¿Lograrán los 'continuos refuerzos de vacunas' vencer al coronavirus?

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Un letrero promueve dosis de refuerzo frente a un centro de vacunación contra el COVID-19 en Revere, Massachusetts, el 21 de diciembre de 2021. (M. Scott Brauer/The New York Times)
Un letrero promueve dosis de refuerzo frente a un centro de vacunación contra el COVID-19 en Revere, Massachusetts, el 21 de diciembre de 2021. (M. Scott Brauer/The New York Times)

Hace un año, se pensaba que solo dos dosis de una vacuna contra el COVID-19 —o incluso una, en el caso de la Johnson & Johnson— ofrecían suficiente protección contra el coronavirus.

Pero ahora, frente a la increíblemente contagiosa variante ómicron, Israel ha comenzado a ofrecer cuartas dosis a algunos grupos de personas con alto riesgo. El miércoles 5 de enero, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) de Estados Unidos agregaron a los adolescentes al grupo que es apto para recibir dosis de refuerzo y dejaron de describir a cualquier persona como “con esquema completo” porque dos dosis ya no parecen ser suficientes.

Ahora, el estatus de vacunación de una persona será “actualizado”, o no. No sorprende entonces que muchos estadounidenses se estén preguntando: ¿hasta dónde llegará esto? ¿Nos arremangaremos las camisetas para recibir dosis de refuerzo varias veces al año?

Aleccionados en repetidas ocasiones por un virus que ha desafiado las expectativas, los científicos se resisten a predecir el futuro. Pero en varias entrevistas esta semana, cerca de una docena de ellos afirmaron que, pase lo que pase, tratar de que toda la población se aplique dosis de refuerzo de nuevo después de algunos meses no es realista. Tampoco tiene mucho sentido desde el punto de vista científico.

“No es una locura eso de administrar vacunas de forma periódica, pero creo que hay mejores formas que aplicar refuerzos cada seis meses”, dijo Akiko Iwasaki, inmunóloga de la Universidad de Yale. Otras estrategias, dijo, podrían “sacarnos de este tipo de situación de refuerzos eternos”.

Para empezar, convencer a la población de que se forme en filas para recibir dosis de refuerzo después de algunos meses es una propuesta fallida. Cerca del 73 por ciento de los adultos estadounidenses cuentan con el esquema completo de vacunación, pero hasta ahora apenas poco más de un tercio de ellos ha decidido aplicarse una dosis de refuerzo.

“Sin duda, esta no parece ser una estrategia sostenible a largo plazo”, dijo Deepta Bhattacharya, inmunólogo de la Universidad de Arizona.

Una clínica de vacunación gestionada por el departamento de bomberos en San Ramón, California, el 16 de diciembre de 2021. (Jim Wilson/The New York Times)
Una clínica de vacunación gestionada por el departamento de bomberos en San Ramón, California, el 16 de diciembre de 2021. (Jim Wilson/The New York Times)

Además, igual de importante es el hecho de que no existen datos que respalden la efectividad de una cuarta dosis de las vacunas actuales (el cálculo es diferente para las personas con un sistema inmunitario comprometido, quienes sí podrían beneficiarse de una cuarta dosis).

Pfizer-BioNTech, Moderna y Johnson & Johnson han dicho que están probando vacunas dirigidas a la ómicron que podrían estar disponibles en unos pocos meses.

“No tiene sentido seguir reforzando contra una variante que ya se desvaneció”, dijo Ali Ellebedy, inmunólogo de la Universidad de Washington, campus San Luis. “Si te vas a aplicar una dosis adicional después de tres, yo sin duda esperaría por una especializada en la variante ómicron”.

Si el objetivo es reforzar la inmunidad contra la ómicron o variantes futuras, los expertos afirman que existen otras tácticas que serían más efectivas que aplicarse continuamente dosis de refuerzo de una vacuna diseñada para reconocer el virus original.

Algunos equipos de investigación están desarrollando una vacuna apodada “pancoronavirus” diseñada para atacar partes del virus que no cambian o lo hacen de forma muy lenta.

