejor los dos, sí podríamos regresar”.

Ella también quiere volver, pero necesita más tiempo para hacerlo. “Hoy hay gente que está volviendo a las ciudades, que no quieren permitir que Rusia se quede en la zona. Si admiraba al pueblo ucraniano antes, ahora lo hago mucho más”. Silvia todavía busca adaptarse a la nueva vida que comenzó hace poco más de 100 días.

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