Londres, otra víctima de la pandemia

Londres, 5 nov (EFE).- Londres no es la misma. El confinamiento que entró en vigor este jueves ha dejado a la capital británica sin su habitual energía y magnetismo, con calles casi desiertas, tiendas cerradas y sus autobuses de dos pisos sin pasajeros.

Desde este jueves y hasta el 2 de diciembre, Londres y el resto del territorio de Inglaterra quedan confinados para frenar esta segunda ola de la covid-19, que amenaza con ser tan virulenta como la primera y con destruir el sustento de millones de personas.

Después de unas primeras horas de actividad en las calles, con padres llevando a toda prisa a sus hijos al colegio, que permanecen abiertos, la ciudad se sumió en un silencio nada habitual, con apenas gente en las calles, a excepción de personas que cumplen servicios esenciales o los albañiles que pueden seguir trabajando.

SIN MUSEOS, CINES NI PUBS

El Londres de hoy no es el de Samuel Johnson, el poeta inglés que llegó a decir: "Quien está cansado de Londres, está cansado de la vida". La pandemia ha castigado casi toda la actividad de esta ciudad, con sus famosos museos y galerías, sus "pubs", restaurantes, tiendas, grandes almacenes. Todos cerrados.

Tampoco hay tráfico y los autobuses apenas llevan pasajeros. Un conductor del autobús rojo de la línea 134, que parte del área de Piccadilly, en el centro de Londres, dijo a Efe "todo está muy tranquilo", con "apenas diez pasajeros en el recorrido de hoy".

Antes de seguir con su turno, Leni contó que se siente seguro porque el compartimento donde conduce "está sellado", pero lamentó que dos de sus compañeros murieron por covid.

Además del metro y los autobuses, están abiertas las cafeterías que venden comida y bebidas para llevar, como es el caso del café "Hedge" de la joven Georgia, cerca de la plaza de Trafalgar.

Cubierta con una mascarilla negra y una gran sonrisa a juzgar por el gesto de sus ojos, Georgia contó a Efe que "cuando Boris Johnson (primer ministro británico) dijo (en verano) que la gente podía volver al trabajo, tuvimos gente porque hay oficinas por los alrededores. Tenemos oficinas o turistas, pero en este momento no tenemos ningún turista" por esta segunda ola.

LA CONSTRUCCIÓN MANTIENE LA ACTIVIDAD

Andy, a cargo de una compañía en construcción y uno de los pocos trabajadores hoy en la calle, dijo a Efe que su negocio no ha sufrido tanto porque pueden trabajar, siempre que se "respeten las directrices, como mantener la distancia social".

Algunos proyectos de su trabajo "han sufrido retrasos" y él ha tratado de mantener a su personal, pero "otras personas no han tenido suerte y tienen dificultades, creo que por eso mantienen las escuelas abiertas, para que la gente pueda dejar a los niños y pueda ir a trabajar, pero es una situación complicada".

Andy, que llevaba la boca tapada con un pañuelo rojo, lamentó que si el confinamiento se prolonga, "mucha gente resultará afectada mentalmente, muchos perderán sus trabajos y las operaciones de cáncer o corazón quedarán suspendidas por el coronavirus".

Otros sectores, como las peluquerías o los centros de belleza, vislumbran tiempos aún más complicados a pesar de que el Gobierno británico ha extendido los planes de ayuda financiera.

Para Jo, dueña de una peluquería en Londres, su mayor impacto fue el primer confinamiento al no poder trabajar durante 16 semanas.

"Al volver al trabajo, después de la primera ola, tuve mucho trabajo en las tres primeras tres semanas, pero después tuve menos, algo preocupante", relató Jo a Efe.

"Después me di cuenta de que muchas de mis clientas tenían miedo de volver o no volvían porque no tenían que salir o ir al trabajo, así que no necesitaban arreglarse el pelo. Al final, mi trabajo bajó un 50 %. La ayuda del Gobierno no es suficiente para mantener mi negocio a flote", explicó Jo, una experiencia que se repite en muchas ciudades inglesas confinadas desde este jueves.

Viviana García

(c) Agencia EFE