Las vacunas actuales podrían combinarse con refuerzos de vacunas nasales u orales, que son más efectivas en la prevención de infecciones porque recubren la nariz y otras superficies mucosas —los puntos de entrada del virus— con anticuerpos.

Además, el simple hecho de permitir que pase más tiempo entre dosis de vacuna también podría fortalecer la inmunidad. Esta es una lección que los científicos aprendieron en diversas luchas contra otros patógenos.

Muchos expertos se opusieron inicialmente a la idea de una dosis de refuerzo. Algunos creían que los regímenes de vacuna originales eran suficientes para mantener a la mayoría de la población lejos de los hospitales y que esto debía ser la verdadera medida del éxito de una vacuna.

Otros sentían que era injusto que los países ricos acapararan la vacuna para dosis de refuerzo cuando millones de personas en todo el mundo todavía no habían recibido su primera dosis.

Pero la perspectiva cambió cuando los científicos vieron la rápida e implacable marcha de la variante ómicron por todo el mundo. “La ómicron realmente cambió mi opinión al respecto”, dijo Scott Hensley, inmunólogo de la Universidad de Pensilvania.

“A las personas que están vacunadas en realidad les está yendo muy bien en cuanto a evitar hospitalizaciones”, dijo Michel Nussenzweig, inmunólogo de la Universidad Rockefeller en Nueva York. La ómicron ha dejado en claro que prevenir todas las infecciones es una causa perdida, agregó.

Si las vacunas previnieran la infección y la propagación del virus, los refuerzos regulares podrían tener sentido. “Pero con la existencia de la ómicron, ¿cuál es el punto?”, dijo Nussenzweig. “Lo fundamental aquí es evitar que la gente requiera hospitalización”.

El otoño pasado, Anthony Fauci, el principal asesor sobre la pandemia en Estados Unidos, habló repetidas veces sobre la importancia de prevenir las infecciones sintomáticas. Pero en los últimos días, también ha comenzado a afirmar que lo fundamental es evitar las hospitalizaciones.

Para prevenir infecciones, las dosis de refuerzo deben tener una sincronización casi perfecta con la circulación de una variante en la población. Por ejemplo, muchas personas que recibieron una tercera dosis a principios de otoño, quedaron vulnerables a la ómicron porque el refuerzo inmunológico ya había disminuido.

Por lo general, a las personas se les recomienda vacunarse contra la influenza justo antes de que el virus comience a circular durante el invierno. Si el coronavirus termina asentándose en un patrón estacional similar al de una gripe, algo bastante posible, “podríamos imaginar un escenario en el que simplemente apliquemos refuerzos antes del invierno cada año”, dijo Hensley.

Algunos expertos han expresado su preocupación de que recibir refuerzos con demasiada frecuencia —como lo hacen algunas personas por su propia cuenta— podría incluso llegar a ser perjudicial. En teoría, hay dos formas en las que podría ser contraproducente.

La mayoría de los inmunólogos descartan actualmente como improbable la primera posibilidad, en la que el sistema inmunitario se agota por la estimulación reiterada —una condición llamada “anergia”— y deja de responder a las vacunas contra el coronavirus. “En realidad no estamos detectando la presencia de estas extrañas células de memoria que son indicativas de anergia o disfunción”, dijo Bhattacharya.

La segunda preocupación, llamada “pecado original antigénico”, parece más plausible. Desde este punto de vista, la respuesta del sistema inmunitario se adapta a la primera versión del virus, por lo que sus respuestas a las variantes posteriores son mucho menos potentes.

Con más de 50 mutaciones, la ómicron es lo suficientemente diferente de las variantes previas como para que los anticuerpos fabricados para la versión original tengan dificultades para reconocer la versión más reciente.

“Tenemos suficientes pistas de que podría ser un problema”, dijo Amy Sherman, experta en vacunas de la Universidad de Harvard. “Sin duda, hemos visto una evolución en un corto periodo”.

© 2022 The New York Times Company

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